Una buena mesa

Una buena mesa

A juzgar por las afirmaciones del ex presidente López, consignadas en un artículo suyo publicado la semana pasada en EL TIEMPO, la agricultura colombiana se encuentra totalmente estancada, al punto, dice, que si se estudia la evolución del sector en los últimos 16 años, se observará que no hemos cambiado en nada; seguimos con un Estado interventor, con una producción decreciente, que ni siquiera alcanza para el autoabastecimiento interno y, mucho menos, para la sustitución de productos de importación.

08 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

La propiedad de la tierra sigue altamente concentrada, con disímiles estándares de eficiencia, competitividad, productividad y diversificación.

El financiamiento no supera el 4 por ciento de la demanda total del sector, la investigación agropecuaria sigue dispersa en entidades oficiales, sin cohesión y resultados concretos, distritos de riego abandonados, mecanismos de ayuda que apenas contribuyen a confundir a los agricultores y a eternizar los problemas del agro, como el reconocimiento creado (aún no lo está) ‘Agro Ingreso Seguro’, enfocado a perpetuar la dependencia de un modelo agrícola anacrónico.

El duro diagnóstico, que sin duda tiene mucho de cierto, lo hace el doctor López para proponerle al país la conformación de una mesa agrícola, que aboque un trabajo de evaluación y redefinición de las políticas que requiere el agro colombiano a mediano plazo. La necesidad de contar con una política de Estado que vaya más allá del mandato de un gobierno determinado, es el punto de referencia para justificar su propuesta. Mediante el mecanismo, nos veremos obligados a reflexionar acerca del rediseño e implementación de una política de Estado coherente para la agricultura, que recoja la visión de los actores políticos y sociales del país y que sea funcional a los intereses estratégicos de la nación.

Desde su punto de vista, debemos procurar despejar, por lo menos, los siguientes interrogantes: ¿Qué y cuánta agricultura queremos y necesitamos? ¿Qué y cuántos agricultores queremos y necesitamos? ¿Qué y cuántos agricultores estamos en condiciones de pagar como nación? ¿Cuáles son los instrumentos y programas idóneos para alcanzar los objetivos? Aunque la propuesta no es nueva, por venir de quien viene adquiere una connotación especial, por eso debe recogerse y volverla operativa.

No se puede olvidar que la agricultura y la ruralidad siguen siendo un sector y un modo de vida esenciales para el país, para su economía, su sociedad y su cultura.

En los procesos de desarrollo muchas veces hay que tener una opción frente al destino de la agricultura y la ruralidad. Más cuando el epicentro de la pobreza y la miseria que nos agobia es el sector. En muy pocos países esta opción ha sido sacrificarlo. La generalidad de los países industrializados, en algún momento de su evolución socioeconómica definió, por distintas razones, establecer sistemas de protección de sus agricultores, estímulos a los productos agrícolas y bonificaciones a las exportaciones.

En el caso de los Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, estas decisiones de protección se adoptaron hace más de medio siglo o más, en algunos por razones de seguridad alimentaria, en otros por elevar el ingreso de los agricultores y en todos ellos por consideraciones económicas y sociales relacionadas con las contribuciones intangibles o externalidades de interés público que realizan los agricultores y que no son reconocidas ni remuneradas por la vía de los mercados.

Sin la mentalidad proteccionista a ultranza -malos resultados nos ha dejado en el pasado-, sin el expediente de la chequera para arreglar las cosas -la ‘ilusión fiscal’ mata las posibilidades de salir adelante-, despojados de cualquiera tentación a politizar los temas, los integrantes de la mesa propuesta por el ex presidente deberían sentarse a preparar, no un informe más sobre el desarrollo agrícola nacional, sino la cartilla que guíe el futuro de la transformación en este terreno, tan necesitado del apoyo decidido y permanente de todos los nacionales colombianos. .

Ex ministro de Agricultura .

"En los procesos de desarrollo muchas veces hay que tener una opción frente al destino de la agricultura y la ruralidad”.

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