LA MUERTE PERDIÓ EL EMBALAJE

LA MUERTE PERDIÓ EL EMBALAJE

A pesar de todo, en el hogar de los Quintero Alarcón se vive con intensidad el ciclismo. Tanto que, haciendo caso omiso del drama que desde hace un año los carcome física y moralmente, el radio se escucha a buen volumen desde el fondo de la vivienda, sintonizado en una trasmisión de la Clásica de Boyacá. Es que a Luis Carlos ni siquiera ese brutal accidente que lo tuvo al borde de la muerte le quitó la afición por las bicicletas. Además, no puede sustraerse al destino de quienes hace solo 12 meses eran sus compañeros de brega. Este vallecaucano -oriundo de Guacarí- era una de las esperanzas del equipo Pony Malta-Avianca y la nueva sangre del pedalismo de su región. Como los corredores azucareros de antaño, su especialidad es el embalaje, el remate en velocidad. Por eso, no resulta raro que comandara el lote que aquel fatídico día se vio envuelto en ese absurbo accidente.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Accidente del cual Luis Carlos no recuerda nada. Es más: su memoria borró incluso el comienzo de esa etapa entre Bogotá y Villavicencio, la penúltima de la Vuelta de la Juventud-93. Solo me acuerdo de que el tramo anterior llegó a Tocancipá. Pero de ese día, nada , confiesa.

Desde la madrugada, llovía en Bogotá y eso, más las circunstancias de la carrera, prendieron la alerta roja. La instrucción era coronar el alto con tranquilidad y realizar con prudencia el raudo y peligrosísimo descenso hacia el Llano; la meta era terminar dentro del límite para que, al día siguiente, pudiera subir al podio a reclamar la camiseta como el mejor embalador de la prueba .

Como era de los más ágiles en la bajada, con frecuencia pasaba al frente. Fue en uno de esos cambios en que se encontró, de frente, ante el Trooper. De ahí pasó a la ambulancia y a la clínica, donde comenzó su calvario. Y el de su familia.

Luis Carlos sufrió fractura del cráneo, del esternón, de la clavícula izquierda, tres en un brazo y cuatro en el otro y tres en la pierna derecha. Permaneció inconsciente durante ocho días. Al cabo de ese período despertó un instante, recordó todo el suceso y volvió a quedar desconectado del mundo. Así estuvo 25 dramáticos días, debatiéndose entre la vida y la muerte.

Fueron días y noches interminables, tormentosas. La mamá, Amparo Alarcón, que lo acompañó desde aquel 2 de octubre, era impotente testigo del sufrimiento de su hijo. No solo era verlo ahí postrado en la cama, inconsciente, conectado a una serie de aparatos, enyesado, sino también soportar los instantes en que Luis Carlos hablaba o gritaba, padecía picadas en distintas partes del cuerpo o, como sucedió más tarde, convulsionaba.

Gracias a Dios, el equipo Pony Malta-Avianca no lo desamparó ni un instante. Los directivos, los técnicos, los auxiliares y sus compañeros siempre estuvieron pendientes de él, de que no le faltara nada, de que estuviera al cuidado de los mejores especialistas. Solo así consiguió ganarle esa difícil carrera al infortunio.

Con el paso de los meses, Luis Carlos se recuperó. Primero salvó su vida; luego, y de a poquitos, fueron sanando las fracturas de los brazos y de la pierna -esta última lo obligó a soportar un tutor (tornillos)-. Pasó por las manos de un cirujano maxilo-facial, un cirujano plástico, un odontólogo (que le reconstruyó la dentadura), un traumatólogo... en fin.

Hoy, la única secuela física que le queda compromete seriamente su aspiración de ser ciclista. Debido a la fractura de la clavícula, los nervios del plexo flexobraquial se rompieron y perdió la movilidad y la sensibilidad del brazo izquierdo. Hace cinco meses fue sometido a una operación para reconstruir la zona dañada y recuperó alguna sensibilidad hasta el codo; pero el antebrazo y la mano todavía no responden. En consecuencia, corre el riesgo de no poder volver a montar en bicicleta nunca más.

Aunque se recuperó, la vida se le convirtió en un infierno. Porque no solo fueron las semanas que estuvo postrado en una cama, o internado en una clínica sometido a terapias. También, y en especial, todos estos meses que han transcurrido desde el 2 de diciembre, día en que regresó a su casa en Guacarí.

A partir de entonces, Luis Carlos ha vivido capoteando las depresiones que se vuelven insoportables en los momentos de soledad, durante las noches; las cansonas sesiones de terapias; los instantes en que no aguanta más y maldice - incluso se golpea en el brazo impedido-, porque no entiende cómo pudo verse envuelto en un accidente tan absurdo como el que ahora lo tiene limitado; las interminables horas de deambular por la casa, sin nada que hacer, sumergido en su pena y tratando de aliviar la de sus familiares; y los momentos en que, aun en contra de su propio orgullo, humildemente debe pedir el favor de que le ayuden a abotonarse la camisa, a amarrarse los cordones de los zapatos...

Por fortuna, desde el pasado 25 de agosto ingresó a la Universidad del Valle, a estudiar Ingeniería Civil. Allí tratará de aprovechar su otro talento, el dibujo. El estudio se ha convertido en un paliativo, en la mejor forma para mantenerse ocupado y ajeno a su drama. Y también en una nueva oportunidad que le abre la vida.

Pero, a pesar de todo, de saber que es un ser privilegiado al haberse recuperado de un golpe tan duro, Luis Carlos no se resigna. Quiere ser ciclista...

Acróstico de bienvenida El pasado 2 de diciembre por fin se escucharon de nuevo las risas en la casa de los Quintero Alarcón.

Ese día, Luis Carlos regresó después de dos meses angustiosos en los que con coraje luchó por su vida en clínicas de Bogotá.

El ambiente era de fiesta y los corredores de la vivienda no daban abasto para tanta gente: familiares y vecinos se congregaron para darle la bienvenida al joven que a punta de pedalazos había dejado en alto el nombre del pueblo.

Y para expresar la inmensa felicidad que los embargaba, decidieron escribir un acróstico, que aún está pegado en la pared del corredor principal. Dice así: Tú eres un hombre\ Luchador y aguerrido\ Ungido por Dios\ Ilusionado por las cosas bellas de la vida\ Sonrisa amplia y transparente\ Capaz de vencer obstáculos\ Ama la vida y las cosas que ella le brinda\ Romántico en ocasiones\ Listo para ayudar cuando se necesita\ Orgulloso de los padres y familiares\ Satisfecho por todos sus triunfos\ Quiere con todo el corazón\ Un hombre honrado\ Inteligente para tomar las cosas de la vida\ Neurótico de vez en cuando\ Talentoso con sus amigos\ Eres único e inigualable\ Radiante de energía positiva\ Orienta su mirada siempre adelante\ Por todas esas cosas sabemos que llegarás triunfante al final del camino .

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