AHÍ ESTÁ PINTADO CARLOS LLERAS

AHÍ ESTÁ PINTADO CARLOS LLERAS

Quizás en ninguna otra época de la historia política colombiana se registró tanta actividad en el Palacio Presidencial como en el cuatrienio del doctor Carlos Lleras Restrepo. Las trasnochadas eran frecuentes, y quienes estábamos encargados de cubrir los actos de gobierno nos convertimos en asiduos visitantes del Palacio de San Carlos, sede de grandes decisiones entre 1966 y 1970. En Palacio funcionaba una salita de prensa tremendamente fría y sin mayores comodidades, pues en esos tiempos no había ni fax ni fotocopiadoras.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Escasamente un par de teléfonos y un télex. Allí nos refugiábamos muchos colegas en largas noches de vigilia, a la espera de que terminaran los largos consejos de ministros y otras reuniones de alto nivel. De vez en cuando aparecía el jefe de prensa, Próspero Morales Pradilla, y nos daba alguna luz . En otras ocasiones, cuando se cocían grandes crisis, permanecíamos en plena calle 10. Fiel a su recio carácter, el doctor Lleras Restrepo no fue muy amigo de las ruedas de prensa y su contacto directo con los periodistas se limitaba a lo estrictamente necesario. Había los naturales forcejeos y el general Gustavo Matamoros, jefe de la Casa Militar, era el hombre de confianza del Presidente para manejar todos los asuntos.

De las reuniones más largas y tensas en el Palacio de San Carlos se recuerda la de comienzos del año 69, cuando las centrales obreras amenazaban con un paro nacional. Lleras citó a Palacio a los líderes sindicales y en compañía de algunos de sus ministros dialogó con ellos hasta las seis de la mañana del día siguiente. Los asistentes salieron extenuados y convencidos de que había que desistir del movimiento.

A raíz de los debates de la reforma constitucional de 1968, defendida por Lleras y su ministro de gobierno, Misael Pastrana, con especial tenacidad, se presentaron hechos políticos que causaron conmoción en el país. Las relaciones gobierno-congreso marcharon a un ritmo muy intenso y de amplia controversia, y no fueron pocos los senadores (varios liberales) que se rebelaron contra el proyecto del Ejecutivo.

Fue tal el estado de cosas que el Presidente Lleras resolvió intempestivamente presentar renuncia de su cargo ante el Congreso de la República. En efecto, tras una larga reunión con sus ministros y la Dirección Liberal, presidida por Augusto Espinosa Valderrama, Lleras redactó la carta, divulgada por el Palacio de San Carlos hacia la medianoche.

El Presidente había entregado una copia de ese texto al senador Espinosa Valderrama, quien al salir de Palacio fue asediado por numerosos periodistas que esperábamos ansiosos cualquier noticia. En medio del maremágnum, Espinosa levantó las manos con algunos papeles y este redactor logró pescar justamente la copia de la renuncia. Inmediatamente nos fuimos para EL TIEMPO en la avenida Jiménez y don Enrique Santos Castillo le leyó el texto por teléfono al doctor Eduardo Santos, quien quedó sorprendido ante esa decisión. El texto inicial de la carta tuvo luego algunos ligeros cambios que no alteraron para nada la esencia pero que llevaron a Próspero Morales a indagar de dónde había salido el texto publicado por este diario. La renuncia de Lleras no fue aceptada por el Congreso y la reforma constitucional de 1968 fue aprobada.

En viaje a Barrancabermeja, el Presidente Lleras resolvió desplazarse en helicóptero a la región del Opón, en donde tropas del Ejército combatían con grupos guerrilleros. La noticia era reservada pero los periodistas que cubríamos la gira nos enteramos y alquilamos, la víspera, un helicóptero para ir al sitio con el Presidente. Por iniciativa de Darío Hoyos compramos provisiones (cigarrillos y comestibles) para llevarles a los soldados. El día del viaje nos subimos al helicóptero en el ardiente aeropuerto de Barranca, esperando a que dieran la orden de decolaje. Esto nunca ocurrió y regresamos frustrados a esperar el retorno de la comitiva. Cuando Lleras nos vio, nos dijo: Qué les pasó muchachos que no viajaron? . Darío Hoyos le echó la culpa al general Matamoros y hubo un encontrón que el Presidente se encargó de superar.

Otro viaje inusitado del Presidente Lleras fue a la antiguamente llamada región chulavita , en el departamento de Boyacá. Los conservadores, que antes eran sus adversarios, le tenían preparados recibimientos especiales. Pero hubo cosas por demás interesantes. En Susacón, por ejemplo, los recibió a las diez de la mañana una gran manifestación, encabezada, entre otros, por el cura párroco, padre Torres, quien resultó ser nada menos que rojaspinillista. El cura inició su discurso haciendo la apología del general Rojas Pinilla y las gentes comenzaron a abuchearlo. Lleras pidió calma a las gentes y le dijo al cura que continuara. Al terminar éste, pronunció un vigoroso discurso en defensa de la política del Frente Nacional; para sorpresa de todos, el padre Torres, al concluir el acto y visiblemente nervioso se arrodilló y le pidió perdón al jefe del Estado.

A raíz de las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, en las que resultó ganador el doctor Misael Pastrana, Lleras vivió uno de los momentos más dramáticos de su gobierno. Ante la inconformidad de los seguidores del general Rojas Pinilla, no tuvo más remedio que decretar el toque de queda para evitar graves desórdenes. Por televisión y reloj en mano, el martes 21 de abril a las ocho de la noche el Presidente dio plazo perentorio a los colombianos para que fuesen a sus casas. La medida sirvió y la situación quedó controlada; años después, el famoso reloj de Lleras (era ruso) fue rematado en una subasta para obras de caridad.

El debate más candente de los últimos 30 años en el Congreso fue el de Vives Peñaloza, en el segundo semestre de 1969. Copó por varias semanas la atención de los colombianos pues fue transmitido en directo por radio. El senador José Ignacio Vives Echeverría atacó de manera implacable al gobierno del Presidente Lleras y en particular al ministro de Agricultura, Enrique Peñaloza; en el senado, Augusto Espinosa Valderrama era el encargado de rebatir a Vives y lo hacía con arrojo y valentía. Las cosas cada día subían de tono y el ambiente en el Capitolio era de tensión. Una noche el doctor Lleras pensó en trasladarse personalmente al Capitolio para hacer frente al debate, pero desistió y en cambio mandó a su gabinete ministerial en pleno. A eso de las nueve de la noche irrumpieron masivamente en el recinto de plenarias todos los ministros, comandados por el canciller Alfonso López Michelsen. En medio de la expectativa general, López pronunció un discurso memorable en defensa del Presidente Lleras, de su familia y del gobierno; discurso que remató recitando la letra de La gota fría, de Emiliano Zuleta: Moralito, Moralito se creía / que él a mí, que él a mí / me iba a ganar. / Y cuando me oyó tocar /le cayó la gota fría. / Al cabo e la compartía / el tiro le salió mal .

Con su discurso, López Michelsen desarmó los espíritus y enterró el debate.

A pesar de sus múltiples ocupaciones y de no ser muy amigo de las fiestas, Lleras fue invitado a los carnavales de Barranquilla del año 67 y en una noche fue a tres clubes; disfrutó al máximo, departió con sus amigos, bailó muy alegre y recibió, en el Country Club, el gorro del Congo Grande. El tour fue a palo seco, pues Lleras desterró el licor durante su mandato y lo reemplazó por jugo de guayaba.

El 20 de julio de 1970 (a 17 días de dejar el mando) Lleras afrontó otro momento difícil. Era la instalación de las cámaras legislativas y la Anapo se presentaba especialmente fuerte pues había elegido un buen número de senadores y representantes. Y los presagios eran de zambra. Así ocurrió. El Presidente llegó al recinto del senado al atardecer de ese día, luciendo sacoleva y la banda presidencial, y fue recibido con desorden. Desde el estrado de la Presidencia, Lleras presenció los hechos, hasta que no aguantó más y dio la orden a la policía para que desalojaran a los autores de la zambra, encabezados por María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, quien prácticamente fue sacada en vilo. Después pronunció el discurso de instalación y pasó a la Cámara en donde la zambra aún fue mayor. Agentes de seguridad volaban sobre las curules y sacaban a quienes protestaban. Lleras mantuvo la calma pero se mostró indignado.

En noviembre de 1970, ya como ex presidente, el doctor Lleras Restrepo viajó de visita a España en donde estaba de embajador Carlos Augusto Noriega. Estando en Madrid, le solicitamos una entrevista para EL TIEMPO y accedió a concederla. Nos citamos a las seis de la tarde en la embajada, cuando entró a la sala y nos dijo: Acabo de resolver que no le daré la entrevista. Pero la media hora que tengo reservada, voy a conversarla con usted . El ex presidente tomó la palabra casi por una hora y dijo cosas muy duras sobre el comportamiento de los medios de comunicación con su gobierno. Fue algo off the record y nunca se publicó. Pero, Enrique y Hernando Santos fueron enterados de todas las críticas de Lleras.

En la segunda campaña por la reelección (años 76 al 78) el doctor Lleras estuvo en el Tolima y a la hora del almuerzo compartió la mesa con Rafael Caicedo Espinosa, Néstor Hernando Parra, Carlos Murcia de El Espectador y el redactor de EL TIEMPO. Se pasó revista a la marcha de la campaña (Murcia decía que esto no lo tranca nadie ) y los periodistas insinuaron que debía hacerse algo para atraer a los políticos, que en su mayoría estaban con la candidatura de Turbay Ayala. Lleras desatendió los consejos y anotó: pero cómo se les les ocurre que vaya a transar con ellos cuando lo que estoy criticando es el clientelismo. Prefiero que me derroten así... . Meses más tarde vino el consenso de San Carlos, que precisamente se gestó en casa de don Hernando Santos, director de EL TIEMPO, y Lleras perdió frente a Turbay.

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