LOS HIJOS DE LA MUERTE

LOS HIJOS DE LA MUERTE

En 1988, en medio de una maraña de noticias apareció en los periódicos capitalinos una información insólita: un niño de once años decidió, a las 3:30 de la tarde, quitarse la vida. Poco antes le había comentado a su mamá que estaba aburrido. Un compañero de la escuela no lo dejaba en paz. Dijo que se sentía sofocado y que iría un momento hasta su cuarto. Allí, tomó un asiento, colgó una cuerda del techo y se ahorcó.

18 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Como otros tantos hechos de muerte violenta, el caso provocó asombro y comentarios morbosos entre los vecinos, familiares y amigos y uno que otro aparecido. Pero no más...

La prensa solo dio cuenta de este y otros dos casos de suicidio de menores durante 1988. Desde esta fecha y hasta el presente año, no se han conocido más. Sin embargo, psiquiatras y psicólogos se mantienen hoy en alerta porque al parecer, muchos menores y adolescentes están encontrando ahora en el suicidio, la solución a sus problemas .

La razón? Niños desde los tres y hasta los 16 años, abrumados por los conflictos de sus padres, por el peso de una gran carga emocional y personal, por la desesperanza y el vacío interior y en búsqueda de opciones, se están encaminando hacia esta, la más traumática de las opciones.

Teóricamente según la psiquiatra de la Universidad de los Andes, Sabrina Gómez este es un problema de origen trifactorial en el que intervienen el pequeño, la familia y el entorno.

Cada uno desempeña un papel específico: en el menor, el suicidio está asociado a la desesperanza, a la depresión, al temor de que sucedan las cosas más graves.

La depresión es enmascarada y la tapan con un comportamiento agresivo o hiperactivo. Por esta misma razón, en el colegio pueden ser líderes, populares o también pasar completamente inadvertidos.

La familia puede contribuir en la medida en que los padres a punto de separarse o aún separados, viven en permanente conflicto: su convivencia es una tortura, una amenaza, que sin darse cuenta los afecta directa y duramente. Señales de muerte Si hay una historia familiar de suicidas, lo más probable es que se intente repetir dicha conducta.

Sin embargo, hay una actitud que pesa más sobre todo el conjunto de razones, antes expuestas: si la mamá ante cualquier circunstancia adversa le repite: estaríamos mejor sin tí , tú solo nos traes problemas , tu hermano nunca nos hizo esto , etc. Es imposible que a su edad, un niño, cuya personalidad no está estructurada, pueda pasar estos mensajes mortales por alto.

En cuanto al entorno, la situación es parecida: hay muchos pequeños para quienes el reto académico se convierte en una obsesión fatal. En una fuente de valoración individual, que si no se alcanza, puede conllevar la desesperación y la baja de la autoestima.

Además, los papás también ejercen una fuerte presión sobre la parte académica. Los saturan de actividades: deporte, música, academia. Obligaciones y responsabilidades, que en la infancia no siempre se está en capacidad de asumir. El niño se convierte en una extensión de los papás. Así empiezan a tejerse la angustia y la ansiedad.

De otro lado, para Humberto Gómez Osorio, psiquiatra de adolescentes, y quien participó en el reciente XXXI Congreso Colombiano de Psiquiatría, en Manizales, la idea del suicidio, se puede iniciar desde edad muy temprana .

Claro, esta no es una definición absoluta, ni se puede aplicar a todos los casos. Hay algunos niños más vulnerables que otros, y al exponerse su vulnerabilidad, resulta posible que empiecen a manifestarse síntomas de una enfermedad psiquiátrica, como es el hecho de albergar y concretar ideas suicidas .

Algunos pequeños sienten que pueden legitimar el acto del suicidio, pues han oido o visto que otros lo han hecho. El ejemplo lo pudieron encontrar en la familia o en la televisión que transmite una visión de la muerte bastante singular: el que se muere hoy generalmente su héroe, mañana está vivo. Y entre menos edad tenga el niño, más expuesto está a creer que la muerte es algo pasajero y que se soluciona pronto.

Esta circunstancia también explica que el suicidio no se da solamente como una respuesta impulsiva, aunque se hayan presentado y descrito casos de suicidios típicamente impulsivos.

El final es siempre el mismo. Pero niños y niñas, intentan acercarse de manera diferente y de acuerdo con la edad, a la muerte. Es muy raro, que un pequeño inclusive de 4 ó 5 años se suicide sin antes dejar un mensaje, por lo general en forma de cartas, notas, dibujos.

Hay quienes empiezan a repartir sus pertenencias, a dejar mensajes como yo creo que no me van a ver más , manéjense bien o yo quiero manejarme bien, porque tal vez no voy a vivir mucho tiempo .

Con un poco más de edad, las niñas, por ejemplo, intentan cortarse las venas, para mostrarle y contarle a todo el mundo, su conflicto y lo que son capaces de hacer.

Los niños generalmente, piensan en sobredosis de pastillas y más tarde en armas de fuego y ahorcamientos.

De todas maneras, estas expresiones son la manifestación de que algo no anda bien. Lo que los niños están buscando dice Gómez Osorio es enviar un mensaje de que su preocupación con ideas de autodesintegración, provienen de un sentimiento de desespero, de depresión, de inseguridad o de frustración, que pueden solo concretarse en la muerte. La otra opción Es cierto que en la mayoría de los casos, los padres no se enteran de que sus hijos atraviesan por situaciones críticas: el trabajo, la televisión y otros medios, imponen el silencio.

Sin embargo, los psicólogos recomiendan que se mantenga una comunicación constante con los hijos, que se les pregunte acerca de sus preocupaciones y alegrías. Aquí también juegan importante papel, los profesores quienes pueden convertirse en orientadores e interlocutores propicios.

A nivel institucional, son pocas las entidades que se encargan de brindar ayuda, sobre todo para fenómenos como el suicidio.

Sin embargo, en Bogotá, funciona el programa La Casa de la Universidad de los Andes, que tras una llamada de consulta o de solicitud de ayuda, busca mostrarle al adolescente otras alternativas.

Algunas personas dice María Constanza Lozano del Programa llaman dopadas o ya han hecho el intento de suicidarse. Entonces, hay que solicitarles el teléfono de una persona que las conozca y si es del caso, llevarla a una clínica.

Después se les pone inmediatamente en contacto con un psicólogo, quien se encarga de brindarle terapia psicológica individual en un taller de arte. Ahí los adolescentes pueden durar entre tres y cinco meses dependiendo del caso.

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