EL CONTRABANDO

El flagelo del contrabando ha sido, tradicionalmente, de proporciones incalculables en el país, hasta el punto de que ha figurado como una verdadera industria, con focos y epicentros reconocidos y tolerados. Se ha vuelto más agudo, con todo, desde el momento en que la Dirección de Aduanas fue fusionada con la Dirección de Impuestos Nacionales, teniendo sin duda como única mira la percepción fiscal, con descuido prácticamente total de la vigilancia aduanera. Ya parece llegada la hora de que el país emprenda una nueva lucha contra el contrabando. Una campaña ya convenida por el alto Gobierno, que ojalá sea tan intensa como eficiente. A todos los aspectos de suyo desmoralizadores del contrabando deben agregarse los factores del deterioro de la producción nacional, que en el caso de los textiles ha llegado a las más alarmantes proporciones. Pero lo mismo ocurre en todos los renglones, sin excluir los cigarrillos, los licores, los electrodomésticos, con los cuales se inunda el territorio

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Hay que llevar a la conciencia de todos los ciudadanos la decisión de no consumir artículos de contrabando. Pero mientras ello se logra, debe intensificarse al máximo la actividad de las dependencias aduaneras, con la indispensable diligencia interna para combatir los lazos de corrupción que en ellas han sido, infortunadamente, tan frecuentes. Pero debe partirse de la base de que en ese campo existe una verdadera emergencia nacional.

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