LOS HISPANOS: REALIDAD O INVENCIÓN

LOS HISPANOS: REALIDAD O INVENCIÓN

En el verano de 1987, el sorpendente éxito de La Bamba, una película sobre la vida del cantante adolescente Ritchie Valens (cuyo apellido real era Valenzuela) inspiró una celebración en los medios informativos en torno al papel que desempeñan los hispanos en nuestra vida nacional. Pero ciertas ironías del filme pasaron inadvertidas. Sin embargo, La Bamba pinta un cuadro muy típico de la vida norteamericana, con sus aspiraciones y su asimilación.

12 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

En la película, el papel de Valens no fue representado por un méxico-americano, sino por un joven actor llamado Lou Diamond Phillips, nacido en Filipinas y criado en Texas.

Al año siguiente, Phillips representó de nuevo a un méxico-americano en Stand and Deliver, una película sobre Jaime Escalante, el profesor de matemáticas que fue elogiado por su labor con estudiantes de secundaria del este de Los Angeles. El boliviano Escalante fue representado por el actor méxico-americano Edward James Olmos, quien se crió en el este de Los Angeles. El libreto fue coescrito y el filme dirigido por Ramón Menéndez, un cubano graduado de la Escuela de Cinematografía de la Universidad de Los Angeles.

Los argumentos de ambos filmes sugieren lo problemático que puede resultar el vocablo hispano. Ambas películas, que atrajeron tanta atención positiva hacia los hispanos, en realidad se referían a méxico-americanos. Al mismo tiempo, fueron proyectos en los cuales colaboraron hispanos de ascendencias diversas, lo que sugirió la posibilidad de una naciente cultura hispánica multiétnica. En este sentido, los filmes suscitan la pregunta: Es que el término hispano tiene alguna sustancia, o es meramente creación de magnates de los medios de información y empresarios políticos? Alejandro Portes, un sociólogo nacido en Cuba que enseña en la Universidad de Johns Hopkins, está entre los que tiene el segundo punto de vista. Portes mantiene que la solidaridad étnica hispana es bastante frágil, porque fundamentalmente es algo creado por la política y no basado en las experiencias reales de los grupos así denominados . Pero lo difícil de este postulado es que lo que comienza como una creación política con frecuencia acaba por definir experiencias reales .

Para ser más precisos, el vocablo hispano refleja la difundida tendencia que hay en Estados Unidos de estimular a los miembros de estos grupos a que se definan a sí mismos en términos raciales divisivos y no del todo apropiados.

Para la mayoría de los hispanos, el idioma español es el símbolo más intenso y visible de su patrimonio cultural común. Esto es cierto, aun cuando una cuarta parte de todos los hispanos en Estados Unidos no hablan el idioma de sus antepasados.

Los latinos también comparten una larga y ambivalente relación con la Iglesia Católica. En parte, esa ambivalencia refleja el historial que tiene la Iglesia en cuanto a forjar alianzas con elites latinoamericanas europeizantes y a distanciarse de los intereses de las poblaciones indígenas. Como los hispanos generalmente no han traído su propio clero a Estados Unidos, esta brecha ha persistido en este país, particularmente porque la Iglesia Católica norteamericana ha sido dominada por sacerdotes irlandeses, con nociones muy diferentes de la fe. Las culturas hispanas también enfatizan el personalismo, lo cual dentro del contexto religioso se traduce en apoyarse más bien en lazos con clérigos particulares o en devociones a santos patronos, y no en la Iglesia como institución.

Entre los puertorriqueños y los mexicanos en especial, esta ambivalencia tradicional ha dado lugar a continuas deserciones hacia varias denominaciones protestantes, especialmente pequeñas sectas fundamentalistas. Hoy en día, solo alrededor del setenta por ciento de los hispanos son católicos.

Finalmente los hispanos comparten el gusto por la vida familiar. Por ejemplo, mientras que el setenta por ciento de los hogares no hispanos son mantenidos por familias, más del ochenta por ciento de los hogares hispanos lo son. En realidad, como advierten los investigadores, los hispanos experimentan separaciones y divorcios con la misma frecuencia que los blancos no hispanos. Incluso, una proporción mayor de familias hispanas están encabezadas por mujeres solas. Pero las familias hispanas cuentan con más miembros que las no hispanas, incluyendo a los abuelos u otros parientes.

Las similitudes culturales no quieren decir que esté surgiendo una identidad hispana cohesiva en Estados Unidos. Con frecuencia estas características en común conducen a fricción entre los grupos. Fuertes lazos familiares pueden obstaculizar el desarrollo de las relaciones impersonales que se necesitan para forjar organizaciones políticas estables. Una religión común tampoco es garantía de cohesión, especialmente porque los latinos de diferentes países con frecuencia veneran a diferentes santos y advocaciones marianas. Tampoco el idioma español representa la fuerza unificadora que típicamente se supone sea.

Los cubanos son, según casi todos los índices socioeconómicos, los hispanos de más éxito. Tienen un mayor nivel de educación, la tasa más baja de desempleo, los mayores ingresos por familia, la proporción más baja de individuos y familias que viven por debajo del nivel de pobreza, el mayor índice de cosas propias, y el más bajo de hogares encabezados por mujeres. En contraste, los puertorriqueños son los que menos han prosperado y en algunos sentidos están en peor situación que los negros. Los mexicanos quedan generalmente entre los cubanos y los puertorriqueños.

Estas diferencias socioeconómicas reflejan la historia propia de cada grupo y las circunstancias de su llegada a Estados Unidos. Los cubanos vinieron como resultado de la revolución de Castro, y aun cuando (con la excepción de los llegados por el puente de Mariel) han venido relativamente bien dotados de recursos financieros y educativos, han recibido en calidad de refugiados, ayuda considerable del gobierno federal. Los puertoriqueños, por otra parte, han venido al continente con menos ventajas, por haber sido desplazados del campo y de las ciudades por la rápida industrialización de su isla.

Los mexicanos presentan un historial más complejo. Muchos han sido residentes de Estados Unidos por largo tiempo, y algunos pueden trazar la línea de sus antepasados no solo hasta la época en que el suroeste norteamericano era aún parte de México, sino a los milenios antes de la llegada de los europeos al continente. No obstante, la abrumadora mayoría de los mexicanos que hay en Estados Unidos hoy en día son inmigrantes recientes, muchos de los cuales llegaron ilegalmente.

Esas diferencias históricas y socioeconómicas son obviamente importantes, pero su significación política no se hace evidente de inmediato. Cada grupo, por cierto, mantiene una relación única con el sistema político nortemericano. Los cubanos son el grupo más pequeño (constituyen menos del cinco por ciento de todos los hispanos), pero son, políticamente, los más poderosos. Como refugiados, han soñado por mucho tiempo con derrocar a Castro y regresar a su país. Pero en un momento en que ese sueño parece estar más cercano a realizarse, que nunca, su atractivo ha comenzado a disminuir, especialmente entre los cubanos más jóvenes que han nacido y se han criado aquí. Es sorprendente que los cubanos tengan un índice significativamente mayor de la naturalización que los mexicanos, cuya larga y compleja historia en el suroeste ha resultado en uno de los índices más bajos entre todos los grupos en Estados Unidos. Eso ayuda a explicar por qué los mexicanos aún están por ejercer poder político en proporción con sus números. En contraste, los puertorriqueños son ciudadanos norteamericanos al nacer, pero su migración circular entre la isla y el continente los convierte en el más débil de estos tres grupos.

La constante posibilidad de cierta animosidad entre estos grupos estimula los esfuerzos por restar énfasis o incluso ignorar sus diferencias, y por enfatizar las similitudes entre los hispanos. Pero los motivos más fuertes para adoptar la etiqueta de hispano no son solamente defensivos. Los que con más frecuencia se refieren a sí mismos o a otros como latinos o hispanos son los políticos más cosmopolitas y de más tendencia hacia lo nacional. Porque si convertirse en hispano le permite a cada grupo llegar a ser una minoría nacional, también les permite convertirse en una minoría nacional, o sea, un grupo que ha sufrido discriminación racial, y por lo tanto necesita ayuda y programas especiales. Por lo tanto, la frase minoría nacional abarca las dos caras de una moneda muy importante.

Solo comerciando con esa moneda, grupos que en otros aspectos son dispares y locales pueden competir políticamente con los negros, sus únicos rivales a la hora de reclamar la atención de las élites políticas nacionales. En el discurso contemporáneo, hispano ha llegado a ser usado como una designación racial no blanca similar a negro. En realidad la frase blancos, negros o hispanos , ha llegado a ser tan familiar que olvidamos que mientras blanco y negro son categorías raciales, hispano es una categoría nacional y cultural.

Así, dependiendo del contexto específico, los hispanos pueden alegar que son un grupo étnico de inmigrantes según el patrón clásico norteamericano o, de otra forma, un grupo minoritario que sufre discriminaciónn racial. Para observadores como Portes, esta confusión acentúa la artificialidad del término hispano. Sin embargo, la queja no tiene en cuenta el punto más importante: la impresión es lo que hace al término tan útil políticamente.

A pesar de las diferencias sociales, culturales y econonómicas entre estos grupos de diferentes orígenes nacionales, el término hispano sí tiene sustancia política. Hoy, mucha de esta sustancia se deriva de la noción de una identidad racial no blanca. Dejando a un lado la forma en que los hispanos se ven a sí mismos, esta identidad es exagerada por los líderes, alentados por nuestro sistema posterior a los derechos civiles, para competir como minoría racial con los negros. Claramente, esta estrategia resuelve a corto plazo los problemas políticos para esos líderes, pero si funciona y los hispanos comienzan a verse exclusivamente como un grupo minoritario, los problemas raciales de Estados Unidos habrán adquirido una dimensión mayor y más problemática.

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