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SOS POR LA LUNA LLENA

SOS POR LA LUNA LLENA

Nos les pareció suficiente con la gangosa voz de Pacheco que anunciaba muñequitos de tierra en medio de las noticias radiales. Ni con las fotografías de prensa de obesas irredimibles que muestran a la luz pública su celulitis. No quedaron contentos con las piernas de Amparo Grisales para promocionar medias veladas en los intermedios de los Locos Videos. Tampoco les bastó con los avisos de la pantalla gigante para ofrecer lotes en los cementerios, precisamente unos segundos antes de las películas de terror.

Tampoco les pareció suficiente con las vallas que ubican, en plena carretera, en el mejor punto del paisaje. Ni con las pancartas de candidatos políticos, ni los pasacalles de promociones varias con los que han acabado de convertir la ciudad en un chiquero.

Definitivamente, los publicistas no tienen remedio.

Ahora les dio por desarrollar el más odioso, deprimente, atrevido y contaminante medio para anunciar productos, servicios, candidatos, gordas, muñecos, misiles, detergentes y vaya uno a saber qué más.

Sí, les dio por la publicidad celestial. Se llamará así? No importa cómo se llame, la idea es que descubrieron el más efectivo de los canales publicitarios: el de proyectar los anuncios nada más ni nada menos que en el firmamento.

La tecnología es compleja, pero no es lo que interesa ahora. Se sabe que los anuncios (llámense sopas enlatadas, condones lubricados o pelucas de doble faz) logran quedar impresos en el cielo por medio de rayos láser.

En Estados Unidos ya lo han hecho, y en Colombia estuvieron a punto de cometer semejante cielicidio para anunciar teléfonos celulares. No sé cuál fue la razón para que a última hora suspendieran el espectáculo.

De manera que en poco tiempo los calendarios dejarán de anunciar las fases de la Luna, e incluirán, más bien, un cronograma de avisos celestiales.

A los poetas y a los amantes locos no les quedará más remedio que aprender a inspirarse con el contaminado río Bogotá, porque de los luceros y de la Luna llena tendrán que olvidarse.

Cuando miren a través del telescopio, los astrónomos ya no encontrarán a Orión ni a la Osa Mayor, y tendrán que conformarse con el brillo capilar de la reina de turno, que estará promocionando el último, y este sí verdadero, remedio contra la caspa.

Después de semejante atrevimiento, todavía aspirarán los publicistas a ganarse el cielo?

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