Las vidas cruzadas de Carlos y Ramsis

Las vidas cruzadas de Carlos y Ramsis

Veintisiete años después supieron la verdad, y hace dos la comprobaron mediante pruebas de ADN. Al nacer, a Carlos Mario Estor de Zubiría y a Ramsis Puello Del Río, hoy de 29 años, los entregaron a padres equivocados. Vinieron al mundo en octubre de 1977 con un día de diferencia y, al parecer por un error del personal del Hospital Bocagrande de Cartagena, los bebés terminaron creciendo en familias que no eran las suyas. Las madres tuvieron dudas al principio, pero después cada una terminó por convencerse de que tenía el niño que había dado a luz.

08 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Así crecieron hasta el 2004, pues una fisioterapeuta, vecina de los Puello y amiga de la familia Estor de Zubiría, terminó desenredando la madeja porque sabía que las dos familias habían tenido dudas al nacer sus hijos (vea Mercedes develó el misterio).

Han vivido alejados de los hogares de sus padres biológicos, pero criados en los dos casos con mucho amor.

Los dos protagonistas de esta historia que conmueve al país son bien distintos. Carlos Mario es introvertido, metódico y disciplinado. “Como los Puello”, dice hoy su madre biológica, María de Lourdes De Zubiría Franco.

Ramsis es dicharachero, locuaz y amigable. No es como los Puello, donde creció y se hizo hombre, sino como los Estor De Zubiría.

También el contraste en lo físico es evidente: Ramsis es de cabellos largos rubios; de tez blanca y ojos azules. Carlos Mario es de ojos y cabellos oscuros.

En mundos distintos A los 7 años Carlos Mario crecía en una casa confortable de Bocagrande, al lado de sus hermanos. Estudió en el colegio Jorge Washington, un centro escolar bilingüe y considerado uno de los mejores de la ciudad, donde se matriculan los hijos de las familias acomodadas.

Entre tanto, Ramsis, el verdadero hijo de la familia Estor De Zubiría, a los 7 años ya le daba dolores de cabeza a la que creyó siempre que era su madre, Cecilia Del Río. Cuentan sus vecinos que era travieso y que le gustaba la calle. Vivía en un sector de clase media del municipio de Turbaco, a 20 minutos por carretera de Cartagena.

Estudió en un colegio modesto: el Instituto Cartagena del Mar, en la capital de Bolívar. Su padre de crianza es un conocido y respetado abogado, considerado en Turbaco como un hombre de principios, ya retirado de la profesión.

Levantó a sus tres hijos (dos de ellos son odontólogos) con esfuerzos, mientras que su esposa Cecilia les daba una buena crianza en el hogar.

“Yo le agradezco a Cecilia la educación que le dio a mi hijo biológico, porque es un hombre serio, sin vicios, responsable”, dice la señora Estor De Zubiría.

Siendo adolescente, Carlos Mario se dedicaba a deportes como el surfing, en las playas de Bocagrande. También se hizo cinturón negro en una escuela de karate, donde perfeccionó su disciplina y aprendió a controlarse mental y físicamente.

A 45 kilómetros de allí, Ramsis hacía travesuras en los patios de arena del sector de Plan Parejo (Turbaco). Era un niño popular en el barrio y su madre de crianza era receptora de los mensajes de sus vecinos: “¡Doña Cecilia, corra que su hijo está montado en un palo de mango y se puede caer!”, le decían.

Jugaba en los playones a bolita de uñita (como se dice en la Costa Caribe a las canicas) y al trompo, en medio de unos calores infernales que azotan a Turbaco.

Carlos Mario se divertía en cambio en el Club Cartagena. Iba con sus hermanos y padres a las actividades que organizaban allí, donde se codeaba con la crema y nata de la sociedad cartagenera.

Los niños que cambiaron al nacer crecieron, sin duda, en dos mundos diferentes.

Carlos Mario fue bautizado con uno de los apellidos de más abolengo en Cartagena, como es el de los Estor de Zubiría. Una vez terminó el bachillerato, sus padres lo mandaron a Estados Unidos, para que conociera al resto de su familia y mejorara su inglés. Demoró ocho meses allá.

Ramsis fue bautizado con este nombre por deseo de su padre Carlos y en honor al prestigioso faraón egipcio (Ramses). Pero no era precisamente una vida faraónica la que le esperaba a este adolescente.

Una vez terminó su bachillerato se fue a pagar el servicio militar en La Guajira. Cuando regresó trabajó como administrador en la hacienda Matute, en Turbaco.

Carlos Mario, al regresar de Estados Unidos, ingresó a la Universidad Jorge Tadeo Lozano a estudiar comercio exterior. Al terminar la carrera se fue a especializar a Bogotá en negocios internacionales, en la Universidad Externado de Colombia. Hoy trabaja en una importante empresa naviera.

Ramsis, con la ayuda económica de su madre biológica, a la que conoció hace dos años, ahora hace el quinto semestre de derecho en la Universidad Rafael Núñez.

Doña María de Lourdes quiere que como sus otros hijos– entre ellos Carlos Mario– Ramsis sea bilingüe y lo puso a estudiar inglés en el Centro Colombo-americano, donde ella es profesora.

Hoy, las dos familias están felices, pero confundidas. “Tenemos un tremendo lío en nuestras cabezas. No sabemos para dónde coger”, dice la hermana biológica de Ramsis, María Claudia.

‘ME DECÍA: ESTO NO PUEDE SER’.

‘‘Cuando mi mamá me contó, estallé en llanto. No lo podía creer. Me decía: esto no puede ser. Ramsis y yo nos hemos visto varias veces”.

Carlos Mario Estor de Zubiría .

‘HAY COSAS QUE NO ME DEJAN DORMIR’.

‘‘Estoy muy confundido. Cuando me acuesto trato de no pensar, porque son muchas cosas las que se me vienen a la cabeza y no me dejan dormir”.

Ramsis Puello Del Río.

27 años después se descubrió el ‘cambiazo’ que hubo en el Hospital Bocagrande, en Cartagena, con dos recién nacidos en octubre de 1977. Aunque hubo sospechas, los médicos que atendieron a los niños les dieron ‘parte de tranquilidad’ a las familias.

EL UNO DISFRUTÓ LAS COMODIDADES, EL OTRO TUVO UNA VIDA MODESTA .

Carlos Mario, hijo biológico de la familia Puello del Río. Se crió con la familia Estor de Zubiría.

Creció en el sector de Bocagrande.

Se divertía con su familia en el Club Cartagena, donde se relacionaba con las familias prestantes de la ciudad.

Estudió en un colegio bilingüe, el Jorge Washington, y viajó luego a reforzar su inglés a Estados Unidos. Allí estuvo 8 meses.

De adolescente practicaba surfing en las playas de Bocagrande. También se hizo cinturón negro en una escuela de karate.

Cuando regresó de reforzar su inglés en Estados Unidos estudió comercio exterior y se especializó luego en negocios internacionales en una universidad de Bogotá.

Trabaja hoy en una importante empresa naviera.

Ramsis, hijo biológico de la familia Estor de Zubiría. Se crió con la familia Puello del Río.

Creció en un barrio de clase media de Turbaco, a 20 minutos de Cartagena.

Se divertía en los patios de arena del sector de Plan Parejo (Turbaco) jugando canicas y subiendo a los árboles.

Estudió en un colegio modesto: el Instituto Cartagena del Mar.

Al terminar el bachillerato se fue a prestar servicio militar a La Guajira.

A su regreso del Ejército trabajó como administrador de una hacienda de Turbaco.

Está haciendo quinto semestre de derecho con el apoyo de su madre biológica, a la que conoció hace dos años.

Está estudiando inglés porque su madre biológica quiere que sea bilingüe.

Mercedes develó el misterio.

Mercedes García es la fisioterapéuta que terminó por develar el ‘cambiazo’.

¿Cómo ayudó en este caso? Cuando tenía 15 años mi mamá me contó que los Puello, nuestros vecinos, habían tenido un lío en el hospital cuando nació Ramsis. Sospechaban que les habían cambiado a su hijo.

¿Cómo conoció a los Estor de Zubiría? Cuando terminé mi carrera conocí a María Claudia, hermana de Carlos Mario, y nos hicimos amigas. Ella es profesora y trabajábamos en el mismo colegio.

Un día fui a su casa y cuando conocí a Carlos Mario le dije: ‘¡Te pareces tanto a un vecino mío que pudieras ser su hermano gemelo!’ Luego, doña María me contó que cuando Carlos Mario nació hubo líos en el hospital y decían que le habían cambiado al niño. El parecido de Ramsis y la fecha de cumpleaños me convencieron.

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