Triunfal resurgir de los demócratas

Triunfal resurgir de los demócratas

El veredicto de las urnas en las elecciones intermedias de Estados Unidos ha implicado fuerte sacudón de las políticas en boga y virtualmente frenado el ímpetu mesiánico de la fanática revolución neoconservadora. Sin conocerse aún la composición definitiva del Senado, se puede anticipar que el triunfo apabullante del Partido Demócrata en la disputa por la Cámara de Representantes restablece el equilibrio político y abre a esa colectividad espacio propicio para hacer valer sus tesis y convicciones.

09 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Habitualmente utilizados estos comicios para pronunciarse sobre cuestiones locales y regionales, en la presente ocasión lo han sido para expresar las opiniones y preocupaciones de la inmensa masa de electores sobre los palpitantes temas nacionales de la paz y de la guerra. Para emitir tranquilo y civilizado juicio sobre la tarea cumplida por el Partido Republicano bajo su sola y entera responsabilidad, dentro del juego propio del sistema bipartidista. Con mayor razón si uno de los dos grandes protagonistas ha marginado al otro del ejercicio del poder y lo ha ejercido estrictamente de acuerdo con sus ideas, conveniencias y objetivos. Motivos válidos debió de tener The New York Times para formular acerba crítica a la tendencia de los líderes republicanos a obrar en circuito cerrado y excluir a los demás, incluso a los elementos más moderados del mismo partido, hasta el punto de dar, en su concepto, la sensación de que su misión primaria era la de autoperpetuarse.

El pliego de cargos e imputaciones del citado diario no fue escaso. Por haber perturbado el Presupuesto con recortes privilegiados de gravámenes, por haber golpeado a las clases medias, por haber comprometido en el largo plazo la estabilidad de la economía, por haber destinado cuantiosos recursos al “barril de los puercos” y haberse valido de cabilderos inescrupulosos.

Por no haber encarado el fenómeno del calentamiento global. Por no haber actuado positiva y dinámicamente tras las revelaciones de abuso, tortura y detenciones ilegales en Abu Ghraib, Afganistán y Guantánamo.

Obviamente, la guerra en Irak estuvo en la primera fila de las preocupaciones y los resultados electorales no podían sino tener consecuencias. Pero tampoco faltaron las controversias éticas, dado el antecedente de que los republicanos solieron ufanarse de centinelas de esta clase de valores. A propósito de los episodios vergonzosos del ex representante Mark Foley, homosexual confeso y activo, los demócratas les devolvieron la campaña de descrédito contra el ex presidente Clinton.

Abanderado de la democracia liberal y de la sociedad de bienestar, el Partido Demócrata vuelve por sus méritos, reafirma su defensa de las minorías raciales y sociales y mira con confianza y esperanza el próximo futuro. En Colombia, siempre se recuerda con afecto admirativo la figura monumental de Franklin D. Roosevelt, con sus lemas de “buen vecino” y “nuevo trato, impregnados de justicia, humanitarismo y sensibilidad social, así como sus invocaciones contra el desempleo, el hambre y la inseguridad.

Igualmente la de John F. Kennedy con su política redentora de la “Alianza para el Progreso” que su sucesor, el presidente Johnson, deformara y adulterara. No menos la intelectual, generosa y políticamente truncada de Adlai Stevenson. Y, entre los vivos, simpatía bien fundada por Bill Clinton y Jimmy Carter.

Por su trayectoria, el resonante éxito del Partido Demócrata, de ideología afín a la del otrora mayoritario Partido Liberal Colombiano, debe registrarse con franca complacencia, salvo si se profesan los principios de la ya fallida revolución neoconservadora. Desde el Congreso, sus representantes pueden contribuir a fortalecer la amistad con los pueblos latinoamericanos y a facilitar los mecanismos o procedimientos instituidos en respaldo de su paz, bienestar, democracia y desarrollo.

abdesp@cable.net.co

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