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LA GRAN FIESTA DE LOS DEBUTANTES

LA GRAN FIESTA DE LOS DEBUTANTES

Al final de la función del estreno, haciendo sumas y restas, el estreno de las Bodas de Fígaro, la inmortal ópera de Mozart y último título de la IV Temporada de la Nueva Opera de Colombia, pasó la prueba. Pero no resultó del todo ilesa. Fue un riesgo innecesario entregar las riendas de la puesta en escena a figuras que demostraron talento, pero que también en muchas oportunidades dejaban entrever que aún les faltan horas de vuelo.

Dirigiendo musicalmente a la Sinfónica de Colombia, Manuel Cubides hizo su debut lírico midiéndosele a un reto que perfectamente ha podido significarle también el final. Demostró que tiene talento. Admirable sin duda que haya mantenido a lo largo de casi cuatro horas de música la situación bajo control, con el dominio de la cuadratura y redondeando momentos impecables; solo que en una ópera de la complejidad de Bodas esto no basta, también hubo pasajes tediosos, y en demasiadas oportunidades no consiguió salir de lo apenas correcto para trascender y llevarla a su justa dimensión.

Algo similar con la alemana Sabine Hartmannshenn a quien se encomendó la dirección escénica y quien hizo para el Colón su primera producción profesional independiente. Su propuesta, en medio de decorados de época, prefirió movimientos más de tipo realista, -esto es lícito- evitando referencias al lenguaje dieciochesco. En más de una oportunidad supo ir al humor de la obra, el público pareció divertirse con los recitativos ( los subtítulos ayudan mucho), tuvo logros con la divertida entrada de Antonio en el concertante del segundo acto.

Sin embargo (aparentemente esto forma también parte de su propuesta) tomó la decisión de desmembrar el tercer acto, del cual borró completamente la presencia de Barbarina y la de Cherubino, a quienes hizo aparecer en la escena de la boda reemplazando las muchachas campesinas. Desubicó la gran aria de la Condesa Dove sono para instalarla enseguida de la del Conde -esto no es muy lícito- convirtiendo la escena en una sucesión de arias y nada más. La suma de cortes, tanto fragmentos musicales como recitativos, (es tradición por ejemplo eliminar las arias del Basilio y Marcellina) confundió el desarrollo del equívoco: Cuál alfiler busca Barbarina y cómo es su relación con Cherubino? para apenas dar un ejemplo.

Vestuario y decorados de Michael Zimmermann tampoco ayudaron demasiado. Respetable la idea de que el Castillo de Aguas Blancas esté medio en ruinas, pero la factura de los decorados era fallida. Además, espacios escénicos tan similares y monótonos hacían pensar en la necesidad de trabajar cuatro escenografías diferentes, de las que el último acto fue sin duda el más logrado y el segundo el más desafortunado.

Con el vestuario hay que profundizar un poco. El fundamento de Bodas... (las de Beamarchais y las de Mozart/Da Ponte) son las difíciles relaciones entre las clases sociales ad-portas de la Revolución Francesa. Lamentablemente el vestuario, con excepción del Conde, no consiguió establecer visualmente ese abismo entre los personajes: casi ninguna diferencia entre la Condesa y Susana, su camarera! Esto, a la altura del último acto confundió la comprensión del equívoco. El diseño y su colorido eran desconcertantes: por una parte impecable en los casos del Conde y Cherubino, anodino en el de Fígaro; discutible con Susana; desastroso para la Condesa, y exagerado en exceso para Marcellina. Ya para concluir, habría que decir que, salvo el último acto y el inicio del segundo, no hubo luces sino alumbrado.

Finalmente vamos con el elenco. Fígaro estuvo a cargo del barítono noruego Espen Fegran. Este no logró que su personaje se impusiera como protagonista, ni musical ni escénicamente. El instrumento no es particularmente brillante, tampoco su volumen, en su canvatina Se vuol ballare, los agudos parecían mas marcados que cantados, estuvo insulso en su gran aria Non piú andrai y desaprovechó el Aprite un po quegl occhi. Pasó inadvertido.

Por su parte, la soprano Juanita Lazcarro como Susana fue la auténtica triunfadora de la noche. Se impuso en escena y vocalmente. Sin duda es la única solista del elenco que no se atrevería a calificar de mozartiana, bello timbre, la voz fluye con naturalidad, estuvo segura en los agudos, sabe de fraseo y sobre todo canta en el sentido italiano de la palabra. Cosechó el único aplauso importante de la noche por su Giunse alfin il momento.

Otro que corre con suerte es el barítono Juan Carlos Mera quien hizo la parte del Conde. Su voz no es la más apropiada para este tipo de personajes y el fraseo no muy ortodoxo, pero salva estos baches con un instrumento de presencia importante y con carisma. Así sorteó bien su gran aria Vedro mentre io sospino, más con convicción que con la nobleza y el carácter maestoso de la partitura.

Como Condesa estuvo la soprano Andrea Trauboth quien protagonizó los momentos más comprometidos de la noche y anduvo con demasiada frecuencia en el filo de la navaja. Su Porgi amor fue un sencillo desastre, demasiadas notas en falso, casi siempre desafinada e ingrata en la región aguda, tampocó corrió con suerte en el Dove sono y dio en la flor de olvidar el texto del duettino Sull aria, Lascarro salvó la situación. Lamentable no haber recurrido a Marina Tafúr para hacer la condesa.

El regreso a la ópera colombiana de la mezzosoprano Marta Senn como Cherubino no fue particularmente memorable, sin embargo, se desenvolvió como toda una profesional, a pesar de que la reggia restó brillo al personaje. Cantó bien Non so piú cosa son, (sus agudos nunca corren fáciles) y atendió más las filigranas del adolescente que quiere Mozart. Fue correcta su versión de la arietta Vio che sapete.

La presencia de la mezzosoprano alemana Camille Ueberschaer como Marcelina pareció innecesaria, como mezzo de carácter su voz no es particularmente destacable, tampoco su desenvolvimiento en la escena. En cambio, Soalye Aroca en la cortísima parte de Barbarina mostró calidad y un instrumento con suficiencia de medios, hasta arrancó un estimable aplauso su cavatina l ho perduta. Los demás miembros del elenco cumplieron bien en general. También el coro de la Nueva Opera y la Sinfónica que trabajó bien desde el foso.

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