¿Gobernar es mentir?

¿Gobernar es mentir?

Mowbe al menos tuvo suerte, la misma de Rosita Alvírez. “El día que la mataron, Rosita estuvo de suerte; de tres tiros que le dieron, tan solo uno era de muerte.” La suerte de Mowbe es que tuvo prensa y la compasión del país. (¡Vaya consuelo!) Como dice el refrán: burro muerto, la cebada al rabo.

07 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Mowbe era un salvaje y por eso murió, por creer en la palabra del hombre blanco. Me gusta mucho la definición de salvaje de los indios de las praderas: “Salvaje es lo más parecido a libre”. Yo conocí a los nukak en Tomachipán y en el caño Quiniquiarí. Mi admiración roussoniana hacia ellos fue y es inmensa. Nosotros, los poderosos civilizados y hombres del progreso, dejados libres en la selva, sin ayudas, pronto moriríamos de hambre.

En pleno siglo XXI, todavía existen seres nómadas, recolectores, que pueden vivir y sobrevivir de lo que produce la selva. Pero la violencia los obligó a salir de su paraíso selvático. Los sigo admirando porque, después de conocer las cómodas delicias de la “civilización”, todavía quieren volver al monte, a andar desnudos, a luchar contra los mosquitos y bichos, a buscar cada noche dónde dormir y cada día qué comer.

Nunca es tan cierta la definición de que “gobernar es mentir”, como en esta ocasión. Les prometieron, les seguían prometiendo, y Mowbe, que era el que sabía castellano, les contaba a sus amigos que tal día les llegaban las ayudas. Sencillamente, les mamaban gallo. Y ellos, acostumbrados a que la palabra se respeta, le echaron la culpa a Mowbe.

Mowbe, por su parte, no tuvo otra salida a su situación que envenenarse. Se envenenó por vergüenza ante los suyos. Hoy, la palabra no vale y debe reemplazarse por firmas, documentos, huellas digitales, juramentos e incluso fotografías.

Mowbe murió y la prensa lo reseñó. Esa fue su suerte. Todos los días en los servicios prestadores (?) de salud maman gallo a los ciudadanos. El padre de un amigo acudió al Seguro (de entonces) por un problema en la próstata. Le dieron cita para seis meses después. Llegada la fecha, no lo atendieron y le pospusieron el examen un mes más. Cuando fue, le descubrieron un cáncer avanzado. El papá de mi amigo murió. No tuvo el consuelo de la prensa. Y los desgraciados que lo mataron siguen tranquilos devengando sueldos del Estado, sueldos que salieron en su momento del bolsillo del señor que murió de cáncer en la próstata.

Y así, todos los días, colombianos pierden préstamos, becas, apartamentos, puestos de trabajo, porque quienes deben atenderlos les informan mal en las ventanillas, les piden papeles que no son, los mandan para otra oficina de donde los devuelven... Y, mientras tanto, pasa el tiempo y se pierden mucho dinero y oportunidades y el ciudadano aprende a odiar al Estado, que, de esta forma, es el primer generador de violencia.

“Gobernar es mentir”, decía alguien. Por eso, el juego de esperar los comunicados del Gobierno y de las entidades es divertido; ya se sabe que las más de las veces van a negar o disfrazar la verdad.

En general, es tan seca y poco amable la atención en las oficinas del Estado, que cuando atienden bien uno queda, más que agradecido, extrañado.

Obviamente, no se puede generalizar. Hay oficinas de excelente atención.

Nombro solo dos a manera de ejemplo: oficina de expedición de pasaportes y la Dian; sí, la Dian; allí me he sentido bien atendido.

Paz en la tumba de Mowbe y remordimientos crueles y hasta la muerte a quienes lo engañaron.

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