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EL MUNDO FRENTE A LA OEA

EL MUNDO FRENTE A LA OEA

En vísperas de iniciarse el nuevo período de la OEA, el mundo tiene puesta su atención en el caso de Cuba. Las grandes revistas internacionales consagran ediciones especiales al estudio del caso de Fidel Castro. Para citar algunos ejemplos que tengo a la mano, están el Time, The Economist, y L Express de Francia. Lo menos que puede decirse es que el laberinto ha vuelto locos a los comentaristas y a los hombres de Estado. Cuba no es un eslabón perdido en el mundo americano. Y al cabo de 35 años, Castro llega a ser un problema, el más difícil de resolver, porque nadie se atreve a eliminarlo, y el éxodo cubano es mucho más tremendo de lo que pintan los periódicos: que por huir de un dictador en 1994 se suiciden 10 mil personas blancas de una ciudad como La Habana, es cosa que nosotros no hemos evaluado en todo su dramatismo. Es lo que tiene entre sus manos la OEA para juzgar, y hasta donde le sea posible, resolver. No creo que se le haya presentado a otra organización internacional un

Lo que este gallego astuto deja como herencia es tan complejo que uno ve al Presidente de Estados Unidos, que no es un simple, frente al rompecabezas más difícil al inicio de su administración. El mismo Secretario, que tanto hizo por llegar a ese puesto, asume una responsabilidad, la más difícil que puede tener un estadista entre sus manos. Los cubanos mismos no tienen una clara idea de cómo recoger lo que va a dejar Castro en ruinas y en desorden. El destino natural de haberse venido de Europa todos los desgraciados a fundar una democracia que pudiera enfrentarse a las monarquías, se encuentra de pronto frente al desorden iniciado por quien hizo establecer en América la era comunista.

Quizás si a tiempo toma el camino de los europeos que le pusieron punto final a la era estalinista y aprovecha la nueva ola para poner el país a funcionar dentro de la inversión republicana y democrática nacida en América, hubiera podido Cuba encarrilarse por un sistema acorde con el que perentoriamente señalan las bases de la organización continental de las democracias de América, como lo son todas a lo menos por su destino final.

Pero la tozuda insistencia en mantener la dictadura absoluta contra la voluntad de su pueblo, ha sido el cáncer que ha llevado al seno de la organización con el ánimo de introducir no la herencia de Martí, sino la de Stalin. Y ahora nos encontramos con ese empeño tenaz de quien entiende que fue recibido para ofrecer como alternativa ideológica la suya, que es contraria a los principios fundamentales de la creación americana.

Por todo lo que se ha dicho en estos días, no se pone ningún reparo en que se desocupe La Habana y se vaya su gente a cualquier parte, parece lo más natural. Lo importante es que permanezca Castro al frente del estado.

Me parece escalofriante un planteamiento en que se contemple con tranquilidad la desocupación de La Habana. No se encontrará en inguna parte un lugar más adecuado para que vivan los cubanos que el de su propia ciudad. Pero queda entendido que eso le pertenece a Fidel o a Raúl, al que sea del partido staliniano. Se van legal o ilegalmente los dueños de las casas y las tiendas, se juegan la vida, se van al fondo del mar, y el resto de América ve aquella cosa tranquilo.

Se pretende amontonar 60 mil cubanos en Guantánamo, sin pensar que allí no hay trabajo, no hay escuelas, no hay oficio, no hay nada donde pueda ocuparse un niño, un adolescente, o un adulto. Se acude a los países vecinos que no tienen empleo para sus propios nacionales, tratando de llenar huecos que no existen con trabajadores de la ciudad que irían a laborar en el campo.

Se descompensa la vida social de países que están trabajosamente organizándose. Todo para poder sostener a los Castros en su puesto. Hay que tener en consideración lo que todo esto significa desde el punto de vista puramente humano.

Jamás se le puso tanta traba a un polaco, a un inglés, a un italiano, a un alemán o a un español que viniera aquí huyendo de Franco, Mussolini o Stalin. Y esos fugitivos de Europa han contribuido a la grandeza americana como los dos millones de cubanos que entraron antes con su trabajo en la Unión. Este es el problema y no pequeño que tienen que resolver conjuntamente los americanos del norte y sur en la OEA. Sabiendo quizás por la primera vez que esta comunidad no se ha hecho para beneficio de los gobiernos, sino para los pueblos mismos.

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