Secciones
Síguenos en:
EL VERDADERO ORDEN TERRITORIAL

EL VERDADERO ORDEN TERRITORIAL

Todos sabemos que el territorio tiene diversas formas, usos y vocaciones. En el caso colombiano, sus notables variedad y vastedad son - qué duda cabe!- el mayor patrimonio de los colombianos. Su uso prudente, imaginativo y prospectivo, permitirá crear una nación próspera y equilibrada. Su ordenamiento presupone construir resueltamente un modelo nacional sustentable de uso y ocupación espacial del territorio, planteado rigurosamente como tarea superior del Estado.

Tan urgente propósito implica definir y convenir criterios que orienten la intervención comprensiva del hombre en los suelos, los mares y el espacio; ordenar los procesos de colonización, urbanización y aprovechamiento económico de nuestra inmensa pero frágil heredad nacional, bien se trate de recursos renovables como de no renovables.

Presupone, así mismo, deslindar definitivamente aquellas zonas cuya conservación prístina es imperiosa para que soporten siempre los recursos esenciales para la vida en las infinitas formas que hoy conocemos y en aquellas que todavía ignoramos.

De ahí que el Ordenamiento Territorial -expresado así, con mayúsculas- sea tarea inaplazable y urgente, vital para el interés nacional.

Está bien entonces que nos ocupemos de crear -como lo hiciera la Constitución de 1991- nuevas entidades territoriales (departamentos, municipios, regiones, áreas metropolitanas, territorios indígenas, provincias) y de formular para éstas competencias y recursos en leyes de minucioso y preciosista rigor jurídico. Está bien abrir espacio legal para que la Nación encuentre formas de acomodamiento territorial que se avengan a su variada fisonomía regional. Pero, cuándo nos ocuparemos de formularle a la Nación -definitivamente y a derechas- su verdadero orden territorial? La teoría territorialista debe dar paso a ejercicios concretos que permitan el control de los dramáticos procesos de deterioro ambiental; imponernos la creación de mecanismos precisos que reorienten sensatamente los procesos de poblamiento y permitan aprovechar de manera más equitativa los recursos comunes, en términos espaciales. Y articular, con absoluta claridad conceptual, el manejo de las selvas, los ríos, los páramos, las costas, las playas, las vertientes, las cuencas, las zonas de frontera o de uso restringido, en armonía con las competencias y recursos que se asignen a las entidades territoriales -nuevas o de siempre- en la tan esperada Ley Marco de Ordenamiento, que debe tramitar el Congreso en esta legislatura.

De no anticiparse el gobierno a generar un modelo operativo para la administración física del territorio, los recursos esenciales del aire, las aguas y el suelo van a afrontar los riesgos de una heredad con muchos administradores pero sin dueño alguno. El legalismo santanderista debe dar paso ahora al pragmatismo samperista.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.