TRAVESÍAS

TRAVESÍAS

La aventura no es solo una forma de conocimiento sino, quizá, su condición fundamental. Que lo digan desde los aventureros del pensamiento hasta los de la ciencia y el arte. Desde la brillante ambigedad de los sofistas, hasta el desafío de los cuerpos de Bacon. Solo que en ocasiones se ha confundido la rigurosidad con el bostezo y lo sistemático con lo limitante.

18 de octubre 1992 , 12:00 a.m.

Pero eso no es un problema de la investigación, sino de ciertos investigadores.

Hoy, por lo pronto, como lo hace G. Deleuze, se enfatiza en lo nomádico. Giacomo Marramao, el filósofo italiano, prefiere hablar de la experiencia contemporánea como una experiencia de tránsito, de viaje.

Solo que el viaje, en una cultura sanforizada se ha vuelto cuestión de exotismo, de millas recorridas. Otro asunto de consumo. Los kilómetros han remplazado a la intensidad interior y las guías predecibles a los itinerarios desconocidos. Reconocer las ciudades en las se vive o volver sin culpas al campo parecen ser ejercicios menores frente a otra temporada en Miami.

Posiblemente, en estos tiempos difíciles, algunas de las salidas a las violencias que se viven pasen por describir un país que no se ha conocido, tenga que ver con una escucha atenta de esas otras voces que suenan extrañas y paradójicamente intraducibles. Voces que hablan huitoto o skuani, pero también voces de colonos, de hombres y mujeres de las fronteras, de migrantes.

No es únicamente un problema de lenguas como en Babel. Lo es probablemente más de formas de vivir, de sensibilidades, de circunstancias vitales. De terribles ausencias e intolerancias.

Travesías , la serie dirigida por Alfredo Molano, comprueba cuán importante y necesario es tomar los caminos de este país para mostrarlo a otros que también viven en él.

Sin nostalgias. Sin buenos salvajes. Con el realismo de los lugares en que habitan, las tiendas en que compran, los sitios en que aman. Con la imaginación y la veracidad que brota de sus relatos, donde los héroes sin pretenderlo son ellos mismos.

Travesías dejó hablar a hombres que huyeron de un amor y se internaron hace años en la selva, que conocieron los pesares de las caucherías, que combatieron en guerras que aún recuerdan vivamente. Hizo ver que esos lugares que aprendimos en la geografía existen. Que Vaupés o Guainía, que Orinoco o Guaviare, no son solo nombres enigmáticos sobre un mapa, sino también parte de un país que no podrá nunca entenderse a cabalidad sin ellos.

Un bello manejo audiovisual, una selección precisa de los textos de apoyo y un tratamiento más narrativo que documental hacen de esta serie de Audiovisuales uno de los trabajos más importantes del año.

Preocupados siempre por el centro se ha vuelto la mirada a las fronteras. Allí, en las marcas del territorio, no termina sino empieza la esquiva y a la vez fuerte conciencia de la nacionalidad. También en las comunidades indígenas que recuerdan la existencia de otras sabidurías, de complejas formas de comprensión y creencias que deben entrar a formar parte de la tradición nacional.

Travesías invitó a los televidentes a una espléndida aventura. La de recorrer con ojos asombrados un país desconocido.

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