OTRA MODA DE LA NUEVA INTELECTUALIDAD

OTRA MODA DE LA NUEVA INTELECTUALIDAD

El chamanismo está soplando duro entre los jóvenes intelectuales colombianos. Se podría decir que está remplazando otros ismos comunes en los bárbaros tiempos de la revolución de los 60: trotskismo, maoísmo, foquismo, revisionismo. La caída del padre de todos ellos, el comunismo, abatió a los demás y dejó sin norte a una generación y media de idealistas. Tal vez este vacío de utopías, tal vez la batahola de los 500 años, tal vez el inusitado papel político de los Muelas y de los Birris a partir de la Constituyente, tal vez un incógnito designio milenarista, han determinado este nuevo culto al yagé, el rey de los vegetales, la bebida amarga que despierta dioses íntimos y conduce a un saber al margen de la lógica.

18 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Hace unos tres años comenzaron los movimientos de botellones cargados de yagé, desde Brasil, desde el Caquetá, desde el Putumayo, hacia Bogotá. Con sigilo, los antropólogos puntas de lanza de esta sutil penetración vegetal llaman amigos para la experiencia, gente con el único requisito de estar en una búsqueda trascendental. Las muchachas son dulcemente apartadas si están con la menstruación.

En casas campestres de Silvania, de La Calera, de Pandi, un grupo heterogéneo de iniciados pasa una noche entera tomando pequeñas tazas de yagé, que reparte, desde un ámbito sobrenatural, un chamán indio venido especialmente para la ocasión. En los baños de la casa o entre los matorrales cercanos, los participantes son compelidos por la toma a limpiar el cuerpo mediante la vía del vómito y de la diarrea.

A continuación sobrevienen las visiones, las pintas , en lenguaje técnico. Fosforescencias en surtidor que se agitan y se dejan conducir a voluntad, animales fabulosos y selváticos, seres de otras dimensiones, ciudades de cristal desconocidas, todo muy brillante, activo y caridoscópico. En el punto alto de la noche, el chamán inicia las curaciones individuales. El soplo, el batir de unas hojas secas, las hojas del saber, ciertos cantos antiguos en lengua india y la ayuda de los espíritus del yagé, son los instrumentos sanadores. Amanece y, entre las brumas de pensamientos y premoniciones, no hay rastros de guayabo. Más bien, una sensación de novedad invade el organismo. Subyugados por el enigma Al lado de estas experiencias urbanas, algunos buscadores más osados han viajado al corazón de la selva, para tentar en su lugar natural al bejuco misterioso del que se extrae el yagé. El valle de Sibundoy en el Putumayo, las riberas del río Caquetá, el Araracuara en el Amazonas y los míticos cauces de los ríos Apaporis y Pirá-Paraná en el Vaupés, se han convertido en sitios de una suerte de peregrinaje del saber ancestral.

Ya no son solamente los antropólogos quienes acueden. Escritores, abogados, artistas, biólogos, periodistas, se han dejado subyugar por el enigma. Y no solo colombianos. Norteamericanos y franceses andan escudriñando en canoas, por entre caños de aguas color negro, con botas pantaneras, hamaca y toldillo. Todos regresan maravillados con la sabiduría que demuestran unos hombres septuagenarios, que se coronan de plumas, que se convierten en tigres y entonces comen carne de lapa cruda, que comandan los truenos, los vientos y las lluvias.

Se han hecho célebres varios de ellos. El taita siona Francisco Piaguaje, ponente en un congreso de antropología a mediados de año en la Universidad de los Andes. Don Laureano Becerra, un ingano poseedor de los secretos de las plantas. El payé (así le dicen a los chamanes en el Vaupés) Juan Gómez, el más joven, de 42 años, habitante de los diez mundos de la cosmovisión amazónica. El taita Martín Agreda, un kamsá del Sibundoy, quien durante una semana dictó un seminario sobre yagé en la Universidad Nacional.

Este último ha sido el máximo evento de la irrupción chamanística reciente. Durante 15 días, el Auditorio León de Greiff fue escenario atónito de las charlas del taita Martín y del antropólogo William Torres, quien es tal vez el científico joven más adentrado en los misterios del yagé. Mientras el indio explicaba su relación cognoscitiva con los colibríes, el antropólogo proclamaba, en palabras lentas y llenas de poesía, la emergencia paulatina de un nomadismo del pensamiento. .

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