‘DéJà Vu…’

‘DéJà Vu…’

Déjà Vu (ya visto) es el término que usan los psicólogos para describir esa sensación de estar viendo una situación por la que ya se ha pasado antes, sensación que ahora están experimentando los economistas al analizar la coyuntura actual y comprobar que se están repitiendo tendencias y procesos muy similares a los vividos en 1993 y 1994, que por supuesto son motivo de preocupación pues en esos años de acelerado crecimiento se incubaron algunos de los desequilibrios macroeconómicos que condujeron a la gran recesión del final del siglo.

07 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

En una conferencia reciente el ex ministro José Antonio Ocampo llamó la atención sobre las similitudes entre las dos épocas: de una parte el crecimiento acelerado de la demanda agregada impulsado por un enorme gasto público, una gran expansión del crédito bancario y una recuperación de la inversión pública y privada; de otra, la revaluación del peso y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos por el fuerte incremento de las importaciones. Su conclusión es que ese modelo de crecimiento no es sostenible porque se basa en dos déficits, el fiscal y el externo, que son explosivos.

Al revisar documentos de la década pasada para profundizar la comparación de las dos coyunturas, me encontré el discurso que pronuncié en la Convención Bancaria de 1994, al que sólo hay que cambiarle la cifra de la meta de inflación y puede repetirse textualmente para describir la situación actual.

“…como resultado de una política fiscal expansiva, de una abundante oferta de divisas y de una acelerada expansión del crédito del sistema financiero, se estima que la demanda agregada creció en 1993 al 11 por ciento, cifra sin antecedentes en la historia reciente. Si este crecimiento no se tradujo en mayores presiones inflacionarias fue debido al también inusitado crecimiento de las importaciones y a la drástica revaluación de la tasa de cambio durante el último semestre. La coyuntura ha sido favorable para el crecimiento de muchos sectores productivos -con la clara excepción de los bienes transables-, pero es difícilmente sostenible conjuntamente con unas metas de inflación inferiores al 20 por ciento y un objetivo de mantener estable la tasa de cambio real...”.

En 1994 la preocupación de la mayoría de los banqueros eran las medidas adoptadas por el Banco de la República para evitar el recalentamiento de la economía: restricciones al endeudamiento externo y topes al crecimiento de los créditos bancarios junto con el compromiso del Gobierno de reducir el gasto público. En mi opinión éstas medidas causaban inconvenientes a los bancos, pero eran preferibles a la elevación de las tasas de interés que llevaría a una quiebra de los deudores -y por supuesto de los bancos- como efectivamente sucedió cuatro años después cuando el Banco asfixió la economía para defender inútilmente la banda cambiaria.

Recordar las historias ya vividas debe servir por lo menos para no cometer los mismos errores. En 1994 la economía siguió creciendo aceleradamente y se recalentó porque los bancos encontraron los mecanismos para hacer inoperantes los topes de cartera, el Gobierno no frenó el gasto público y continuaron los abundantes ingresos de capitales que revaluaron el peso. Hoy la economía es vulnerable en el frente externo porque puede haber una destorcida de los precios internacionales de las materias primas y de las ventas a Venezuela, pero es más vulnerable en el frente fiscal porque la deuda pública en relación al PIB es el doble de lo que era en esa época y después de las 6 ó 7 reformas tributarias que se han hecho para aumentar los ingresos fiscales no hay campo para apretar más a los contribuyentes.

El dilema del Banco de la República es que si sube las tasas de interés para enfriar la economía va a hacer más atractivo el ingreso de capitales externos, agudizando la revaluación con sus nefastas consecuencias sobre la producción nacional y el déficit comercial. Ojalá el Déjà Vu no llegue hasta 1999.

Recordar las historias ya vividas debe servir por lo menos para no cometer los mismos errores”.

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