UN ENCUENTRO 500 AÑOS DESPUÉS

UN ENCUENTRO 500 AÑOS DESPUÉS

Alto Baudó (Chocó) Ayer, cuando se llegó al Quinto Centenario de la llegada de Cristobal Colón a América, se cumplieron 73 días del levantamiento de los indígenas embera y waunana, descendientes de tribus choco, en La Punta, sitio intermedio entre los ríos Pató y Baudó, cerca a Las Animas, kilómetro 70 de la carretera al Mar Pacífico. Por primera vez estos nativos, tocados por la civilización, salieron al encuentro de un atronador buldózer, dispuestos a defender lo suyo con arcos y flechas, lanzas, escudos y machetes. Y aunque no hubo refriega, ganaron su primera batalla.

13 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Una mañana después de celebrarse el Día de la Independencia, el 21 de julio, los indígenas montaron un cerco de 300 hombres ante al avance de la carretera, para que no fueran violados su patrimonio, su resguardo y sus costumbres.

Desde entonces y hasta la fecha, la obra está parada. Equipos y 130 hombres de la firma Pervel Ltda. aguardan un acuerdo para reemprender el trabajo. Nadie sabe hasta cuándo.

La cuchilla de la máquina dejó de hacer sangrar la selva, en vecindades de Nuquí (Chocó). Detuvo su impetuosa carrera hacia las costas del Pacífico, aunque no acalló del todo su grito monótono y estridente, en medio del silencio selvático, roto naturalmente sólo por el canto de las cigarras, el trinar de pájaros de vistosos plumajes y el chillido de cerdos silvestres.

Cada vez que truena la máquina, los aborígenes llegan a ver si es que se ha roto la tregua y verifican sus señas colocadas entre la jungla, para comprobar que no han sido burlados.

Los maquinistas explican, a señas o como se pueda, que se trata de simple mantenimiento. Para evitar que los motores se oxiden , dijo a EL TIEMPO el ingeniero residente Fernando García, en el campamento sobre la margen del río Pató.

Los indígenas hablan choco y embera, en distintos matices, según procedencia y ubicación, y un sinnúmero de dialectos que ya incorporan palabras del español.

La carretera Las Animas-Nuquí detuvo su avance a la altura del kilómetro 70, faltando 58 kilómetros para llegar a su destino, porque los aborígenes del alto y bajo Baudó, asociados en la Organización Regional Embera-Waunana del Chocó (Orewa) se sintieron amenazados.

Vinieron a pedir que se haga respetar el entorno ecológico y la propiedad indígena en los sitios de interés de la Orewa.

Fueron escuchados y el Ministerio de Obras Púbicas, contratante, declaró la tregua. En acta de compromiso del 28 de julio, Francisco Rojas Birry, en representación de Orewa; Edgar Reyes Rodríguez, en nombre de los constructores, y funcionarios del Minobras capitularon un convenio para estudiar y definir acciones posteriores. La obra quedó exactamente en los 580 metros, del kilómetro 71, donde iba la explanación.

Ayer, 12 de octubre de 1992, seguían plantados en su petición: Aceptamos carretera. Quizá pueda ser útil. Pero pedimos que se respete la propiedad de las comunidades indígenas y la integridad de su reserva. Que el Gobierno nos ayude , dijo Ricaurte, un hombre de unos 40 años de edad, residente en la comunidad Santa María, en el alto Baudó.

Una cintilla de tela roja desteñida, amarrada a la cintura y por entre las piernas, con pliegues a manera de delantal pendular, muy delgado, cuelga hasta las rodillas y es su único traje. El cabello negro, liso, cae sobre las orejas buscando descanso sobre los hombros.

A nosotros gusta carretera. Es bueno. Pero nosotros queremos que no rompa resguardo , dijo Joselín, un joven que cubre sus intimidades con un pañito descolgado de la cintura y quien se hace acompañar de su esposa Imensia y uno de sus pequeños hijos, un bebé que permanece colgado del seno desnudo de la madre. Ella tiene un pañito pegado a la cintura, como único atuendo.

Pertenecen a la comunidad La Divisa, en el bajo Baudó, margen noroccidental de la carretera en construcción. Con ellos están María Cecilia, de no más de 15 años de edad y quien lleva ya pegado a su seno derecho a su primer hijo, y María Leira, nativa que luce collares de chaquiras azules, además de su taparrabo, por lujo y por conservar elegancia indígena , comentó Joselín.

De otro lado, representantes del Corpes de Occidente dicen que ellos estudiarán el impacto ambiental, social y cultural y señalarán los puntos de un nuevo acuerdo, para poder proseguir la obra atendiendo las expectativas indígenas y en estrecha cooperación de las comunidades, el Fondo Vial Nacional y el gobierno seccional del Chocó.

Por su parte, los indígenas vigilan celosamente que las máquinas de la civilización no enciendan sus motores. Saben de los beneficios del progreso, pero creen firmemente que es mejor el canto de los animales de la selva. Los sobrevivientes Joselín, un nativo de unos 30 años de edad de La Divisa, bajo Baudó, lamenta que ya sus hermanos no se pintan la cara, el pecho o los brazos, porque eso es ordinario .

Dice que éllos también quieren parecerse ya a los paisanos . Aparecen con la cara lavada y el cuerpo limpio y tienden a usar pantalonetas y las mujeres camisetas, para aparecer chévere .

Ellos forman parte de una familia ya casi extinta de los choco, unos indígenas con ancestros de antropófagos, de baja estatura (uno cuarenta a uno cincuenta en promedio) y braquicéfalos (de cráneos muy redondos), asentados en las húmedas selvas del departamento que acogió su nombre, el Chocó.

Aún quedan unas 200 familias, según Joselín. Estas fueron las que lograron parar la carretera al Mar.

Joselín señala con admiración, la elegancia de su compañera María Leira, quien luce en el cuello varios lazos de chaquiras, azules, blancas y de otros colores.

También muestra un collarcito con piezas emblemáticas, anudado al cuello del bebé que lleva en brazos Imensia, su mujer. Pero eso, para lamento de él de las costumbres ancestrales, ya no se usa, porque sus hermanos quieren aparecer chévere .

Viven de cultivos de plátano y limón, pesca y caza. Traen hacia el río Pató, caserío Antadó, cada hombre una ración de plátanos, 64 unidades, por lo cual se les paga 1.600 pesos después de caminar dos días y medio por entre la selva.

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