RENUNCIÓ DIRECTORA DEL SEGURO SOCIAL

RENUNCIÓ DIRECTORA DEL SEGURO SOCIAL

La directora del Instituto de Seguros Sociales, Cecilia López Montaño, renunció ayer a su cargo porque definitivamente no comparte el proyecto de reforma pensional que presentó el Gobierno al Congreso de la República. Según Cecilia López, el proyecto, que se puso a consideración del legislativo, implica asumir un costo fiscal gigantesco que no se justifica. El presupuesto nacional tendrá que cubrir el costo de la transición a un nuevo sistema para beneficiar sólo a un 15 por ciento de la población.

09 de octubre 1992 , 12:00 a.m.

Esto, en otras palabras, significa que los contribuyentes deberán responder tarde o temprano por la transición sin que la reforma garantice la ampliación de la cobertura a un mayor número de colombianos.

Además, la directora no está de acuerdo con el desprestigio del ISS que los defensores de la reforma están promoviendo cuando la entidad aún puede ofrecer beneficios.

Cree que es absurdo que tal desprestigio se base en inexactitudes como las que quedaron consignadas en la exposición de motivos del proyecto presentado al Congreso.

Otro de los aspectos que no comparte la directora del ISS se refiere a que la reforma no contempla el principio de solidaridad intergeneracional que puede mitigar el costo fiscal de la reforma.

Una transición menos abrupta daría espacio para que los recursos fiscales pudieran aplicarse a logros de más impacto social que el pago de una deuda en que toda la sociedad ha incurrido y que tiene como acreedores a sólo un segemento muy limitado de la población .

El siguiente es el texto de la carta de dimisión enviada por Cecilia López al Presidente de la República. Señor doctor César Gaviria Trujillo Presidente de la República E.S.D.

Señor Presidente: Con compromiso y mucho entusiasmo asumí las funciones de directora general del Instituto de Seguros Sociales que usted me encomendó. He entendido mi papel en forma constructiva y lo he orientado hacia dos tareas: la primera, mejorar el funcionamiento de la institución para beneficio inmediato de sus usuarios; la segunda, estudiar fórmulas para adecuarla estructuralmente al futuro, en el marco de un proceso de apertura económica y de modernización del Estado, que han sido políticas con las cuales usted se ha comprometido y que yo comparto enteramente. Creo necesario mencionarle que en ningún momento entendí que mi gestión debiera orientarse hacia la desaparición del Instituto, ni a su marchitamiento.

En relación con la primera tarea de mi gestión, pienso que se han logrado resultados que el país y, sobre todo, los beneficiarios del Instituto conocen; no es a mí a quien corresponde analizar tales resultados. Sin embargo, quiero anotar que, con éxito, se pusieron a prueba la capacidad de respuesta de una institución y en evidencia sus reservas humanas y técnicas, para afrontar las serias necesidades que tiene el país, las cuales se irán haciendo cada vez más acuciantes. El país no puede desconocer alegremente, como algunos lo pretenden, lo que el Instituto de Seguros Sociales representa para más de cinco millones de colombianos.

Respecto de la búsqueda de fórmulas para una reforma de la seguridad social, es bien conocido que he luchado por unas ideas y principios claros; tal actitud ha tenido solo dos motivos, la lealtad con mis convicciones y evitar la toma de decisiones en forma coyuntural sin asumir el costo que tienen en el largo plazo para la sociedad toda, error tradicional en la construcción de la seguridad social colombiana.

Estimo que el proceso de discusión de las reformas no se ha apartado de lo que razonablemente sucede en estas ocasiones: hay ideas e intereses encontrados que las personas y las instituciones defienden, a veces con ahínco, como yo lo he hecho. Ha sido gracias a su generosidad conmigo y a su amplitud de demócrata como he podido intervenir de alguna manera en el proceso de formulación de las reformas e influir en beneficio, creo, de los colombianos del presente y del futuro.

Entiendo perfectamente la incomodidad de quienes tienen ideas diferentes a las mías y la necesidad de que los altos funcionarios del Gobierno apoyen sin reservas la iniciativa que sobre el régimen de pensiones ha sido presentada al Congreso. Quiero establecer claramente que comparto la idea sobre la necesidad de una reforma de la seguridad social y de sus instituciones tal como lo ha dispuesto la nueva Constitución; sin embargo, discrepo de la manera como se pretende implantar la reforma al régimen pensional. No veo la necesidad de incurrir en un costo fiscal exagerado cuando existe la posibilidad alternativa de que la solidaridad intergeneracional, a nivel parafiscal, pueda seguir vigente con el fin de atenuar la deuda actuarial y social planteada. Una transición menos abrupta daría espacio para que los recursos fiscales pudieran aplicarse a logros de más impacto social que el pago de una deuda en que toda la sociedad ha incurrido y que tiene como acreedores solo a un segmento muy limitado de la población.

Además, señor Presidente, no estoy de acuerdo con que la implantación del nuevo régimen se haga a expensas del desprestigio de un sistema y una institución de los cuales pueden todavía derivarse beneficios; mucho menos, cuando tal desprestigio se monta sobre inexactitudes como las que han quedado registradas en la exposición de motivos del proyecto presentdo al Congreso, el cual no me fue dado a conocer oportunamente.

Debo expresar mi completo desacuerdo con una posible reforma al régimen de salud diseñado sobre el mismo esquema del propuesto para las pensiones; esto llevaría a una segmentación de los servicios aún más severa de la que hoy sufre el país.

Siento, señor Presidente, que la misión que usted me encomendó frente al Instituto de Seguros Sociales está cumplida y no quiero entrar, en este momento, en un conflicto de lealtades. Tengo confianza en que el Congreso de la República es el escenario natural y más apropiado para la discusión que en adelante debe seguir el proyecto.

Por lo anterior, y como liberal, le solicito encarecidamente que acepte mi renuncia irrevocable y le agradezco su especial deferencia y su decidido apoyo a mi gestión en la cual, siempre, la defensa de su papel ante la historia ha sido una de mis principales preocupaciones.

Reciba, en unión de Ana Milena, el más cordial y afectuoso de mis saludos.

Cecilia López Montaño

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.