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DE LOS LECTORES

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Piedracielista de antología Llegando de la ciudad de Nueva York, el primero de agosto pasado, me di a la amena revisión de pasadas Lecturas Dominicales. La del domingo 3 de julio, titulada Gerardo Valencia, bardo de su propia desconfianza , de la autoría del escritor Hermann Lema, me llevó a la consideración de los vacíos culturales que exhiben algunos que posan de ensayistas pero que apenas tocan la epidermis de la literatura sin conocer su profundidad.

Escribir sobre Piedra y Cielo, por ejemplo, como en el presente artículo, que leen nuevas y viejas generaciones y omitir a mi padre Darío Samper Bernal, es algo así como hablar del boom literario de los años sesenta, en nuestra América Latina no mencionar a escritores como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez. Además, quien se atreve a decir que la muerte es niveladora del género humano , no puede causarnos sino el asombro del propio vacío de su alma, porque para los hombres grandes la muerte es el principio de la gloria, que es la distancia del hombre grande al mediocre, y Darío Samper conoció y escribió con talento y grandeza sobre todos los temas de la intelectualidad. (...) Clara Samper Homenaje a Gabo Después de alguna permanencia mía en los Estados Unidos, concretamente en la ciudad de Washington, donde tuve el honor de presidir en calidad de presidente, la Cámara de Comercio Colombo-Americana, se me dio a conocer como primicia una edición del Washington Post, sección Book World, con el título Innocents adrift on the continent , traducido al español por Edith Grossman y comentado por Michael Dirda, en relación con la personalidad y obra del escritor Gabriel García Márquez.

Sencillamente, este comentario coloca al escritor colombiano García Márquez como al gigante de mayor categoría dentro del boom de celebridades de América Latina. Más todavía, se sitúa a su obra máxima Cien años de soledad como la más aclamada en lengua castellana después del Quijote.\ Como colombiano, demando de ustedes con entera justicia, dejando de lado el egoísmo, el elitismo y cualesquiera otra denominación, sobre todo en un país llamado democrático como Colombia, de tradición cultural, que se le tribute un homenaje de carácter nacional, aunque sea contrario a la voluntad del propio escritor. Existe aquí un deber moral inexcusable, casi un imperativo categórico, la concertación de este obligante homenaje por parte de la llamada clase culta de Colombia, y nada mejor que sean los propios escritores públicos reconocidos quienes lo organicen. Colombia se honraría a sí misma al tributarlo. Nadie podría oponerse a ello, ya que es un homenaje de la inteligencia colombiana al más grande escritor de Colombia de todos los tiempos.

Luis Carlos Zárate Médicos y abogados Me refiero al debate que en buena hora ha comenzado el doctor Fernando Guzmán en L.D. sobre las implicaciones que trae la tendencia actual de iniciar procesos judiciales contra el cuerpo médico de nuestro país. Se estaba en mora de presentar los graves conflictos que se están generando por la tensión médico-legal a la cual se enfrentan los profesionales de la medicina. Acertadamente, el doctor Fernando Guzmán en su artículo Médicos a la defensiva del pasado 28 de agosto, reseña el desenvolvimiento histórico que ha presentado la relación entre médicos, abogados y aseguradoras en los Estados Unidos, y lo que podría generarse en nuestro país como consecuencia del mismo fenómeno. Lo que no es cierto es la posición de víctimas en que se sitúa a los médicos, al manifestar que la avalancha de demandas que buscan una indemnización por la malpractice persigue es los ingresos de los galenos, amén de obligarlos a ejercer una medicina defensiva ante la amenaza de la queja.

Lo que debe tenerse en cuenta es que el paciente se ha percatado que en no pocas ocasiones los daños y perjuicios generados por la práctica equivocada y negligente de los médicos se estaban quedando, y por mucho tiempo, en simples expresiones de se hizo lo que se pudo , o lo que es peor Dios así lo quiso .

La práctica de la medicina es una actividad riesgosa, que como tal exige del profesional el máximo cuidado y responsabilidad en su ejercicio, porque en sus manos se encuentran la vida y la integridad física de sus pacientes, que son los bienes jurídicos más preciados y protegidos por la ley.

Si bien es cierto que el médico solo ofrece sus conocimientos como medio para buscar un determinado fin, también lo es que el paciente no debe ser desmejorado en su condición cuando los medios al alcance del médico permiten que esto no suceda.

Es aquí en donde la gran mayoría de procesos judiciales, de carácter penal o civil, tienen todo su sustento, examinando y encontrando que la práctica médica no se desarrolla conforme a la Lex Artis, que es la que le señala al galeno cuál es el procedimiento, actividades y comportamientos que debe desarrollar en ejercicio de su profesión. La malpractice ocasiona consecuencias que en su mayoría de veces son irreparables, y genera la necesaria indemnización con el fin de resarcir de la mejor forma posible los daños y perjuicios inferidos. No es una cacería de brujas, ni mucho menos, es la reacción de la sociedad en la búsqueda de los derechos que deben ser tutelados. No es una persecución de una redistribución social del ingreso , porque no se pretende en manera alguna, recuperar el dinero invertido en salud.

Ante el daño ocasionado no queda sino la indemnización, sobre lo cual opinamos que es saludable y necesario la suscripción de seguros de responsabilidad civil por parte de todo aquel que desea ejercer la medicina, dada la característica de riesgosa que acompaña esa actividad profesional, para que de esta forma se proteja el patrimonio particular y se garantice la retribución al paciente por el perjuicio ocasionado.

No se deber ver, como se está haciendo actualmente, como enemigo de la profesión médica al abogado. No es dable afirmar que la gallina de los huevos de oro se encontró promoviendo procesos contra los médicos. Si estos existen es por el normal ejercicio de nuestra profesión ante la solicitud de ayuda del paciente; defendemos o acusamos según exista un derecho cierto que debe ejercerse.

Hay que reflexionar seriamente ante este debate necesario; no veamos más de lo que en verdad se ve. Ese apostolado que significa el ejercicio médico debe realizarse con toda la responsabilidad que se merece, siguiendo todos y cada uno de los axiomas hipocráticos, que de hacerlo seguro evitaremos el conflicto entre la ley y la práxis médica.

Diego José Ortega Rojas

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