J. TOFT, EX CAZADOR DE NARCOS

J. TOFT, EX CAZADOR DE NARCOS

El jueves pasado Joseph Toft subió a un avión que lo trasladó a Miami dejando atrás un escándalo de enormes proporciones y la sensación de haber borrado en unas horas todo el prestigio y el respeto que se había ganado en Colombia. Durante casi siete años guardó silencio, pero por razones que todos buscan explicarse, pasó del anonimato total a ser el personaje más controvertido de los últimos meses en el país.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Enigmático, silencioso, discreto, inteligente y sentimental, Toft fue desde que llegó una pieza fundamental en la actividad secreta que contra el narcotráfico adelantan las autoridades colombianas conjuntamente con las de su país.

De casi sesenta años, este hombre de aspecto atlético, gran jugador de baloncesto y tenis -deporte, este último, que practicaba con sus amigos colombianos en las canchas del Country Club y en la residencia del embajador- habló cuando nadie se lo esperaba.

Aunque no lo podía hacer públicamente -como funcionario de su gobierno le estaba prohibido- sus comentarios sobre el país siempre llegaban a las mismas conclusiones: Colombia está peor que nunca , afirmaba. Tampoco ahorraba palabras para señalar que me hubiera gustado hacer la diferencia .

Sus graves acusaciones, que sorprendieron a propios y extraños, pudieron ser, según sus amigos, producto de la amargura y la frustración que le produjeron el ver que sus esfuerzos no marcaron una diferencia en la lucha contra el narcotráfico.

Pero sus afirmaciones no fueron extrañas para otras personas, especialmente periodistas, con los que con relativa frecuencia hablaba y a los que les exponía, off the record, los mismos puntos de vista. Inclusive en una que otra oportunidad habló de pruebas (grabaciones, videos) que estaba obligado a no revelar porque constituyen verdaderos secretos de Estado.

Muchos consideran hoy que su actitud forma parte de una estrategia orquestada por la Drugs Enforcement Administration DEA] que busca, a través de la técnica del ventilador , enviar un mensaje al gobierno colombiano como mecanismo de presión para que las autoridades intensifiquen y dirijan sus operaciones al cartel de Cali.

Al fin y al cabo, Toft fue el hombre que más conoció y más cerca estuvo de los secretos mejor guardados de la mafia local. Los riesgos que corría lo obligaron alejarse de su familia, esposa e hijos, los que por razones de seguridad prefirió dejar en su país.

Toft fue el primer hombre en Colombia que recibió los incipientes informantes del cartel de Medellín, que motivados por posibilidades de jugosas recompensas y la protección en Estados Unidos, decidieron revelar detalles sobre los movimientos de Pablo Escobar en 1989, en la época más sangrienta de la guerra del cartel de Medellín contra el Estado.

El compartir datos con las autoridades colombianas, especialmente con miembros de la Policía, le permitieron ganar amigos al lado de los cuales determinó estrategias de persecución a los capos, cruzar información y perfeccionar planes de seguimiento a los barones de la droga.

Quienes estuvieron cerca de Toft, no dudan en reconocer el papel fundamental que jugó en los planes que se desarrollaron para dar de baja a Gonzalo Rodríguez Gacha y a Pablo Escobar Gaviria.

Sin embargo, los oficiales de la Policía que lo conocían sabían que Toft era un hombre que no lo contaba todo. Uno hablaba con él y sabía que se guardaba cosas .

Pero se las arreglaba para filtrar información a los medios a través de periodistas amigos, especialmente extranjeros. En una época, cuando el embajador Morris Busby le prohibió tener contacto alguno con la prensa, se reunía clandestinamente con reporteros en el restaurante Oma del norte, para entregarles detalles de lo que, según él, estaba ocurriendo.

Nunca me dio un dato equivocado , aseguró a EL TIEMPO un corresponsal extranjero.

Otro de sus amigos afirmó que Toft tenía mucho cariño por Colombia y que cuando hablaba de que las cosas iban mal, lo hacía con tristeza, no con rencor. Le habría gustado que la situación fuera otra .

Con todo, Toft nunca entregó evidencia alguna de sus afirmaciones y todo lo refería a la información de inteligencia que obtenía la agencia a su cargo.

El superagente Toft siempre gozó de gran respeto entre sus colaboradores y la gente que lo rodeaba en la embajada de Estados Unidos. En la DEA era considerado uno de sus mejores agentes tanto que tuvo a su cargo toda la responsabilidad de la lucha contra el narcotráfico en América Latina y estaba a punto de convertirse en el segundo hombre en importancia en esa agencia, ya que fue postulado para ocupar la dirección del organismo en California, Estado por donde entra el mayor porcentaje de las drogas ilícitas a su país.

De la DEA salió por su propia voluntad y tentado por los halagos de una multinacional norteamericana con sede en Los Angeles, a la que representará en toda América Latina.

Su carácter de hombre acostumbrado a los grandes riesgos lo llevo a cometer excesos y a rondar los límites de la ilegalidad y el irrespeto a nuestra soberanía. Impulsivamente en varias oportunidades participó en operaciones contra la mafia asumiendo, incluso, roles propios de las fuerzas del Estado.

El mismo admitió, por ejemplo, la participación de la DEA en la grabación del famoso narcovideo, y el conocimiento previo que tuvo de los controvertidos narcocasetes.

Este hombre de personalidad equilibrada, que nunca mostraba grandes cambios de humor, calmado y tranquilo, algo mujeriego, era un incasable trabajador, según las fuentes consultadas por EL TIEMPO.

Alguna vez comentó que no tenía amigos en Colombia y habló de las decepciones que sufrió cuando creyó que los tenía, pues no pocas veces descubrió que gente que se le acercaba y ganaba su confianza se pasaba o era del otro bando.\ Sin embargo, admitió, dos semanas antes de su partida, que estaba equivocado . Las calurosas manifestaciones de aprecio que recibió en una despedida que le hizo la Policía Nacional en la Escuela General Santander lo llevaron a cambiar de pensamiento.

Lloró y nos hizo llorar a todos , comentó uno de los más de cien invitados a la recepción. Es un país maravilloso, de gente talentosa, muy buena, donde he visto los grandes extremos de la vida, grandes actos de heroísmo y caer en la lucha a muchos compañeros colombianos , expresó en el homenaje el ex director de la agencia antidroga.

Quienes lo tuvieron cerca no entienden hoy el por qué de sus explosivas declaraciones. De pronto, todo pudo ser resultado de una conspiración en la que él debía actuar como uno de los principales protagonistas, papel que interpretó consciente de estar buscando un objetivo concreto y sin importarle los amigos y la del país que siempre dijo querer.

O quizás, la impotencia ante una lucha que terminó considerando estéril, provocaron una crisis en su personalidad y lo llevaron a comportarse sin medir las consecuencias de sus palabras. Al fin y al cabo se iba de Colombia y de lo que fue la gran pasión toda su vida, la Dea.

Hay también quienes consideran que habló con sinceridad.

Pero se marchó levantando una polvareda, llevándose muchos secretos, la ilusión de ver un día a los Rodríguez Orejuela purgando cadena perpetua y dos pequeños detalles que demuestran la gratitud de los colombianos que lo tuvieron cerca: el pisapapeles que con una hoja de marihuana incrustada le dio la Policía en su despedida y la silla del restaurante situado frente a la embajada, donde con frecuencia se sentaba a degustar donas, que le fue obsequiada por unos amigos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.