Siembra vientos...

Siembra vientos...

Tal cual lo anticipaban todos los pronósticos, el martes pasó en Estados Unidos lo que tenía que pasar: el presidente George W. Bush y su partido, el Republicano, sufrieron la más sonora derrota electoral de los últimos 12 años. Tan contundente, que ya cobró la primera víctima: el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, uno de los principales cerebros de la guerra de Irak –causa central de la caída republicana–, cuya renuncia anunció Bush en rueda de prensa, al aceptar que el resultado había sido una “golpiza”.

09 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Los demócratas invirtieron la histórica derrota que los republicanos infligieron a Bill Clinton en 1994, y barrieron en la Cámara. Necesitaban 15 curules para tener la mayoría en la corporación, de 435 miembros; lograron 27 (contando independientes). Con lo cual, por primera vez, una mujer –Nancy Pelosi, emblema del ala izquierda demócrata– llegará a la posición de speaker (presidenta) de la cámara baja. Los republicanos perdieron, además, seis gobernaciones.

La gran sorpresa –y la gran incertidumbre– fue la mucho más difícil contienda por el Senado, de cuyos 100 integrantes se elegía a 33. Los demócratas necesitaban seis curules para alcanzar la mayoría. Después de una final de infarto en Montana, donde el demócrata John Tester venció al republicano Conrad Burns, que llevaba 18 años como senador, los demócratas quedaban con 50 senadores (incluyendo independientes), frente a 49 de los republicanos.

El estado de Virginia consolidará esa mayoría o decretará un empate en el Senado (en cuyo caso el que dirime es el voto del vicepresidente, Dick Cheney, quien lo preside). Allí, por una diferencia de menos de 7.000 votos (sobre 2,3 millones), el demócrata Jim Webb aventajaba al republicano George Allen –cuya campaña sufrió no poco por el desliz de haber llamado ‘macaca’ a una persona de ascendencia indígena–. Si Allen exige recuento de los votos, solo en diciembre se sabrá cómo queda el Senado.

Se batieron otros récords, menores pero significativos: fueron elegidos el primer congresista musulmán, Keith Ellison; el primer senador socialista, Bernie Sanders, y el primer gobernador negro del norte, Deval Patrick, en Massachusetts.

* * * * Decimos que pasó lo que tenía que pasar por una razón: por primera vez desde la elección que lo llevó al poder en el año 2000, Bush y su partido no lograron imponer como temas centrales de la campaña el terrorismo y la seguridad doméstica, con los cuales habían mantenido al electorado cautivo desde los atentados del 9/11. Esta vez ganó la estrategia demócrata de centrar baterías en la corrupción, en el papel de Bush como líder y, sobre todo, en el infierno que es Irak.

Los astros parecieron confabularse contra el Presidente y sus candidatos.

Los escándalos de corrupción republicanos estuvieron a la orden del día, desde el lobbista Jack Abramoff, cuyas dádivas salpicaron a muchos congresistas, hasta el representante Mark Foley y sus mensajes sexuales para jóvenes ‘patinadores’ del Congreso, pasando por ejemplos como el del mencionado Burns, en Montana, quien debió su derrota, en buena medida, a la denuncia de que habría recibido 150.000 dólares en donaciones de Abramoff.

El desastroso manejo del huracán ‘Katrina’, en Nueva Orleáns, no fue sino uno de los golpes que sufrió la imagen de Bush como líder. Y, por si eso fuera poco, estaba Irak.

Con los soldados estadounidenses muertos rondando los 3.000 y las víctimas iraquíes contándose por cientos de miles; con la situación y la violencia sectaria en ese país cada día más descontroladas, y con el presidente Bush insistiendo tercamente en ‘mantener el curso’, el resultado electoral es una bofetada a la profecía neoconservadora de que, por la fuerza de las armas, se impondría una democracia en el corazón del mundo árabe. Irak es, probablemente, la razón profunda de la derrota republicana. Por algo, el símbolo de la política de esta administración, Donald Rumsfeld, decidió irse no bien se conoció el resultado (lo reemplazará Robert Gates, ex director de la CIA bajo Bush padre).

* * * * Ahora bien, el resultado electoral tiene impactos de todo orden. A nivel global, lo sucedido es un alivio para quienes veían con creciente preocupación el unilateralismo y la prepotencia de Washington en temas que van del medio ambiente al Medio Oriente. Con contadas excepciones, las nuevas electorales serán bien recibidas en las capitales europeas, preocupadas por la política exterior de Washington.

A nivel interno, con los demócratas al frente de la Cámara, la agenda doméstica quedará en buena parte en sus manos, y debates, cuestionamientos y exigencias de rendición de cuentas al gobierno, que la mayoría republicana había frenado, se pondrán en el orden del día. Si, además, los demócratas ganan el Senado, tendrán un control en nombramientos clave (jueces, secretarios y embajadores). Como lo señala The Economist, el belicoso John Bolton podría tener sus días contados en la ONU.

Si para el mundo esta es la elección más importante, para Colombia no lo es menos. Tanto, que el presidente Uribe se apresta a viajar a Washington para encarar la nueva realidad. Si entre los latinos el triunfo demócrata puede significar la aprobación de la reforma de la inmigración (una de las pocas coincidencias con Bush), para Colombia, Perú y otros puede dificultar la aprobación de los TLC. Aunque la ayuda militar y contra el narcotráfico ha sido una política bipartidista, mayores exigencias en derechos humanos, más preocupación por la situación de los sindicalistas, las leyes laborales y el medio ambiente, y reservas manifiestas de no pocos demócratas sobre la efectividad de la ‘guerra contra las drogas’ podrían, a mediano plazo, incidir en los montos de esa ayuda. En todo caso, este es un tema en el cual no es fácil hacer pronósticos, pues no poco depende, entre otros, de lo que pase en Irak.

* * * * Por último, hay un elemento subjetivo, casi sicológico, que no debe perderse de vista. A Bush le quedan dos años en la presidencia. No es el primer mandatario que debe convivir con la oposición parlamentaria. Pero, habida cuenta del pantano de Irak, los meses que le restan serán definitivos para dar forma a su legado. Si es que logra dejar algo más que el recuerdo de haber sembrado vientos y cosechado tempestades con su aventura contra Saddam Hussein. El desafío no es de poca monta . Inclusive para los demócratas.

editorial@eltiempo.com.co .

Como lo señala la renuncia de Donald Rumsfeld, la razón profunda de la derrota republicana en las elecciones de E.U. es Irak.

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