EL BUEN DOCTOR NO

Gracias a James Bond y a la ciencia ficción, se hizo famoso un malévolo personaje: El doctor no . Cometía toda clase de tropelías y crímenes en nombre de ese mundo perverso en que se mueve Bond. Los colombianos tenemos un doctor no pero, afortunadamente, bueno. Es el ministro de Hacienda. Como todos, o casi todos los ministros de esta Cartera, encarna, ante muchos, el personaje malo del paseo. El ministro Hommes tiene que librar arduas batallas y decirles no a los compañeros de gabinete, a las instituciones, a algunos planes de inversión. Su tarea es cuidar, como buen administrador, los fondos del Estado; saber cuánto puede dar a cada quien, y claro está, se convierte por ello en un ser antipático para aquellos ansiosos ejecutores de planes e inversiones, que generalmente realizan para beneficio de su administración. La historia se repite. Los mandatarios saben que en el ministerio de Hacienda no pueden tener a una persona complaciente o débil. Al contrario, debe ser alguien que ten

15 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

El doctor Rudolf Hommes, como casi todos los ministros de Hacienda, es hoy impopular. Quienes son gravados le achacan sus penurias económicas. Otros miembros del gobierno le imputan sus fracasos, por no votar un presupuesto adecuado. Cuando le llueven exigencias, también cae sobre su persona un aguacero de insultos. Pero el doctor Hommes o doctor no como lo llaman sigue cumpliendo su tarea a veces hasta con humor y los objetivos logrados en el vasto campo de administrar la hacienda y la economía de un país, van a resultar favorables cuando termine su labor. Por eso creemos justo enviarle una voz de aplauso, sobre todo de apoyo, porque no siempre a los complacientes se les debe elogiar. La recia posición del ministro de Hacienda es muchas veces incomprendida, mas con el paso de los días va recogiendo los frutos de su gestión, que en ocasiones se califica de extremista.

Nuestro doctor no es bueno. Y se ha ganado el título a fuerza de luchar para no ceder. Sus comprensibles errores los explotan, algunas veces con injusticia, tantos enemigos que surgen en esa dura labor de conseguir dinero para el gobierno. En estas horas de campaña, cuando se esbozan ya las tesis de los precandidatos, es conveniente leer los labios y no creer mucho. Si surge alguno que termine un mandato presidencial sin crear directa o indirectamente un gravamen, se habrá ganado el título de personaje no del año, sino del siglo. En Colombia, en los Estados Unidos, en los países del hemisferio, en Europa, y qué decir del Asia, andan cortos de dinero, y algunos casi quebrados. El dilema es: o ponen la maquinita de hacer billetes o esculcan el bolsillo de los contribuyentes para sacarles algo.

El impuesto es duro de pagar, a nadie le gusta, sobre todo si se invierte mal, pero es la mejor manera cuando se utiliza adecuadamente y posee bases justas de repartir la riqueza. Es lo que podría llamarse un buen principio de socialismo democrático. Y además, algo que hasta el momento ningún régimen político ha podido dejar de lado.

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