La insólita vaciada de Eva Rey

La insólita vaciada de Eva Rey

Hay frivolidades que alivian, como la de seguir todas las inteligentes locuras de Isabella Santo Domingo, que mañana debuta en Citytv. Hay realidades que duelen, como la que muestra la foto de EL TIEMPO de ayer en primera página de tres jóvenes soldados que caminan con muletas porque la dinamita guerrillera les quitó una pierna a cada uno. La foto es un grito-denuncia al mundo y a ustedes, que a veces les comen cuento a cierto boletines de las Farc donde posan de “humanitarias” y dizque sienten pesar por los secuestrados... que ellos mismos tienen secuestrados. Punto.

01 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

De los hombres recibo broncas y madrazos, y de las mujeres, cariñito. Pero cambió el naipe. La libertaria española de minifalda seductora Eva Rey, la atrevida que dice insolencias en Yamid-CM& Televisión, me lanzó 17 injustos vainazos. En la revista Nueva ella escribió que le parezco un estúpido insolente, un bárbaro del medioevo.

Todo porque en una cena en el Museo Nacional interrumpí la charla de un señor inglés experto probador de whiskys. Pasaron 38 minutos y yo escuchando maravillas del whisky y nada que permitían probarlo. Y si me retiré siete minutos de la charla, como lo protestó Eva Rey, fue por algo urgentísimo: hacer ‘pipí’. Y retener una orinada es mortal; de eso murió el ilustre Winston Churchill.

La intransigencia de Eva es culpa de Nicolás Villar, su nuevo y jartísimo novio, que la matriculó en el Opus Dei, le prohibió el licor, hablar de sexo y usar sus atrevidas minifaldas.

Me autocritico mis afanes urinarios y mi amor al whisky, pero ella se pifió: quedó como una godísima señora ‘jai’. Cierto, uno no debe interrumpir y tampoco nunca llevar al escritor Fernando Vallejo porque él sí se orina en la sala.

Y de Vallejo toca hablar porque la revista El malpensante cumplió años y hubo charlas, debates y un show ordinario del “niño terrible” Vallejo, que llamó criminales a Antanas Mockus y a Sergio Fajardo. Y, ríanse, al presidente Uribe lo llamó ‘granuja’ y ‘culicaído’. Penoso el oso de Vallejo; tiene el cerebro caído. Punto.

Y huyendo de Vallejo fui a la peluquería y Maricarmen, mi amiga madrileña, comentó así: “Pobres hombres, Paola Turbay los ridiculizó en Cromos al declarar que a ellos lo único que les envidia es que pueden orinar de pie”.

Muy olímpico el feminismo de Paola Turbay. Eso baja a los ‘supermachos’ pinchados de su pedestal de egolatría.

Nunca leo los correos vía Internet que me llegan, pero mi hacker, el experto informático que lee a los que mandan amenazas mortuorias, me dijo que me llegaron una docena escritas con furiosa motosierra.

El sabio informático descubrirá al dulce remitente y yo le mandaré una novelita del iracundo Fernando Vallejo.

A propósito, acabo de verlo en televisión y, ríanse, las nalguitas le caen hasta las rodillas. Mejor dicho, Vallejo sí es un culicaído.

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