Nos duele Colombia

Nos duele Colombia

El editorial de EL TIEMPO ‘Dejar puertas abiertas’ demuestra que en el duro, largo y azaroso camino antiterrorista, a Uribe sólo lo acompañará incondicionalmente el pueblo raso. Ese pueblo –antes abandonado a su suerte, desplazado, humillado con la destrucción de sus bienes, adolorido con sus muertos o viendo partir al ser amado hacia campos de concentración de secuestrados–, ese pueblo, digo, tiene un líder que lo conduce a la libertad y la seguridad. Por eso cierra filas, leal y confiado, con él.

24 de octubre 2006 , 12:00 a. m.

Cierta élite, en cambio, es siempre veleidosa y caprichosa. Hace cuatro años emigraban al exterior, sin encontrar quién quisiera comprar sus empresas.

Hoy, cuando les llueven propuestas, algunos creen que es mérito propio. La confianza inversionista, piensan, la merecían de todas maneras; y preguntan, ¿para garantizar eso no es, pues, el Estado? Y, algunos medios de comunicación, muy dados a declararse neutrales en la “Guerra Civil” o “Conflicto Interno Armado”, es decir, neutrales en la lucha que el Estado libra contra lo que ellos llaman “oposición armada”, no quisieran recordar que hace cuatro años casi no había empresarios anunciadores; y que hoy, gracias a las trasnochadas de Uribe y de la Fuerza Pública, los hay en abundancia –a septiembre de 2006, la prensa pudo vender (¡muy bueno!, no nos da envidia) 654 mil millones pesos; las revistas, 201 mil millones; y la radio, 1 billón 114 mil millones–. ¡Ah!, tampoco recuerdan que a cualquiera que transara la milésima parte de esos billones se lo llevaban las Farc hacia ‘cambuches’ cercanos a Bogotá –actos que el doctor Rojas, director del Instituto del Pensamiento Liberal, se niega a llamar Secuestro, porque son, según él y las Farc, retenciones para el cobro de legítimas contribuciones económicas (ver página de las Farc)–.

Colombia y su gobierno son las instituciones más vituperadas del mundo.

Hagan los lectores la prueba de mirar en Internet. Pero, además de insultos directos, son millares las acusaciones veladas, esas que se introducen con comentarios como “circula la versión...”.

Por ejemplo, el mencionado editorial: “¿Tiene esta tajante decisión presidencial alguna relación con preocupaciones de imagen, o encuestas internas que sugieren que su perfil de líder inclaudicable contra la guerrilla habría sufrido deterioro por cuenta de sus recientes propuestas a las Farc?”. ¡Qué alevosía! Los argumentos contrarios estaban a la mano.

Bastó leer el informe que para esa misma edición preparó, juiciosamente, el periodista Edulfo Peña. O releer en eltiempo.com la versión íntegra del discurso, que no necesitaba interpretaciones. O si no, ¿a qué encuestas se refería? ¿Qué hecho, uno solo, hace pensar que Uribe no es el líder de la Nación colombiana, sino un monigote pendiente de saber cómo lo ven o qué dicen de él? Cuando hay un crimen terrorista, los ‘neutrales’ sopesan como éticamente iguales las declaraciones de las Farc y del Gobierno. O es común que repitan declaraciones de ciertos irresponsables que, en estricta lógica, nos llevarían a tener que lamentar que no haya habido muertos, porque, “cuando no los hay queda demostrado que la bomba fue puesta por el ‘Ejército y no por las Farc’ ”. El atentado, según inefables personajes, “buscaba romper los acercamientos que adelantaba el Gobierno con las Farc hacia el intercambio humanitario, desviar la atención del debate sobre los nexos de políticos con paramilitares, y amenazar al Comandante del Ejército”. Es decir, la bomba la puso la víctima.

Miembros de la Fuerza Pública han cometido errores y, también, crímenes.

Pero ni el Gobierno ni los militares y policías, por culpa de unos pocos, van a caer en un complejo de culpa colectivo que paralice su accionar.

Transparencia para investigar pero, también, energía para seguir la lucha.

Después del discurso del viernes, cuando algún ingrato les diga que las Farc están “intactas” o los acusen de ser igual de criminales a ellas, los oficiales de la Fuerza Pública no replicarán. Esperarán las decisiones judiciales, porque saben que a quien así habla, sin pruebas, lo mueve una de estas cuatro razones: estulticia, ingratitud, cobardía o complicidad. Ellos, con nobleza y valentía, seguirán liberándonos de la férula del terrorismo.

Hoy, España es una nación unida contra los terroristas. Allí, nadie se declara neutral ni le busca “causas nobles” y políticas a su sinrazón. Allí no se toleran apoyos o legitimaciones de la Eta o de sus cómplices legales.

¡A ellos sí les duele España! *Asesor de la Presidencia

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