KATIA RICCIARELLI:

KATIA RICCIARELLI:

20 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Había entre nuestro público operático, que es abundante, una gran expectativa ante el anuncio de la presentación única de una de las máximas cantantes del momento, la esplendorosa soprano venecianas Katia Ricciarelli. Y la aparición única de la insigne artista se cumplió finalmente en el Teatro Colón, en la noche del pasado sábado 10 de este mes, con lleno casi completo, pese a la iniciación del puente y a otros factores. Y el público terminó aclamando incesantemente a una diva que por fin se servía llegar hasta estos riscos en el momento culminante de su carrera gloriosa, pero... el caso es que nos apena terminar la anterior parrafada con el inesperado y antipático pero que se nos atraviesa. El caso es que ya desde antes advertimos con extrañeza que el programa anunciado estaba lejos de ser habitual de un recital de canto; como tal suele entenderse una sucesión de arias, romanzas, lieder , o lo que sea, en un número que justifique la denominación del espectáculo. En el caso de la Ricciarelli puede decirse que el programa era sinfónico italiano, con oberturas e intermedios de óperas, más un extenso trozo de Puccini, muy juvenil, dentro de los cuales se intercalaron apenas seis ejemplos vocales, o sea el equivalente de menos de la mitad de un recital vocal. Claro que eran seis expectativas, que la cantante ofreció como séxtuple prueba de su are, aunque no en todo momento de una manera totalmente convincente. Por ejemplo, la esperada Casta diva de Norma de Bellini no fue totalmente irreprochable. Un momento feliz de la sesión fue la Muerte de Liu, del Turandot pucciniano. Y mucho más hubo, pero no de seguido. Muy duro es confesarlo, pero la gloria de la cantante empieza ya a sentir el influjo inexorable de los años. Admirable, sí, pero con inevitables reservas.

Dirigió la Orquesta Sinfónica de Colombia el director y compositor italiano Marcello Panni, un veterano en estas lides operáticas. Y lo hizo muy bien, casi sin tiempo para previos ensayos suficientes, debido a lo premuroso del viaje de ambos artistas a Bogotá.

En fin, una grande mas no grandísima ocasión que tiene por qué enorgullecer a Gloria Zea, la autora de la hazaña, que se propone repetir con grandes figuras de la música de hoy.

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