EL GASTO SOCIAL TODAVÍA COJEA

EL GASTO SOCIAL TODAVÍA COJEA

El Gobierno quiere darle un vuelco al gasto social, pero los problemas fiscales pueden dificultar la eliminación del rezago que se trae desde hace varios años. Uno de los últimos análisis realizados sobre el tema, indica que desde mediados de los años 80 el gasto social en el país ha venido perdiendo importancia frente al gasto público total y que sería necesario hacer un gran esfuerzo para recuperar los niveles de años anteriores.

13 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

La orden de aumentar el gasto social quedó consignada en la nueva Constitución. Pero de ahí a que alcancen los recursos y a que se pueda cumplir, hay un buen trecho.

Según el ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, de los 10.8 billones de pesos del presupuesto del año próximo, cerca de 3.6 billones serán para educación, salud, saneamiento básico, cultura, deporte y seguridad social. Obviamente no todo para inversión.

El funcionario ha explicado que esa partida representa un crecimiento de 34.6 por ciento frente a los 2.6 billones que se dedicaron a esas áreas en el presupuesto del presente año.

Sin embargo, a la hora de observar la participación sobre el total, el crecimiento no es grande. Basta recordar, por ejemplo, que en los últimos años de cada 100 pesos que gasta el Gobierno, 34 han sido dedicados al sector social y que lo presupuestado para el año próximo son 33 de cada 100 pesos.

Es más, los recursos para inversión propiamente dicha son inferiores. Según la Contraloría General de la República, mientras el Gobierno planteó en el plan de desarrollo que dedicaría 22.5 por ciento del presupuesto a inversión social en 1993, en el proyecto de presupuesto que está estudiando el Congreso sólo incluyó el 8.2 por ciento.

Que la cifra sea baja, es comprensible por las dificultades del fisco nacional, generadas especialmente por la crisis eléctrica y los fenómenos de inseguridad. Pero lo que preocupa, según la Contraloría, es que en 1992 se haya dedicado 9.5 por ciento del presupuesto y ahora la participación sea inferior.

Esos porcentajes en cifras absolutas dejan ver claramente la diferencia. En el presente año, con un presupuesto inicial de 7.2 billones de pesos, lo dedicado a inversión en el sector social eran aproximadamente 684 mil millones de pesos.

El año próximo, de un presupuesto de 10.8 billones, se destinarán a inversión social 885 mil millones de pesos.

Basados en esas cuentas del Contralor, habría que concluir que el crecimiento será de 29 por ciento, es decir, que en términos reales será bajo. Sólo unos tres o cuatro puntos por encima de la inflación.

El planteamiento de la Contraloría llama la atención porque, según Hommes, los pagos de inversión totales del país aumentaron en 30 por ciento en 1991, espera terminar este año con un crecimiento de 36.8 por ciento y de 49 por ciento en 1993. Si ello es así, quiere decir que los mayores pagos por inversión no han sido precisamente por los recursos que se dedican al sector social. Atraso notable A no ser que en la adición presupuestal que se busque el año próximo se incluyan nuevas partidas para inversión social, el atraso que registra el país en este campo podría seguir como venía a finales de los años 80.

Un estudio realizado recientemente por la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo) y el Instituto SER de Investigación, demostró que mientras en 1984 para el gasto social se dedicaron casi 43 pesos de cada cien del gasto público, de ahí en adelante descendió hasta 35 por ciento y menos.

A mediados de los ochenta, Colombia se destacó por el manejo de la situación social, pero luego entró en un período de estancamiento, cuyo efecto se ha sentido especialmente en los últimos años. Hasta tal punto, que ya muestra un descenso frente a los niveles internacionales.

Según los patrones externos, la proporción debería mantenerse en alrededor de 40 por ciento, en naciones que dedican al gasto público una cuarta parte de su Producto Interno Bruto (PIB).

En el caso colombiano, el gasto público es un poco inferior al 25 por ciento del PIB, pero tiene una característica especial. En las mediciones internacionales no se incluye el gasto en vivienda, cosa que sí ocurre en Colombia. Lo anterior implica que si se excluyeran los recursos para ese sector, la participación frente al presupuesto debería ser superior. Y precisamente en el presente y los dos próximos años, los recursos dedicados al programa de vivienda social serán muy superior a los años anteriores.

El descenso ha sido tan notable dice el estudio que, por ejemplo, los gastos de funcionamiento en educación durante 1990 no alcanzaron a representar lo que se había gastado en 1984. Ahí está una de las explicaciones de la menor calidad de la educación. Los colegios de rendimiento alto disminuyeron de 25 a 17 por ciento, mientras los de rendimiento bajo aumentaron de 27 a 46 por ciento del total de entidades educativas.

En el sector de la salud, el panorama tampoco es el mejor. En 1990 Colombia dedicó 1.2 por ciento del Producto Interno Bruto a dicho gasto, mientras que el promedio de América Latina fue de 2.0 por ciento y en los países desarrollados 8.3. Elevar el gasto Si Colombia quiere volver a ocupar los puestos que tuvo en los años 80 por el manejo social en la región, tendrá que elevar de manera considerable y permanente los recursos para ese sector, como lo ordena la Constitución.

Algunos estudios han planteado que del 6 o 7 por ciento del PIB que se ha dedicado en los últimos años, habría que llegar a 9 por ciento en 1995 y a 10 por ciento en el año 2000.

Pero no sólo se trata de realizar más gastos en el sector social. Además, hay que trabajar en otros frentes para evitar que la situación de los trabajadores colombianos mejore y no se deteriore, como ha ocurrido en los últimos años.

El índice del salario real básico en el país, según Fedesarrollo, pasó de 104.4 en 1986 a 96 en 1991. Eso quiere decir que cada 100 pesos que se reciben hoy por el salario mínimo, rinden menos que hace cinco años.

Igualmente, hay que trabajar en generar más empleo formal, para evitar que siga creciendo el subempleo, que aumentó de 11 a 16 por ciento entre 1989 y 1991. (RECUADRO MAC)

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