La tragedia continúa en el Tunjuelo

La tragedia continúa en el Tunjuelo

Hay personas a quienes les gusta que llueva por la noche, porque el sonido del agua las ayuda a dormir. Hay otras a las que definitivamente, no. Viven en el extremo sur de Bogotá y son cerca de 2,5 millones. Habitan en la cuenca del Río Tunjuelo, entre las avenidas Caracas y Boyacá. Noche y día deben atender el nivel del caudal. Son gente pobre.

03 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Tienen malos recuerdos. Uno: llovía el 31 de mayo del 2002. Y el río se desbordó e inundó el barrio Tunjuelito. La Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), tratando de evitar una catástrofe, anegó con el Tunjuelo desenfrenado la cantera Pozo Azul (que pertenece al Batallón de Artillería del Ejército).

El agua se apozó en un sector de la llamada Zona de Canteras, ‘los yacimientos mineros para materiales de construcción más ricos de toda el área urbana del Distrito Capital’. Holcim de Colombia S. A., Cemex Colombia S. A. y la Fundación San Antonio desarrollan allá su actividad extractora.

Esta última pertenece a la Arquidiócesis de Bogotá. Saca de la tierra los 4.500 millones de pesos anuales que invierte en la atención de 20.000 niñas y niños pobres.

Desde el 9 de junio del 2002, el intervenido río Tunjuelo extravió su cauce y anegó las canteras con 30 millones de metros cúbicos de agua. En noviembre del 2002, la EAAB ahogó terrenos mineros de la Fundación, que accedió a convertirlos temporalmente en el cauce del río.

Hoy el asunto es un río de conflictos. Las multinacionales y la Fundación demandaron a la ciudad y a la EAAB. Sus pretensiones y las arandelas podrían alcanzar los 350.000 millones de pesos (‘La ciudad invisible’, Semana, 12.02.06). La comunidad argumenta que el Distrito pudo prevenir esa tragedia anunciada, en un área perturbada por la explotación irracional de las canteras y el Relleno de Doña Juana, que impacta letalmente a El Mochuelo.

El Distrito culpa a las multinacionales y a la Fundación, y estas le pagan con la misma moneda.

Las empresas y la comunidad están de acuerdo en que el Distrito comenzó tarde la construcción de la represa Cantarrana, que tiene su propio croar.

El 31 de marzo de 2006, la EAAB atendió una advertencia de la Contraloría de Bogotá sobre peligrosos incumplimientos, y decretó la caducidad del contrato al consorcio colombo cubano que la construía. El martes 31 de octubre de 2006 se supo que las obras de Cantarrana podrían suspenderse en forma indefinida, porque un juez de segunda instancia decretó la nulidad de la resolución con la cual caducó el contrato. Hoy no se sabe quién va a continuar la obra que ‘regularía’ el cauce del Tunjuelo y la rana comenzó a cantarle costosas tonadas colombo cubanas de demandas a la ciudad.

En octubre del 2004, el alcalde Lucho Garzón definió el Macroproyecto Urbano para la Cuenca del río Tunjuelo. Ungió como gerente a César González Muñoz, quien describe esa caldera como “el conflicto ambiental más agudo que hay en un área metropolitana de América Latina”, y que comienza con los cultivos de papa en el Páramo de Sumapaz y sigue con las curtiembres de San Benito. El encargo de González se diluyó extrañamente en septiembre del 2005 y el Macroproyecto está tan estancado como el agua de las cárcavas.

¿Cómo se atraviesa la propiedad de la Nación sobre el subsuelo, en los planes de desarrollo sostenible y vida digna de las ciudades? ¿Hay gobernabilidad en la cuenca del Tunjuelo? ¿Por qué los ciudadanos tenemos que pagar vía factura las ineficiencias de la EAAB? El tiempo pasa. Avanzan la erosión de los terrenos inundados y la infiltración subterránea del líquido. Más gente pobre vive ahí, soldados y cientos de miles de niñas y niños, vecinos de unas lagunas artificiales en descomposición por el vertimiento de heces y basura, foco de malos olores y enfermedades. Esta semana llovió en Bogotá como no ocurría hace 55 años.

Periodista .

¿Por qué los ciudadanos tenemos que pagar vía factura las ineficiencias de la EAAB?”.

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