‘Brooklyn Lager’, una rubia que tomó revancha

‘Brooklyn Lager’, una rubia que tomó revancha

De color ámbar, amarga, pero ligeramente frutada, la ‘Brooklyn Lager’ se impuso poco a poco en los mostradores de numerosos bares neoyorquinos, símbolo del desarrollo regular e indiscutido desde hace una década de las cervezas artesanales en E.U.

02 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Nada indicaba eso sin embargo en 1984, cuando Steve Hindy, ex periodista de la agencia estadounidense Associated Press, decidió lanzar con su vecino de Brooklyn una cervecería independiente en ese barrio de Nueva York.

“En el inicio, teníamos cinco clientes, curiosos, que querían darnos una oportunidad”, contó quien se convirtió desde entonces en empresario, en su oficina llena de botellas con la imagen de la marca.

Centro de la inmigración alemana, Brooklyn era en el siglo XIX el feudo de las cerveceras europeas, obligadas a cerrar durante la prohibición de los años 20. Las dos últimas que resistieron no pudieron luego luchar contra los bajos precios y grandes volúmenes de los gigantes industriales.

Hacer renacer la tradición de las cervecerías de Brooklyn era sin embargo la ambición de Steve Hindy, que después de seis años de realizar reportajes en Medio Oriente sabía fabricar su propia cerveza. “Había frecuentado a diplomáticos en Arabia Saudita, donde está prohibido el alcohol, que elaboraban ellos mismos sus cervezas para poder beberla”, relató.

Fue a un germano-estadounidense de Brooklyn, descendiente de cuatro generaciones de cerveceros, a quien confió la tarea de elaborar la receta de la primera Brooklyn Lager, que luego fue ampliada a una decena de sabores.

Steve Hindy la describe como una cerveza “fuertemente aromatizada”, en contraste con las cervezas estadounidenses que tienen “un sabor menos pronunciado”.

Milton Glaser, un diseñador famoso por su logo ‘I love NY’, aceptó dibujar el de la Brooklyn Lager, una B blanca redondeada y estilizada, incrustada en un círculo verde.

Los inicios fueron difíciles. En ese entonces, los distribuidores neoyorquinos trabajaban exclusivamente con las grandes industrias del ramo, y no les interesó la marca.

Steve Hindy decidió entonces crear su propia red, para distribuir además las cervezas de otras empresas artesanales, sus propias competidoras.

La estrategia funcionó y a fines de los años 90 las cervezas locales se impusieron en el gusto de los consumidores y los bares de todo el país.

La moda de las cervecerías independientes y artesanales prendió. Su denominación, ‘craft’ en inglés, indica que venden menos de 2 millones de barriles por año, que son independientes y que sus cervezas son fabricadas según métodos tradicionales. AFP

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