Secciones
Síguenos en:
OCUPACIÓN CONCERTADA

OCUPACIÓN CONCERTADA

Con una mezcla de fuerza aplastante y diplomacia sutil, ha logrado el presidente Clinton realizar por consenso la ocupación de Haití. Era claro que quienes allí han venido detentando el poder carecían de medios para resistirla. Pero podían darle el viso de despiadado baño de sangre y en todo caso ver de hostigarla con recursos terroristas. La gestión diplomática del ex presidente Carter estaba destinada a lograr los objetivos sin prescindir de la misma ocupación. A facilitarla y no a detenerla ni obstruirla. Puesta en marcha una complicada máquina de guerra y esgrimido el argumento de la imperiosa necesidad de su intervención, no resultaba viable desmontarla si no se obtenían de una u otra manera sus fines.

En el vidrioso manejo de la situación, el presidente Clinton tuvo el cuidado de no precipitarse. De evitar en lo posible el desenlace de la violencia mientras hubiera una ceja de luz en el horizonte. Los militares haitianos debían tener una última oportunidad de decidir si sometían a su país al riesgo de acciones desesperadas o si aceptaban dejar el gobierno de facto. No era todo. Entre las condiciones impuestas figuraba el regreso de Aristide, el Presidente legítimo al que habían derrocado, querido por la gran mayoría pero también odiado por camarillas influyentes.

La cruel dictadura se va pero se mantiene formalmente por pocos días mientras se tramita la amnistía en favor de los militares golpistas. Podrá regresar el presidente Aristide, aunque no proceder a enjuiciarlos por el hecho de haberlo depuesto. Ni tomar represalias. Cubiertas las espaldas, si no colaboran al restablecimiento democrático, al menos no tendrán motivos personales para entrabarlo. Es a los jefes superiores a quienes tocará cumplir la orden inapelable de marcharse, impartida por la ONU y materializada por Estados Unidos.

En la práctica, en medio del ruido de armas y del supremo esfuerzo diplomático, ha habido, en paz, una especie de transmisión de mando. No obstante permanecer por corto plazo las actuales autoridades haitianas, los jefes de las fuerzas de ocupación empezarán a ejercerlo, tanto más cuanto aquellas carecen de legitimidad. Algo así, guardadas las distancias, como McArthur en el Japón al término de la segunda guerra mundial. Solo que esta vez sin destrucción y, desde el principio, en plan de reconstruir y de restaurar las instituciones democráticas.

La ocupación había llegado a ser inevitable desde cuando los autócratas haitianos se rebelaron contra las determinaciones de la ONU. Es sin embargo con inmenso alivio como el mundo registra que ocurra sin derramamientos de sangre, en una operación limpia, impregnada de reflexión y compasión humana. Los motivos altruistas debían reflejarse en la precaución y la prudencia del comportamiento.

Lo que ahora comienza, tras el cumplimiento de lo acordado con la misión Carter, es el retorno del régimen democrático, de las libertades públicas, de la seguridad ciudadana , y, en primerísimo término, la lucha contra la extrema pobreza y los flagelos de la insalubridad y la ignorancia. Más que reconstruir al país devastado, volver a levantarlo, casi desde sus cimientos, y en este proceso, asentar la convivencia y mantener el orden.

El paso más peligroso se ha dado con tacto y fortuna. Resta lo más arduo: lo que llevaba a la intervención militar. No tan solo el regreso del presidente depuesto.

Hombre de bien Gonzalo Canal Ramírez, quien a sí mismo se definía como un tipógrafo, era un idealista, varón de letras, escritor asiduo y recio carácter en su frágil envoltura humana. Civilizado como el que más, tenía valor indomable para pregonar sus ideas, con señorial cortesía pero también con irreductible firmeza.

Con la noticia de su muerte, viene a la memoria uno de sus gestos característicos, muy de su personalidad hidalga y quijotesca. Cerrado arbitrariamente EL TIEMPO en un alarde de arrogancia del poder dictatorial, el ex presidente Eduardo Santos quiso publicar un memorable documento de acusación y protesta. Dadas las circunstancias, pensó que debía hacerlo en forma clandestina, si no era posible traerlo del exterior. Informado Gonzalo de esta perspectiva, se ofreció espontáneamente a asumir en Colombia la azarosa responsabilidad, con el pie de imprenta de la suya. Correría de balde todos los riesgos.

En homenaje de gratitud a su memoria y como ejemplo para las nuevas generaciones, parece justo traer al recuerdo esta bella anécdota de un hombre de bien, estoico y magnánimo, que amó y sirvió a su patria con generoso corazón. Solidario en las desgracias, desprendido en los éxitos, amigo discretísimo con el que en todas las vicisitudes se podía contar.

Otro crimen atroz El país vuelve a conmoverse con el asesinato de otro distinguido parlamentario en predios de la Universidad de Medellín. Como si en su mismo patio se hubiera decidido cortar las más destacadas flores del liberalismo y de la inteligencia de la Montaña. Un Procurador, un Senador, ahora un Representante, los tres hombres de nobles disciplinas intelectuales.

En algún vuelo de regreso al país coincidí con Arlen Uribe. Jovial, descomplicado y robusto, me dedicó el libro que acababa de publicar. En sus palabras se reflejaba su fervor político, de definido corte ideológico, inclinado a acentuar la democracia en todos los órdenes. Juventud promisoria, llamada a abrirse paso en estrecho contacto con las masas populares, ve truncada su vida por aleves balas homicidas.

En presencia de esta nueva tragedia que a todos los colombianos sorprende y conturba, debemos formular votos por que no quede impune y en el misterio como tantas otras. Por que cese el derramamiento de sangre y renazca la concordia en los subfondos del odio y la violencia.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.