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MR. GAVIRIA EN LA OEA

MR. GAVIRIA EN LA OEA

Nadie discute que uno de los países que más firmemente respaldaron la candidatura de Gaviria para la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, fue Estados Unidos. Tanto así que ese voto poderoso y decisivo resultó vital para que otras naciones, comprometidas de antemano con la candidatura del costarricense Nihaus, terminaran a la postre apoyando al nuevo candidato, que salió elegido en la primera vuelta sin ningún tropiezo. Pues bien. Ahora, todos esos países que se solidarizaron con su nombre, curiosamente esperan que el ex presidente colombiano se convierta, en su condición de secretario general de la OEA, no en el abanderado de los intereses norteamericanos, sino en su principal interlocutor válido y casi único; y que sea precisamente por intermedio de un Secretario con un perfil como el de Gaviria, como puedan comenzar a dilucidarse con éxito muchos de los problemas y las diferencias que existen de tiempo atrás entre Latinoamérica y los Estados Unidos.

Por lo pronto, son dos temas -verdaderas papas calientes- los que tendrá que abordar Gaviria en su nuevo puesto: Cuba y Haití. Frente a este último, hay que decir que nunca las invasiones de los gringos en ninguna parte han sido propiamente populares; pero siempre se han llevado a cabo, contra viento y marea, cuando la paciencia se les agota, y aun a pesar de que su propio Congreso, los sondeos y todos los demás países estén en contra de una actitud que tipifica claramente una conducta imperialista, por aquello de la libre autodeterminación de los pueblos.

Que Haití no se salvará de ser invadida cualquier día de estos por la resuelta voluntad política de Clinton, es prácticamente una verdad de a puño; y sospecho que Gaviria tendría razones pero no demasiados ánimos para atravesarse a este hecho casi cumplido. En cambio, la opinión internacional y no solo la nacional espera que nuestro ex presidente se la juege toda -muy diplomáticamente pero con resultados ciertos- por la suspensión del embargo económico a Cuba por parte del Tío Sam. Y no exactamente para inflar a Castro y a sus partidarios, como pensará de seguro el buen Montaner. Es porque la posible influencia política que los gringos quisieran tener sobre la sufrida población de la Isla, implica actitudes un poco más audaces y, por supuesto, menos intransigentes que las que el gobierno norteamericano ha experimentado en otras ocasiones -con una peligrosa vocación de fracaso-, como en el caso de Vietnam.

Cuba, pues, será el tema clave de Gaviria en la OEA, aunque es claro que su radio de acción no puede reducirse a un espacio tan azaroso, acaso comparable con lo que ha sido y puede ser el proceso de paz en Colombia. Aparte de reactivar puntos como el del comercio y la integración (además de los derechos humanos y la defensa del medio ambiente), me parece que, para los colombianos, el hecho de tener a un compatriota de semejantes dimensiones en la Secretaría General, también implica la esperanza de que otro tema sea abiertamente puesto sobre la mesa de las conversaciones, y es el del narcotráfico. Concretamente, las verdaderas responsabilidades que deben asumir las partes interesadas -e involucradas- en este conflicto, y que básicamente se concentra en lo que les concierne a los países productores y procesadores de droga, y a los consumidores, que son los que generan la demanda del mercado.

Más hechos y menos palabras frente al problema del narcotráfico pidió el subsecretario de Estado para narcóticos, Crescencio Arcos, en la reciente cumbre antidrogas en Cartagena. Ante lo cual habría que responder, por medio de nuestro futuro interlocutor en la OEA, que lo propio esperamos de quienes mayormente exigen resultados en este campo, y generan este mercado, sin que se hable para nada, nunca, de las redes de narcos gringos, ni de cómo está enquistada esta industria en un país que nos amenaza cíclicamente con embargos y supresiones de ayudas, macartizándonos ya no por motivos ideológicos -como en el caso de Cuba y tantos otros-, sino por las posiciones que soberanamente se defienden, frente a lo que constituye esta lucha contra el mercado ilegal de estupefacientes.

César Gaviria llega a la OEA rodeado de una buena corte de asesores y suscitando grandes expectativas en relación con un cargo por el que sus recientes antecesores han pasado más bien sin pena ni gloria. Es, además, el segundo colombiano que alcanza este puesto, después de Alberto Lleras Camargo, lo que no es cualquier cosa. De manera que las esperanzas de sus compatriotas frente a lo que haga, no son pocas. Está claro que en su condición de Secretario actuará como personero de los intereses de todo el Continente y no solo los de su patria. Pero el hecho de que sea colombiano nos importa y enaltece muchísimo. Suerte, señor ex Presidente, y que su vocería sea -y sirva- para defender siempre los intereses de los más débiles frente a los más poderosos, en todos los temas que nos atañen.

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