LE PAGAN POR HACER EL OSO

LE PAGAN POR HACER EL OSO

Una noche en que Oscar Salazar llegó tarde a su casa por andar estudiando, sobre la mesa de noche encontró este mensaje de su mamá: Llamaron de RCN para que hagas un osito. Que llames al Chato Latorre . Pensó que era para hacer algún diseño, y se alegró, aunque no entendía cómo su fama había trascendido las fronteras de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde cursaba cuarto semestre de diseño gráfico. Estaba a punto de dormirse cuando recordó al conejo, y de inmediato se le quitó el sueño.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Casi un año antes, convocado a una prueba por RTI -donde reposaba su hoja de vida porque quería ser actor- había sido seleccionado entre 70 aspirantes para interpretar a Bugs Bunny, el conejo de la suerte. Le dijeron que se trataba de un espectáculo de la Warner Brothers y RTI Televisión, que el intérprete debía permanecer anónimo -se suponía que el conejo llegaba de Estados Unidos- y que si quería el papel podía irse alistando, porque sus medidas se ajustaban a la perfección al tamaño del muñeco.

Como a veces la necesidad tiene cara de conejo, se alistó.\ Pero esa noche de insomnio le bastó recordar el calor asfixiante que hubo de soportar durante horas en las entrañas de Bugs Bunny, para reafirmarse en su negativa a realizar cualquier otra inmersión en ese sauna del anonimato. A la mañana siguiente, cuando en RCN le explicaron que se trataba de meterse en el Oso de Exitosos , la respuesta, que parecía salida de los labios de un niño, no se hizo esperar: No quiero más muñecos .

Sabía de todos modos que terminaría aceptando, a juzgar por el estado de nervios que se apoderaba del diseñador del oso -el mismo Chato Latorre- a medida que persistía la negativa de Oscar Salazar. No sabía entonces que la directora de Exitosos , Toni Navia, no sólo era reacia al oso, sino que le tenía pavor. Lo consideraba un arma de doble filo porque, si no hacía crecer el programa, podía ocurrir lo contrario: lo hundiría. Pacheco solo, en cambio, era garantía de rating.

Un poco de mala gana, Toni le preguntó qué hacia. Actúo , respondió Oscar, sin mencionar sus estudios de diseño. Ya había una maqueta del oso al tamaño natural y, habiendo encontrado el candidato ideal, sólo faltaba construirlo a la medida . Intervino entonces Alexis Cely, eminente físico que hace efectos especiales en RCN, quien se dedicó a tomarle al actor fotos que ampliaba al tamaño natural, para luego proceder a recortar brazos, piernas, tronco y demás extremidades, hasta completar el muy frankensteiniano rompecabezas del animal que, en el cuerpo de Oscar Salazar, cobró vida.

Pierde hasta cuatro kilos Y qué nombre le pondremos? , se preguntaban todos, afanados, minutos antes de su presentación ante la prensa. Oscar propuso entonces el primer nombre que se le vino a la cabeza: Oscar .

Cuando le preguntaron por qué, dijo de nuevo lo primero que se le ocurrió: porque es nombre de premio. El Premio Oscar . Lo que defendía era su derecho a hacer el oso con nombre propio, pero nadie se dio por enterado.

El día en que miró el oso a los ojos por primera vez, fue el mismo en que conoció a Pacheco. La sola idea de tener que abrazarlo, como estaba en el libreto, le producía pánico. Era algo así como abrazar a una catedral , por el respeto que le inspiraba. Bastó la veteranía del maestro para que los dos - Pacheco y el oso- comenzaran a entenderse como viejos amigos.

La grabación de un programa de Exitosos dura dos horas y media, tiempo durante el cual debe permanecer dentro del oso. La temperatura interior puede superar los 50 grados centígrados. Suda a cántaros, por lo que acostumbra beber hasta 12 botellas de suero en cada jornada. Baja dos kilos y medio por día de grabación, y cuando son dos días llega a bajar hasta cuatro. Pero los recupera con facilidad, gracias, según él, al suero.

El calor que producen los reflectores y el humo de la escenografía son los dos principales obstáculos en el ejercicio de su oficio. Tanto así que una tarde, terminando la grabación del cuarto programa, sintió que se le iban las luces y no podía respirar. Como pudo abandonó la escena, alcanzó a quitarse la cabeza, miró y vio humo blanco, blanquísimo, y no supo más.

Los asistentes de producción se vieron a gatas para sacar del oso su cuerpo desgonzado. En el estudio sólo se escuchaban carreras y chillidos. Entre el público apareció un médico - a Dios gracias siempre hay un médico entre el público - quien le tomó la tensión y lo remitió a la unidad de urgencias de la Cruz Roja, donde luego de los exámenes de rigor, el médico de turno habló de hipoventilación temporal del cerebro , nada preocupante .

Se preocuparon, eso sí, en la Presidencia de RCN, hasta donde llegó el desmayo del osito. La solución estuvo en reemplazar la espuma que lo recubría, y que era la principal fuente de calor, por anillos plásticos que le dieron mayor movilidad. Para facilitar la ventilación, además, recubrieron brazos y piernas con mallas tejidas por capas en pelo de muñeca.

Con el tiempo, Oscar fue aprendiendo que no era Oscar el que hacía el oso (sino el mismo oso) y se dedicó a jugar. A medida que pasaban las grabaciones fueron apareciendo gestos y movimientos que a Oscar le sorprendían porque eran del oso, no de él: el oso abría las piernas, se tiraba al piso, se subía a los brazos de Pacheco, y a veces hasta arriesgaba delicados movimientos de ballet. Oscar sólo obedecía. Según sus propias palabras, había descubierto que hacer el oso es lo de menos. Lo importante es el que va por dentro .

Debajo de la coraza de oso, Oscar Salazar suda sin compasión por los más de 50 grados centígrados que según dice le toca soportar.

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