La noche de los que desoyeron los rumores

La noche de los que desoyeron los rumores

Las últimas noches en las casas del centro de Tierradentro solo dormían las gallinas y los marranos. Los habitantes, ante los continuos rumores de un ataque de la guerrilla, salían con sus hijos a dormir en las afueras del pueblo.

03 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Pero no todos hicieron caso. Don Hilario Poso, de 35 años, y su familia, cansados de tanto cuento, decidieron pasar la noche en su vivienda. Y su vecina, Felipa Luna, de 65 años, enfermera del pueblo, se aferró a su fe en Dios y también prefirió quedarse en su casa.

“Mi hijo vino a sacarme para otro lado, pero le dije que no me iba a ir.

Entonces se quedó conmigo”, dice Felipa.

A las 8 de la noche del martes, como de costumbre, después del noticiero los habitantes comenzaron a conciliar el sueño, pero a las 2:40 de la madrugada unos tiros los levantaron de sus camas.

“Sentimos balas por el patio y nos dimos cuenta de que la sentencia se había cumplido”, dijo don Hilario, que con su esposa y su hijo de 5 años se escondieron en la cocina porque creían que sus paredes de cemento eran más resistentes a un ataque.

Doña Felipa, con diez miembros de su familia, 7 adultos y 3 niños, se acostaron boca abajo en el piso de un cuarto y se pusieron a orar. “Quedamos unos encima de otros y las balas pegaban por todas las paredes”, dijo la enfermera.

El combate siguió toda la madrugada entre rezos y llantos en las dos casas.

Los pocos que se atrevían a mirar por las ventanas veían cómo la guerrilla se movía por el pueblo y escuchaban que les gritaba groserías a los policías.

Cuando aclaró el día, los pobladores intentaron mirar qué pasaba, pero de inmediato los sorprendieron de nuevo las ráfagas. Solo a las 9 de la mañana cesó la pesadilla y pudieron salir de sus refugios.

Hilario encontró en su patio a dos policías, un marrano y tres gallinas muertos y Felipa vio a pocos metros, degollado, a otro agente.

Poco a poco la Policía fue recogiendo a sus muertos y los reunió en la cancha de fútbol. Ni Hilario ni Felipa quisieron ir a verlos. Se quedaron recogiendo los escombros.

Hilario dice que no ha podido dormir desde esa noche y Felipa esta vez sí hizo caso y desde ese día duerme lejos de su casa.

‘ESTABAN EN EL PATIO’ ''En la madrugada nos dimos cuenta de que cerca al patio había tres policías respondiendo el fuego de los guerrilleros. Ellos nos veían pero no decían nada”.

Hilario Poso, habitante de Tierradentro

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