El drama del agua en La Guajira

El drama del agua en La Guajira

Tendido en una hamaca, cerca de su rancho, escapando del inclemente sol, ‘Abraham Pimienta’, un indígena wayú de la casta Achanna, vaticina que este año no habrá fiesta para desenterrar a los muertos. Es costumbre en su comunidad que seis años después de que un wayú muere sus familiares lo desentierren, limpien su osamenta y le organicen una fiesta de varios días con friche –guiso de chivo–, tragos de chirrinchi y la tradicional danza de la chichamaya.

07 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Esta vez, el verano aplazará cualquier ritual en la ranchería del Dividivi (La Guajira), donde reposa ‘Abraham’ en su hamaca, porque la falta de lluvias “no ha dejado que los chivos se engorden”, cuenta ‘Chelí’, cuñado de ‘Abraham’.

En la Alta Guajira, a varios kilómetros de esta ranchería, el drama por la falta de agua potable se vive de una manera diferente: los habitantes de Uribia y Manaure deben esperar todos los días que 18 carrotanques, despachados desde Riohacha, les suministren agua.

En invierno, cuando los carrotanques no pueden transitar por las precarias carreteras de esta desértica zona, los guajiros e indígenas wayú no tienen otra opción que obtener el agua de los jagüeyes, unos rústicos pozos que el general Gustavo Rojas Pinilla ordenó cavar hace más de 50 años.

“En los jagüeyes la gente se baña, recoge agua para cocinar, lava sus mantas, mientras los chivos pasan y dejan a un lado sus boñigas”, dice Edilberto Díaz, secretario de Obras del departamento.

Y en Riohacha, la capital, el agua llega, pero no todos los días. “La gente se acostumbró a llenar la alberca y a bombear y a usar la motobomba”, admite el gobernador, José Luis González.

“Un 70 por ciento de la población tiene agua jueves, viernes, sábado y domingo. Un 25 por ciento la tiene los martes y jueves, y un 5 por ciento solo los lunes”, dice Jorge Betancur, gerente de Aguas de La Guajira, la empresa que presta el servicio en Riohacha.

Por años, los habitantes de esta ciudad no han pagado sus recibos de agua.

De las 17 mil viviendas que hoy tienen el servicio, solo 5.200 poseen registro y el recaudo de la empresa de acueducto era de tan solo 8 millones de pesos hace 5 años. Ahora alcanza con mucho esfuerzo los 220 millones.

Todo esto ocurre en un departamento con 17 ríos que nacen en la Sierra Nevada de Santa Marta y que recibe todos los años unos 120 mil millones de pesos en regalías. Hoy, de los 15 municipios que tiene La Guajira ninguno cuenta con cobertura del ciento por ciento en agua y alcantarillado.

Plan Departamental Una situación que, según el ministro de Ambiente, Juan Lozano, se produjo por la mala inversión y planeación de los recursos que durante años el departamento ha recibido por transferencias o regalías de El Cerrejón.

“Queremos coger el toro por los cachos”, dice Lozano, quien acaba conseguir que las regalías de la región queden pignoradas en los próximos 12 años para hacer un Plan Departamental de Agua, con el que se puedan corregir estos errores.

“Vamos a invertir 158 millones de dólares para que de una vez por todas hagamos el diseño y ejecución de las obras de infraestructura”, explica Lozano.

El plan implica que el departamento comprometa la plata que va a recibir para respaldar un crédito del Banco Mundial y las partidas que darán la Nación, la Gobernación y los 15 municipios.

El sueño es que en tres años, el 80 por ciento de las obras estén terminadas y funcionando. “Ese es el compromiso del presidente Uribe con La Guajira”, sostiene Leyla Rojas, viceministra de Aguas.

La semana pasada, el Ministro, el Gobernador y Aguas de La Guajira inauguraron la planta de tratamiento en las riberas del río Tapias, con lo que esperan ofrecer un mejor servicio en Riohacha.

El agua es conducida desde Dibulla hasta Riohacha por un ducto de 47 kilómetros que ya está perforado por habitantes que roban el líquido ante la falta de distribución de las zonas rurales.

Así es La Guajira: un departamento con todas las riquezas: las salinas de Manaure, el carbón de El Cerrejón y el gas de Ballenas, pero sin agua potable. Un drama que en las grandes ciudades no se ve, pero que los guajiros viven todos los días.

ASÍ SURTEN DE AGUA.

‘‘En los jagüeys (pozos) la gente se baña, recoge agua en baldes para cocinar y lava sus mantas, mientras los chivos pasan y dejan a un lado sus boñigas”.

Edilberto Díaz, secretario de Obras de La Guajira.

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