EL ORDEN NATURAL DE LA PATRIA

EL ORDEN NATURAL DE LA PATRIA

Orlando Fals Borda mira prevenido el vaso de whisky que está sobre la mesa y suelta un chiste antes de tomarse el primer trago: De pronto se me suelta algo y ustedes lo escriben . Pero esto difícilmente puede ocurrir, pues la cautela con que maneja los asuntos de la Comisión de Ordenamiento Territorial, de la cual es el secretario general, parece ser una de las cualidades de este sociólogo barranquillero. De esa prudencia le tocado hacer acopio para manejar un organismo en el cual convergen personalidades de todos los sectores, y con intereses muy concretos en la nueva división político administrativa del país. Por algo el tema del ordenamiento territorial fue el punto mas álgido durante los debates de la Asamblea Nacional Constituyente.

11 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Y prudencia fue también lo que le recomendó el presidente Gaviria cuando lo llamó para que desarrollara en la práctica algunas de las tesis que ha planteado sobre los fenómenos sociales del país. En eso se considera víctima de su propio invento: fue él quien propuso la creación del organismo que ahora preside y, además, después de haber renegado de la sociología, le tocó asumirla de nuevo, pero en otro nivel, más útil, más práctico .

Tranquilo, reposado, sin afanes ni aspiraciones de protagonismo lució Orlando Fals Borda durante el almuerzo al que fue invitado esta semana por la redacción de EL TIEMPO. La prisa no figura entre sus preocupaciones. La experiencia de otras naciones en ese campo le indica que el ordenamiento territorial en Colombia tomará entre veinte y treinta años (la descentralización y el ordenamiento territorial propuestos para Colombia tiene antecedentes en la experiencia desarrollada en Francia y en el concepto de autonomía que manejan los españoles). Y a pesar de las críticas que ha recibido la Comisión que preside, está orgulloso de algunas cosas que se han hecho .

El principal logro? Llamar la atención sobre 14 proyectos de ley presentados por el Gobierno y que, a su juicio, eran totalmente incoherentes entre los propósitos filosóficos de la descentralización y las consecuencias prácticas de estos. La diversidad étnica y cultural, sumada a otros elementos como el centralismo y el criterio autoritario con que el estado manejó la división político administrativa hacen que, en su opinión, este tema sea una bomba de tiempo. No se atreve a compararlo con lo que ocurre actualmente en Yugoslavia, pero es partidario de una nueva organización del mapa teniendo en cuenta la cultura, la producción, los intereses comunes de la gente. Y coloca el ejemplo de un pueblo de la bota caucana, adonde se puede llegar por cualquier parte, menos por el Cauca. El reordenamiento, para él, debe llegar hasta el punto de que le permita a dos o más departamentos con rasgos comunes organizarse como región política y administrativa, para que, en una segunda etapa, desaparezcan como departamentos. Suenan caciques Por eso ya lo han acusado de querer descuartizar el país . Y es que descuartizarlo equivale a romper los feudos electorales que los caciques creen escriturados para ellos. Tan polémico es el tema que, aun dentro de la comisión de ordenamiento territorial, de la que forman parte 14 personas, entre ellos dos indígenas, más de cuatro fruncen el ceño cuando se habla de límites. Hay dice un temor visceral contra el cambio . Sin embargo, no se atreven a exponer razones porque sería ir en contra de los nuevos vientos que parecen soplar en el país. En el fondo él sabe que el problema es básicamente electoral. De todos modos, es la misma gente la que ha empezado a liderar ese proceso: los de la bota caucana quieren adherirse al Caquetá y Putumayo, los del sur de Bolívar quieren ser departamento, los de la antigua provincia de Ocaña están trabajando para revivirla mediante una asociación de municipios, y la gente del Pacífico amenaza con convertirse en departamento.

Otro tema que le preocupa es el de las regalías de los recursos naturales. En su opinión, las regalías por hidrocarburos y otras riquezas deberían beneficiar a todo el pais, pero, para comenzar, ese dinero debe ayudar a solucionar los problemas de dos departamentos de la misma región, como mínimo.

No cabe duda de que tocar esos temas a nivel legislativo es colocar una piedra en el zapato de más de uno. Por eso Fals Borda procura manejar esos asuntos con guantes de seda. Tal vez por eso está pendiente de lo que publican los periódicos y de aclarar o añadir. Y en esta ocasión el caso es típico: del pequeño maletín de cuero color marrón que carga colgado del hombro extrae una hoja mecanografiada en la que solicita se mencione los nombres de los comisionados Daniel Jaramillo, Aníbal Fernández, Marcela Monroy y Carlos Atheortúa, quienes no aparecieron en una nota sobre la Comisión de Ordenamiento Territorial publicada en este diario.

Y a mitad del almuerzo deja los cubiertos a un lado para mostrar otra hoja en la que contesta a un artículo publicado en otro diario capitalino, cuyo recorte también guarda en el maletín. En su respuesta defiende el artículo 290 de la Carta Magna que permite revisar periódicamente los límites territoriales. Asegura que acabar con esta norma equivale a ignorar el querer de la gente . Para respaldar su planteamiento dice que en el país hay 17 conflictos acumulados durante décadas entre departamentos y 249 entre municipios.

A estos problemas se han unido otros temores generados por manipulaciones políticas de gamonales que han azuzado a colonos negros del norte del Cauca contra los indígenas . Fals Borda se refiere al rechazo que los campesinos de Santander de Quilichao hacen a la creación de territorios indígenas en esa región. Esto se debe a falta de información entre los colonos, pues estos tienen derecho a permanecer en el predio que ocupan, aun cuando esté dentro de un territorio indígena.

Está claro que existe un desfase en el ordenamiento territorial del país, pero las intenciones de la comisión que él preside tienen un límite. Ese organismo solo puede hacer recomendaciones al Gobierno y al congreso, y Fals Borda espera que sean atendidas. Ingenuidad? Puede ser. Por los menos se confiesa ingenuo y por eso resultó un mal político. Pero a pesar de ello, el autor de Historia doble de la costa, Retorno a la tierra, y una decena de libros más, y cofundador de la revista Alternativa, sigue mirando con ojo crítico muchos de los procesos que se están generando en el país.

Pero no se acalora. Se siente contento con el trabajo que desempeña la comisión a su cargo y espera terminar los tres años de vigencia que esta tiene. Ese plazo es prorrogable si el congreso lo desea, pero no creo que quieran .

Así, lento, lerdo, como muchos han calificado el trabajo de la comisión, Fals Borda, tiene la esperanza de que las recomendaciones salidas de esa instancia ayuden a acabar con anacronismos como el que ocurre en un pueblo del suroccidente colombiano, donde la mitad de sus habitantes pertenece al Valle y la otra mitad al Cauca, porque el límite de esos departamentos es justamente la calle principal del poblado.

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