Las preocupantes lecciones que dejó el fuerte aguacero

Las preocupantes lecciones que dejó el fuerte aguacero

Para que una ciudad de siete millones de habitantes colapse por culpa de un aguacero, como le ocurrió el martes en la noche a Bogotá, se necesitan dos cosas: que caiga un diluvio como pocos, pero también, que la ciudad esté mal en varios aspectos.

02 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Y esas dos condiciones se dieron hace 48 horas.

Las mediciones en la estación de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado (EAAB) en Vitelma (en el sur) indicaron que el martes llovió como no ocurría desde hacía 55 años.

Pero el aguacero también dejó en evidencia al menos tres serios problemas que tiene la ciudad.

El primero, es que su red de 8.000 kilómetros de alcantarillado no está dando abasto para evacuar las aguas lluvia. Por esa razón se inundaron algunos tramos de avenidas tan importantes como la Ciudad de Cali, la Caracas y la calle 63, provocando trancones monumentales.

Édgar Ruiz, gerente de la EAAB, dijo: “Fue una situación inesperada que colapsó toda nuestra tubería”.

El funcionario agregó que la basura que los bogotanos arrojan a las alcantarillas influyó bastante, pese a que en lo que va corrido del año se han recogido 40 mil toneladas de desechos de estos ductos.

El otro punto débil de la ciudad que quedó al descubierto es que TransMilenio (TM) sigue sin tener un equipo de comunicaciones que permita a los conductores de los buses rojos comunicarse en forma instantánea con la estación central para reportar situaciones de emergencia como la inundación registrada en el sur, y que obligó al cierre de varias estaciones.

Eso impidió que TM pudiera poner en marcha rápidamente un plan ‘B’ para evitar que el servicio terminara colapsando, como ocurrió durante cuatro horas.

La solución se demorará El problema de comunicación, como lo viene denunciando EL TIEMPO desde hace seis meses, es el resultado de una licitación que adjudicó TransMilenio en diciembre del 2005 a una firma que aún no contaba con la licencia del Ministerio de Comunicaciones para operar esos equipos.

Hace un mes, el Ministerio otorgó el permiso pero el sistema todavía no se ha puesto en marcha.

Según el alcalde, Luis Eduardo Garzón, falta un mes para que los conductores de los buses rojos tengan comunicación con la central. Mientras tanto, los ‘buses rojos’ seguir incomunicados.

El aguacero del martes también volvió a poner sobre el tapete el tema del atraso vial de al menos 10 años que, según Planeación Distrital, tiene la ciudad. Y el problema en que se está convirtiendo el ingreso promedio de 65 mil carros nuevos por año.

Problemas estructurales que llevaron al Alcalde Mayor, Luis Eduardo Garzón a decir que, de momento, lo mejor para que la ciudad no vuelva a colapsar es: “Rogar a Dios que no haya un aguacero de las mismas dimensiones”.

DÍAS DE SOL Y LLUVIA El pronóstico del Ideam para los próximos días habla de mañanas soleadas y lluvias, entre ligeras y moderadas, para las horas de la tarde y noche.

Según el meteorólogo Henry Benavides, no se descartan que en esas lluvias también se presenten tormentas eléctricas, por lo que recomienda no guarecerse bajo los árboles o quedar a campo traviesa.

“Noviembre siempre ha sido un mes lluvioso, sin embargo por el fenómeno del Niño se espera que disminuyan los niveles de las lluvias en el centro del país”, dijo.

Según estadísticas de esa entidad, el promedio de lluvias durante noviembre es de 91, 3 mililitros. “Con el ‘Niño’, este año se espera que esa medida se reduzca a 61 mililitros. Sin embargo, las lluvias continuarán durante el resto del mes”, indicó el funcionario.

‘EL SUSTO NO NOS HA DEJADO DORMIR' La tempestad del martes en la tarde, que provocó inundaciones en el occidente y sur de la ciudad y que levantó tejas como plumas en 60 viviendas del barrio San Bernardino de Bosa, tiene a Sandra Idalí Ninco, de 32 años, a su esposo y a sus cinco hijas, ‘refugiados’ en la casa de una vecina.

Ahí llegaron en la noche del martes con un armario, dos ollas y la estufa, sacados a la carrera tras quedar con la casa desentejada.

“El ventarrón fue tan fuerte que a nosotros nos partió las tejas y cayeron dentro de la casa. Nos tocó salirnos. Fue tan tremendo el susto que pasamos, que aún no hemos podido dormir. Tenemos miedo de que haya otra tempestad y acabe con todo”, dice.

Ese desvelo le permitió ver que, hacia la 1 de la mañana de ayer, varios ladrones intentaron trepar en las viviendas desentejadas del barrio, incluida la de ella.

“Tuvimos que sacarlos corriendo”, agrega.

Por ahora, espera que obreros y vecinos le ayuden a poner las tejas que el Distrito le dio para su casa.

Mientras tanto, en el barrio Vergel Norte (Kennedy) donde hubo inundaciones, Ramón Barrios, vigilante de un parqueadero anegado, dice también que está asustado.

“Otro aguacero igual y el patrón se queda sin parqueadero y yo, sin este trabajo que conseguí hace tres meses”, expresa

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