Una ciudad con futuro

Una ciudad con futuro

Dos decisiones cambiaron la tarea de gobernar en Bogotá: sanear las finanzas públicas y profesionalizar la administración distrital. Mientras que lo primero implicaba asumir el sacrificio político de reducir los gastos de funcionamiento para aumentar la inversión, lo segundo exigía tomar el riesgo de romper los lazos de favores con que los concejales le daban “gobernabilidad” a la ciudad.

07 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Los resultados están a la vista. La triple A otorgada por las calificadoras internacionales de riesgo, el bajo nivel de endeudamiento público o los 260 mil millones de pesos de superávit fiscal del 2005 se podrían mostrar como el resultado de un manejo serio y ordenado de las finanzas distritales. Sin embargo, quizá el logro más importante lo constituye el haber revertido desde hace algunos años la relación entre inversión y funcionamiento. Para el 2007, de los 11 billones de presupuesto aprobado, el 74 por ciento ha sido destinado a la inversión, el 16 a funcionamiento y el 10 al servicio de la deuda.

De la misma manera, la decisión de dar continuidad a funcionarios en los altos cargos y de mantener políticas y procesos de gobiernos anteriores, con lo que se ha quebrado el control burocrático de los concejales, ha permitido consolidar rutinas organizacionales y profesionalizar segmentos clave de la administración pública distrital.

Un examen de la forma como se han administrado los recursos públicos, o el estudio de la manera como se ha convertido la convivencia ciudadana en el eje para enfrentar a los violentos, se ha aumentado cobertura y calidad del sistema educativo, se alimenta a 425 mil niños del sistema escolar y a más de 150 mil adultos en comedores comunitarios, se ha mejorado la dotación tecnológica y científica de los hospitales de la ciudad, o se adelanta una campaña seria de prevención ante un posible terremoto, muestra que las secretarías de Hacienda, de Gobierno, de Educación y de Salud y el Departamento de Bienestar Social hoy tienen una mejor capacidad técnica y operativa.

Claro que ahora que explotan el caos vehicular y el deterioro de la malla vial y aumenta de manera peligrosa el nivel de polución, se hacen evidentes la incapacidad de los últimos cuatro alcaldes para resolver los problemas de corrupción en la Secretaría de Tránsito, la ineficiencia del IDU para ejecutar sus recursos, la debilidad técnica de Planeación y el enanismo del Dama para conducir la política ambiental de la ciudad.

Pero tampoco se puede olvidar que se trata de problemas que, como el tránsito y la polución, habían sido contenidos por la capacidad reguladora y sancionatoria de la Policía Metropolitana. Pero ahora se han desbordado, ante la dedicación policial a producir los “positivos” que les exige la seguridad democrática. Todo parece indicar que esa interferencia del Presidente (en busca de más “positivos”) y la mayor preocupación del Alcalde por su aspiración presidencial o por los diálogos con el Eln no van a contribuir a una solución, al menos a corto plazo.

Afortunadamente, la solidez financiera de la ciudad y la mayor capacidad técnica de sus entidades clave permiten pensar que estos problemas serán resueltos más temprano que tarde.

Mientras tanto, la dinámica de Bogotá no se va a detener. Para el 2007, el gobierno distrital invertirá 1,6 billones de pesos en educación, 900 mil millones en salud, 400 mil millones en bienestar social y 100 mil millones en seguridad. Una ciudad que se esfuerza por invertir en educación, bienestar social y seguridad es una ciudad que tiene las bases para enfrentar el futuro con certidumbre. Una carrera que ahora comienza en Medellín, pero que, para madurar, necesitará de varias administraciones más.

Hasta que se llegue a la convicción de que siempre es mejor tener más gobierno que gobernante. Pues, en medio del desmantelamiento institucional que impulsa el gobierno de Uribe, Bogotá demuestra que, frente a los desafíos del futuro, es mejor consolidar las instituciones que las vocaciones mesiánicas de los “líderes” de ocasión.

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