Rayos, centellas y ‘madrazos’

Rayos, centellas y ‘madrazos’

Rayos, centellas y ‘madrazos’ le han llovido al presidente Uribe y al asesor presidencial, José Obdulio Gaviria, a raíz de las justificadas reacciones de ambos con motivo del criminal atentado terrorista de las Farc la semana antepasada.

01 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Los vituperios vienen de aquellos que claman por el inmediato despeje de dos municipios y el ‘intercambio humanitario’ de unas decenas de indefensos políticos por centenares de asesinos y secuestradores que hoy purgan en las cárceles sus delitos. Pero lo más asombroso es que prácticamente ninguna de las voces que exigen el despeje incondicional de Pradera y Florida y el ‘intercambio humanitario’ hacen mención de los otros 1.900 colombianos y algunos extranjeros que siguen secuestrados por las Farc. ¿No son igualmente compatriotas? ¿Su libertad no merece ni siquiera una mención? ¡Qué solemne hipocresía la de aquellos paladines de la paz! Y en relación al nuevo despeje, no sobra recordar que el Caguán ha sido la página más negra en la historia de Colombia. Más que una farsa, lo del Caguán fue una sinvergüencería, una sinvergüencería tolerada por el gobierno de esa época, cuya pusilanimidad no parecía tener límites. Que las Farc sean unos sinvergüenzas, vaya y venga, pero que un gobierno supuestamente respetuoso de sus ciudadanos se prestara a tan burda patraña, fue inconcebible.

Algunos iracundos, en vez de condenar al terrorismo, condenan a Uribe y ponen en duda la autoría del atentado por parte de los narcoterroristas del ‘Mono Jojoy’. Citan, con candidez rayana en la imbecilidad, el comunicado de las Farc en que niegan haber cometido dicho atentado. No se debe olvidar que las Farc negaron también haber cometido el crimen de El Nogal y de forma sistemática han negado y seguirán negando todos sus atentados terroristas. A diferencia de otros grupos terroristas como la ETA y el IRA que asumen las consecuencias de sus atentados y nunca niegan su autoría, las Farc no tienen ni siquiera la valentía de asumir sus crímenes.

A aquellos que se inclinan por la paz a cualquier precio y el ‘intercambio humanitario’, haciendo caso omiso de la liberación de todos los secuestrados, es oportuno recordarles la fabulita de Luis Carlos López, magistralmente citada por Alberto Dangond Uribe en su reciente libro, La Política, el Amor, y otros Textos (Villegas editores, 2006): ¡Viva la paz, viva la paz! …Así trinaba alegremente un colibrí sentimental, sencillo, de flor en flor… Y el pobre pajarillo trinaba tan feliz sobre el anillo feroz de una culebra mapaná.

Mientras que en un papayo reía gravemente un guacamayo bisojo y medio cínico: -¡Cua cua! .

Empresario.

"Ninguna de las voces que exigen el despeje y el ‘intercambio humani- tario’ hacen mención de los otros 1.900 colombianos que siguen secuestrados”.

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