Aumentos del salario mínimo no favorecen a los pobres

Aumentos del salario mínimo no favorecen a los pobres

Al contrario de lo que comúnmente se cree, el salario mínimo no contribuye a mejorar el ingreso ni el empleo de los más pobres, y sus aumentos reales obran más en el sentido de incrementar la proporción de trabajadores que devengan menos que el mínimo y no en el de incrementar las entradas de los trabajadores de bajos ingresos. Los resultados de la Misión de Empleo revelan que entre 1991 y 1998, cuando el salario mínimo se mantuvo relativamente estable en términos reales, aproximadamente el 21 por ciento de los trabajadores urbanos devengaba menos del mínimo. Pero entre 1998 y el 2005, según el documento de la Misión, este aumentó más del 15 por ciento en términos reales y también se incrementó el incumplimiento de la norma, pues el porcentaje de trabajadores que devengan menos del mínimo creció a 30 por ciento.

03 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Esto ha llevado a los miembros de la Misión a concluir que los incrementos del salario mínimo real casi no favorecen a los más pobres, que no trabajan en condiciones de ganarse un mínimo, sino que favorecen a los que ganan más que dicho salario, pues este sirve de piso y de referencia para los demás de la economía. Si se añade a esta observación que la demanda de trabajo ha favorecido más a los trabajadores más calificados, cuyos ingresos son muy superiores al mínimo, y que la demanda de trabajo no calificado no ha sido tan dinámica, no es difícil concluir que los aumentos reales del mínimo deben perjudicar a los más pobres, que terminan trabajando por lo que les den, que generalmente es menor que dicho salario. Este parece ser el resultado observado en el período 1998-2005, en el que se elevó desproporcionadamente el porcentaje de trabajadores que devengan menos del salario mínimo.

En el campo, esta situación es todavía más grave. Como la gente tiene menores oportunidades de empleo por cuenta propia y las otras formas alternativas de generar ingreso que existen en las ciudades, el desempleo rural es muy inferior al de las ciudades y las cabeceras municipales, y la gente tiene que emplearse por lo que quieran pagarle, lo cual causa que una gran proporción de la población rural devengue menos que el mínimo. El trabajo de Leibovich, Nigrinis y Ramos, del Banco de la República, que fue comentado en una columna anterior, observa que en el mercado laboral rural colombiano “el problema no es el alto desempleo. De hecho, la tasa de desempleo es baja y muy inferior a la tasa de desempleo urbana (6,6 por ciento vs. 13,1). El problema fundamental son los bajos ingresos generados”.

En efecto, en diciembre del 2005 el ingreso rural por habitante era una tercera parte del ingreso promedio de las cabeceras. Estos analistas han encontrado que en el sector rural existe un reducido mercado laboral, que se podría llamar “moderno”, en el que se cumplen las normas laborales vigentes y un amplísimo mercado en el que no se cumplen, que afecta a la mayoría de los trabajadores del campo, que se pasa por la faja estas normas y en el que el salario es inferior al mínimo. Los ricos agricultores y ganaderos, que se benefician de los subsidios que les crea generosamente el Gobierno y de las distorsiones históricas de la política comercial colombiana, que mantiene artificialmente elevados los precios de la tierra, no distribuyen hacia abajo ni siquiera lo que exige la ley. El salario mínimo en el campo colombiano es una burla. Es un símbolo de un sector ineficiente e improductivo y un monumento a la ineficacia de las leyes laborales y del Estado.

A esta situación ha contribuido el alza del salario mínimo real.

Paradójicamente, para la población más desfavorecida, particularmente para la del sector rural, donde se concentra la mayor pobreza, sería más beneficioso si se dejara rezagar el salario mínimo y moderar así sus aumentos. El bienestar no se impone por decreto, sino haciendo crecer el empleo y la productividad.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.