COCA Y CULTURA ACELERADA

COCA Y CULTURA ACELERADA

La droga también es un acontecimiento cultural. El interés por salir de la conciencia lúcida ni siquiera es exclusivo de las actuales expresiones urbanas pues todas las culturas han seleccionado sustancias para torcerse o entrar en contacto con seres divinos y entresacar ocultas manifestaciones espirituales, con los cuales equilibrar las fuerzas antagónicas de la vida. Pero la cocaína posee una virtud especial, distinto en ello a la marihuana o al yajé: no saca la persona de sí, sino que más bien la mete en un acelere compulsivo, que sin duda se parece mucho a la productividad capitalista desenfrenada. La coca como el capitalismo tardío son modos de ser consumistas.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Sin embargo suele ocultarse el juego económico internacional en juicios morales sesgados. Y entonces se advierte que la coca es un negocio maldito proveniente de los países del sur, léase en especial Colombia, que envenena a los ciudadanos, por principio limpios del norte. Si no existiesen los carteles de la droga, también inventados fantásticamente, se deduce que no habría consumo. Digo fantásticamente pues si fuese verdad que hay un cartel de Cali, uno de Medellín y ahora de Tuluá y luego de Pasto, Tunja o de Samacá, entonces con la misma lógica debería haber carteles de Nueva York y de Suiza, ya que implica una organización como la de un cartel, el repartir la droga a destajo o el de organizarse para no levantar la reserva bancaria donde se guarda el dinero sucio, que por darle connotación tropical y no internacional lo llaman caliente, del Caribe... de las playas, del banano.

Pero la coca, como la velocidad automovilística, o la neurosis de compra cuando se está deprimido, tienen el mismo origen de consumo. Téngase presente que mientras los indígenas usan la coca en las civilizaciones urbanas se consume. Y esto ya es una gran diferencia. A lo anterior hay que agregar otro consumo. El de las imágenes terroríficas asociadas la nación de origen de los capos y por ahí mismo se ha pervertido a toda una nación.

El negocio de la coca encierra en sí la gran hipocresía universal. En sus modos de mostrarse a la opinión pública son muchos los que se lucran (en silencio) y pocos los señalados (con mucho ruido). Y de este modo los medios con su información fraccionada e impactante se tornan parte de una estrategia atroz (y posmoderna) de desprestigio y criminalización de una cultura. Mientras el mundo veloz sigue su marcha olímpica de consumo de lo que sea: el consumismo es la verdadera droga de este final de siglo; la coca una circunstancia pasajera, que nos impusieron llevar a cuestas.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.