DESCONCIERTO ECONÓMICO

DESCONCIERTO ECONÓMICO

Una de las controversias más interesantes que se ha venido dando en el país es, sin duda, la que se presenta entre el Gobierno y el Banco de la República acerca de las competencias, las responsabilidades y los fueros de cada institución, en el manejo de la cosa económica. Sin contar las discrepancias, tanto en el seno del Gobierno, como entre los miembros de la Junta del mismo banco. Se han presentado varios conflictos: en primer lugar, la definición de los parámetros económicos, en especial, el compromiso de cumplir con la meta de inflación del 19 por ciento, en 1994, que al decir del Gobierno, la Junta fue laxa en dejar aumentar el gasto durante el primer semestre en más de un 65 por ciento, y al decir de la Junta, el Gobierno va a tener que amarrarse el cinturón, coartando su programa social, porque de lo contrario no se cumplirá con la meta preestablecida. Ya Portafolio habla de que la Bestia se despereza .

03 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

En segundo lugar, la negociación en torno a una inflación del 17 por ciento, para 1995, meta propuesta en el informe de julio, que la Junta del Banco envió al Congreso de la República (p.19), y con la cual el Gobierno no está cómodo; es más, aumentó el presupuesto de gasto social, que había enviado el Gobierno saliente, en casi 500 mil millones de pesos.

Por otra parte, la concreción de una política cambiaria, es decir, si se va a devaluar, como quiere el Gobierno, o si se continuará con la política de revaluación, como lo defienden algunos de los miembros de la Junta.

En el seno mismo del Gobierno, las señales tampoco parecen aún claras. Mientras el ministro de Hacienda, Guillermo Perry, ha planteado acelerar la devaluación, para estimular las exportaciones, el de Comercio Exterior, Daniel Mazuera, acaba de plantear en la reciente asamblea de Analdex, que los exportadores no pueden esperar que sus ingresos mejoren por concepto de sus exportaciones, con base en la depreciación de la moneda, sino sobre el aumento de la productividad.

En cuarto lugar, se ha presentado un delicado conflicto acerca de la independencia, la autonomía y la vocería de los miembros de la Junta, al expresar públicamente, con excepción de Kalmanovich, sus posiciones individuales, que, sin duda, contribuyen a crear caos y a dar señales ambivalentes, y no permiten la formación de expectativas para la toma de decisiones de los agentes económicos.

A este respecto, el senador Juan Martín Caicedo, sin poner en entredicho la autonomía de la Junta, ha sido claro y acertado al defender la legalidad y hacer uso del sentido común, cuando en el debate en el Congreso traía a cuento el artículo 39 del Decreto No. 2520 de 1993, reglamentario de la Ley 31 de 1992, el cual dice textualmente: Vocería de la Junta. Los asuntos tratados en la Junta no podrán ser dados a conocimiento público sino luego de que sobre ellos se haya tomado la correspondiente decisión. Una vez adoptada, será el presidente de la Junta Directiva o el director del Banco que éste designe, quien estará autorizado para dar declaraciones y explicaciones que eventualmente se soliciten sobre las decisiones tomadas .

Más claro no canta un gallo: la ley nombra a un vocero de la autoridad económica; en su defecto, le da la posibilidad de que lo designe, para que exprese la decisión que colectivamente se ha tomado. Es más, el artículo 38 da la oportunidad de que ante la falta de acuerdo se presenten salvamentos de voto.

A dos meses de haber empezado la nueva administración, los conflictos y posiciones de los diferentes actores, sin duda están dando señales erráticas y confusas al sector privado, para que éste tome las decisiones pertinentes sobre cada una de las variables que lo afecta, bajo el entendido que la economía está pasando por un período de transición, habida cuenta del modelo de apertura impulsado por la administración anterior.

Ojalá estos conflictos sean transitorios y consecuencia de los ajustes normales del cambio de administración y de la recomposición del equilibrio de las fuerzas, para beneficio de todos los colombianos, pues han dado pie hasta para montar una batería de oposición.

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