UN POCO DE REALISMO MONETARIO

UN POCO DE REALISMO MONETARIO

Existe una notoria diferencia de criterios y de perspectiva entre el nuevo Gobierno y la Junta del Banco de la República. El Gobierno adoptó como objetivo central el nivel de empleo y se preocupa por el crecimiento, la distribución del ingreso y el bienestar social.

03 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

La inflación ha pasado a un segundo plano, no porque carezca de importancia, sino por considerar que la economía se adaptó desde hace muchos años a una inflación del orden de 15 a 20%, y que no se justifica provocar una recesión para bajarla bruscamente.

La Junta continúa razonando como si la producción y la distribución del ingreso estuvieran determinadas por variables reales, independientes de la disponibilidad de capital y liquidez de empresas y consumidores.\ Conciben así el dinero como un elemento casi neutral, que sólo afecta las decisiones de los agentes económicos de manera indirecta, en tanto modifique la tasa de interés nominal.

El impacto de la oferta monetaria y del crédito de los bancos se centraría, entonces, sobre el nivel de los precios, es decir, sobre el ritmo de inflación.

Aparentemente, la Junta acepta que la efectividad de la política monetaria para contraer la cantidad de dinero o de crédito es muy reducida en una economía abierta, pues los interesados pueden conseguir capital externo para cubrir sus necesidades.

Sin embargo, continúa intentando medidas de regulación del crédito, aunque sólo consiga promover un endeudamiento privado en el exterior que alcanza ya volúmenes peligrosos.

Riesgo en ascenso El mayor riesgo de inestabilidad macroeconómica no radica hoy en la inflación ni en el déficit presupuestal, sino en el conflicto entre Junta y Gobierno. Nada sería más perjudicial para la inversión real ni ahuyentaría más rápido al capital externo que una serie de medidas contradictorias donde la Junta intente compensar las del Gobierno y viceversa.

Tampoco habría solución en un acuerdo de mutua tolerancia, porque los términos del mismo apenas servirían para mantener la situación actual, pero sin atender el gasto social, financiar las obras públicas necesarias, crear nuevos empleos, fomentar exportaciones ni frenar la deuda externa.

Con esta dualidad de puntos de vista y de objetivos, estamos conduciendo al sistema financiero por una senda de riesgo creciente y agravando la dependencia de inyecciones permanentes de capital externo para sostener un ritmo aceptable de crecimiento del PBI.

La solución estriba en que ambas partes acepten que se debe actuar sobre las causas y no sobre los efectos.

Por ejemplo, elevar el costo de los créditos de vivienda para que las Corporaciones puedan competir con los intereses que ofrecen los bancos es actuar sobre los efectos.

La causa del problema es el criterio de intervención monetaria que previamente aplicó el mismo Banco de la República: cuando intenta frenar la expansión del crédito financiero, el conflicto que genera entre las necesidades del mercado, que los bancos perciben como solicitudes de crédito, y la disponibilidad de reservas que están dadas por el monto de la base monetaria y reguladas por las Operaciones de Mercado Abierto del Banco central, conducen a un desencaje de los bancos.

Cuál es la vía? Cuando las Tesorerías de éstos pretenden cubrir sus faltantes con los excesos de encaje de otras entidades financieras y encuentran que todas están en dificultades semejantes, aumenta bruscamente la tasa de interés interbancaria. Después, los bancos intentarán captar más depósitos del público, o convencer a sus clientes de que pasen fondos de cuentas corrientes a cuentas de ahorros o a certificados a término que tienen menores exigencias de encaje.

Y si el banco central continúa frenando la expansión monetaria por debajo de las solicitudes de crédito del sistema económico, finalmente aplicarán un racionamiento de los créditos que termina por detener el crecimiento de la actividad económica.

Pero, mientras tanto, el aumento en la tasa interbancaria habrá obligado a subir las tasas de captación y el encarecimiento de los recursos prestables se habrá transmitido a las tasas activas, encareciendo el crédito.

El mercado de capitales no puede corregir esta distorsión de las tasas de interés, precisamente porque su origen está en el intento del banco central de oponerse al libre funcionamiento de dicho mercado.

La misma cantidad de dinero, y más aún la del crédito bancario, son efectos y no causas. La raíz del problema está en la falta de regulación sobre la entrada de capitales y sobre el endeudamiento privado externo, elementos que no podemos corregir eliminando gasto público porque sólo conseguiríamos concentrar más el ingreso, desatender necesidades sociales impostergables, atizar el descontento de la población y empeorar una situación de inseguridad general que ya es difícil de tolerar.

Si llega un exceso de divisas que el Banco de la República tiene que convertir en pesos, aumenta la masa monetaria y, si se niega a comprar esas divisas, provoca una revaluación del peso y perjudica las exportaciones.

Cuando llegan mercancías que han sido compradas en el exterior con crédito externo, necesariamente aumentan las solicitudes de préstamos internos en proporción semejante para que sirva como crédito puente al préstamo externo.

Si, una vez vendidas las mercancías en Colombia, los importadores utilizaran ese dinero para pagar su deuda externa, cancelarían base monetaria y la cantidad de dinero volvería a la normalidad; pero el crédito para comercio es adictivo y si ya importaron a crédito con éxito, volverán a hacerlo y en volumen cada vez mayor.

A atacar las raíces de la inflación Es cierto que la evolución de los precios guarda relación con el crecimiento de los medios de pago, pero esa relación no es directa ni opera en un limbo, sin intervención de otras variables y circunstancias.

Los precios suben por escasez de oferta o suben porque las empresas manipulan los márgenes sobre costos para financiar sus planes de producción y de inversión, o sus gastos generales.

Y si los precios han subido, también crece la necesidad de dinero y la de crédito; oponerse a ese movimiento con simples restricciones monetarias o crediticias sólo sirve para que las empresas eleven sus márgenes y provoquen mayor inflación.

No olvidemos que el período de reducción de la inflación en el último cuatrienio coincide con el de mayor expansión de los medios de pago y que algo parecido viene sucediendo desde hace decenios.

Si queremos atacar la inflación, actuemos sobre sus causas, promoviendo mayor oferta y mayor competencia, o actuemos sobre sus mecanismos de perpetuación, como pretende hacer el Pacto Social recientemente propuesto.

En fin, si la raíz de los problemas monetarios está en la entrada de divisas, por qué insistimos en estrategias que sólo merodean por las ramas? Si nuestros objetivos son el empleo, el crecimiento, mejorar la distribución del ingreso y el bienestar social, por qué no actuamos sobre las variables reales y dejamos que el mercado ajuste las monetarias?

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