UNIVALLE: RUMBO A PRIVATIZARSE

UNIVALLE: RUMBO A PRIVATIZARSE

Con frecuencia se escucha decir que la universidad tal ha sido privatizada porque el valor de sus matrículas se ha incrementado anualmente. Esta afirmación la he oído con relación a la Universidad del Valle, la cual tuve honor de dirigir durante siete años. Nada menos cierto e injusto. En Colombia, tal como en otros países de América del Sur, entre ellos Brasil y Chile, se ha producido un fenómeno de privatización de la Educación Superior, no porque las instituciones de origen gubernamental u oficial se hayan convertido en instituciones privadas o porque la matrícula haya sustituido los aportes gubernamentales, sino porque el número de instituciones de origen privado ha venido superando sistemáticamente al de las instituciones de origen oficial.

27 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

En Colombia, en 1.989, existían 236 instituciones de educación superior, de las cuales el 30 por ciento eran oficiales y el 70 por ciento, privadas. Se ofrecían 2.094 planes de estudio, 937 en instituciones oficiales y 1.157 en entidades privadas. De los 475 mil estudiantes de pregrado, matriculados en ese año, el 42 por ciento eran atendidos por el sector público y el 58 por ciento por el sector privado. A principios de los años setenta las instituciones oficiales eran 60 por ciento frente a 40 por ciento privadas. Lo mismo el número de estudiantes. La crisis por la cual atravesó la educación pública, causada principalmente por problemas políticos y desacierto administrativo, hizo que la demanda por cupos se dirigiera hacia las instituciones privadas al tiempo que los aportes gubernamentales se estancaron. Incluso hubo disminución de cupos en algunas instituciones públicas. Las universidades públicas, tanto las nacionales como las departamentales, tienen una alta dependencia de los aportes de La Nación, los cuales representan el 77 por ciento del total de sus ingresos. Estos aportes se orientan en un 86 por ciento a gastos de funcionamiento, de los cuales el 75 por ciento corresponde al pago de nómina. Durante los 80, el aporte de la Nación creció de manera continua y a un ritmo mayor que el número de alumnos matriculados en las universidades públicas. No es ese el caso de la Universidad del Valle, pues entre 1985 y 1991, la Universidad pasó de 6.500 alumnos a 18.500, sin incrementar el número de profesores y empleados. La Universidad que representaba el 27 por ciento de la matrícula total de universitarios en el Valle del Cauca, en 1985 pasó a un 42 por ciento en la actualidad. El programa de regionalización que consiste en la presencia real y física de nuestra Alma Máter, en las diferentes regiones del Valle del Cauca, fue diseñada con el propósito fundamental de propiciar el ingreso a la Educación Superior de personas cuya formación inicial se ha realizado en las ciudades y poblaciones intermedias donde las condiciones económicas generales y la calidad del bachillerato son inferiores a las existentes en la ciudad de Cali. Actualmente, una tercera parte de los estudiantes que ingresan a la Universidad a primer año, lo hacen directamente a las sedes regionales de Buenaventura, Palmira, Buga, Tuluá, Zarzal, Cartago y Caicedonia. Esos estudiantes, en su gran mayoría, vienen a Cali después del tercer o cuarto semestre, y terminan sus estudios. En este año 1991, se han empezado a graduar los primeros profesionales provenientes de las sedes regionales. Las matrículas en la Universidad del Valle son las más bajas de la región, su cobro se hace con base en estudios socio-económicos derivados de las informaciones que el estudiante suministra, las cuales son verificadas posteriormente para evitar fraudes. Anteriormente, el cobro de la matrícula se hacía con base en la declaración de renta, pero al analizar los coeficientes de correlación calculados entre el valor de la matrícula mínima (26 mil pesos semestrales), y el estrato socio-económico, era sorprendente cómo los estratos altos tenían alta correlación con el valor mínimo de la matrícula, o sea que estudiantes de recursos económicos medios y altos estaban pagando valores de matrícula que no correspondían a su verdadera situación económica. El presupuesto anual de la Universidad, es de apróximadamente 18.500 millones de pesos al año, de los cuales los estudiantes pagan unos 500 millones de pesos y retiran directamente por servicios de bienestar -servicio médico, cafetería, seguros, recreación, etc- una suma casi igual a su aporte. Por ser la nuestra una Universidad diurna y con estudiantes de dedicación de tiempo completo, su composición socio-económica, solo el 1.9 de los estudiantes pertenecen al estrato socio económico bajo-bajo; el 24.8, al estrato bajo; el 30.7, al medio-bajo; el 8.3, al medio; el 28.8 al medio alto, y el 5.5, al alto. Por lo menos los estudiantes de los últimos tres niveles podrían pagar matrículas superiores a las establecidas por la Universidad, máxime si se tiene en cuenta que, los estudiantes de mejores recursos económicos, están en las áreas de mayor demanda como son arquitectura, salud en todas sus disciplinas e ingenierías. No se trata, pues, de polemizar con quienes piensan que un incremento moderado en el valor de la matrícula, equivalente al incremento anual del salario mínimo, significa la privatización de la Universidad.

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