Empleo: agro e industria se rezagaron

Empleo: agro e industria se rezagaron

A comienzos de los años ochenta, la economía colombiana enfrentó una desaceleración importante como consecuencia de una crisis financiera y cambiaria. El impacto social más grande fue el desempleo. (VER GRAFICOS)

03 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El gobierno de Belisario Betancur convocó una misión de expertos para tratar el tema, dirigida por el profesor Hollis Chenery, una de las autoridades internacionales en el tema y la asistencia del joven economista colombiano, Juan Luis Londoño.

La gran conclusión del estudio fue contundente: para que el desempleo ceda, la economía debe crecer a una tasa del cinco por ciento. En ese momento, era un asunto poco probable.

Ciertamente, las condiciones económicas eran muy distintas a las de ahora, pero la conclusión hizo carrera: los gobiernos siempre comenzaron a pregonar la necesidad de crecer como fórmula para generar empleo y la realidad es que en los siguientes diez años no hubo un testimonio en ese sentido como para comprobar la recomendación de los expertos.

Jorge Ospina Sardi, director de Planeación Nacional en el gobierno que montó la misión de empleo de entonces hace la evaluación: “Los momentos no son comparables e incluso no tiene mucho sentido hacerlo. Las razones del desempleo ahora hay que buscarlas en las condiciones que implica insertarse en una economía global: la competitividad. Por ejemplo, para muchos empresarios pequeños y medianos les resulta insostenible competir con la estructura de costos ligados al trabajo, en particular los impuestos y los parafiscales. Por eso optan por el subempleo, como fórmula de sobrevivir”.

Hoy la economía colombiana está creciendo por encima del cinco por ciento y para muchos es la hora de probar la teoría de una relación directa entre crecimiento y empleo, pero la frustración y las disculpas están al orden del día, pues la realidad es que esta ecuación no es sostenible.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que está pasando con el empleo ni se tiene una explicación, pero las cifras del Dane son contundentes: precisamente en el último año, considerado ‘estrella’ para la economía, la pérdida de empleo está alcanzando niveles preocupantes.

Es más, aunque la magnitud de las cifras está sujeta a controversia, lo que se descubrió desde el pasado mes de agosto causó sorpresa y desconcierto en algunos sectores, pero la tendencia se ratificó en los datos de cierre del tercer trimestre.

La comparación de los datos de septiembre de este año con los del mismo mes del año pasado muestra una pérdida de cerca de 1,2 millones de empleos. La comparación de los promedios trimestrales tampoco implica un cambio en la tendencia: desaparecieron más de 600.000 plazas, lo mismo que si se hace la comparación con el trimestre abril-junio de este año.

Hasta ahora hay dos teorías que manejan los expertos para explicar la situación: una estadística que tiene varios elementos y otra económica.

(Para una aproximación de la estadística, ver nota anexa). La económica trasciende el mero análisis de coyuntura.

La producción industrial crece este año a una tasa de 9 por ciento y el desempeño favorable alcanza a 44 ramas de la manufactura, lo cual demuestra que es generalizado el repunte. Sin embargo, el empleo solo crece en un estimado del 1,75 por ciento, de acuerdo con datos de la encuesta manufacturera, cuyos datos de desocupación no necesariamente coinciden con la llamada encuesta continua de hogares que mide la ocupación.

Algo similar se puede decir del comercio. Las ventas reales minoristas aumentaron casi 15 por ciento en el período enero-agosto, en tanto que el empleo solo aumenta cuatro por ciento.

En la agricultura sí parece darse la relación negativa. En los últimos años, el sector agropecuario ha tenido un pobre comportamiento que se refleja en una mediocre evolución del empleo. Es más, a junio el sector (sin cultivos ilícitos) creció cero y las cifras a septiembre muestran un descenso en la ocupación de cerca de 400.000 puestos de trabajo.

“Independientemente si hay problemas en las estadísticas, la realidad es que se sigue creyendo que el empleo está en el agro y la industria manufacturera tradicional, como hace 25 años y esto es desconocer las tendencias globales”, advierte Ospina Sardi.

Los datos parecen confirmar esa teoría: esos dos sectores explican el 33 por ciento del empleo, cifra muy similar a la de finales de los años noventa. La construcción aporta hoy el 5 por ciento, solo un punto más que hace seis años.

Contrario a lo que pasa en otras partes, en nuestro país los servicios mantienen una proporción similar a la de hace años, de alrededor del 22 por ciento.

El comercio, hoteles y restaurantes responden aquí por la cuarta parte del empleo, cifra casi idéntica a la de hace unos años.

Algunos sectores como las telecomunicaciones, el turismo y servicios especializados, que constituyen fuentes muy importantes de generación de empleo en otras economías modernas, en Colombia su impacto es marginal.

¿Está equivocado el país al creer que la dinámica está en la industria y en el agro, como hace 25 años? “Los países más desarrollados tienen 60 ó 70 de su PIB en los servicios.

Creemos que la economía es de bienes y eso va en contravía”, cree el investigador Mauricio Reina.

Pero no hay que descartar que la economía se puede estar desacelerando. Hay que tener cuidado, así estemos en fiestas en consumo”, advierte.

“Sin duda alguna. Hoy el llamado sector terciario es líder en el mundo, cosa no muy clara en Colombia y en consecuencia se nota ese estancamiento en la generación de empleo”, opina el analista Fidel Cuéllar.

En un espacio de tiempo más corto, las cifras de empleo parecen no mostrar un buen repunte sectorial, lo cual confirma la idea de los dos expertos.

En septiembre del 2004, la industria manufacturera ocupaba 2,4 millones de pesos. Hoy la cifra es de 2,3 millones, esto es, 100.000 empleos menos, pese al buen crecimiento sectorial.

La agricultura empleaba hace dos años 3,6 millones de personas y hoy la cifra es 100.000 menos. El drama del campo es mayor en los últimos meses de acuerdo con los datos del Dane: entre junio y septiembre pasados se perdieron 400.000 empleos.

En los términos anteriores, los datos del Dane parecen no sorprender, al menos en el campo del análisis económico.

“Yo creo ciento por ciento en las cifras del Dane sobre empleo”, dijo recientemente el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, luego que su colega de Agricultura, puso en duda algunos de los datos, en particular del sector agropecuario.

De otros organismos como Planeación Nacional y el Ministerio de Protección no se conocen evaluaciones del asunto.

¿La realidad resultó peor de lo que se creía antes? El director del Cega, Luis Lorente, tiene una explicación técnica sobre las últimas cifras de empleo.

“El Dane comenzó un proceso de ampliar y mejorar las encuestas sin tomar la precaución de mantener un período en paralelo, es decir, realizar la muestra antigua y, en forma independiente la nueva, para que se vea con claridad que se debe a un cambio de metodología y que se debe al empleo en sí mismo.

En la actualidad, no sabe como justificar los resultados y se trata de disfrazar el salto publicando promedios móviles, promedios de 12 meses, cifras mensuales que sólo producen un ruido adicional en las estadísticas.

Me parece obvio que el salto en las series se debe: 1. Al mayor número de encuestas, que se hacen en nuevos barrios, zonas de periferia, áreas rurales, etc, y 2. A la inclusión de nuevos municipios, que son poblaciones más pequeñas.

Tanto las zonas periféricas como las ciudades de menor tamaño tiene una capacidad menor para generar empleo y, cuando las incluyen, aparece una proporción mayor de desempleados que es la que puede medirse en ciudades con una buena dinámica de crecimiento.

En otras palabras, descubrimos que la muestra antigua no estaba bien diseñada y nos daba una imagen optimista de la realidad.

Así que probablemente no ha cambiado la realidad y no hay necesariamente más desempleo hoy que hace dos meses.

Lo que cambió fue nuestro conocimiento de esa realidad, la cual resultó peor de lo que se creía antes.

26 por ciento del empleo generado en Colombia nace en el comercio, hoteles y restaurantes, similar a la que se generaba a finales de los años noventa.

Agro e industria responden por el 33 %

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