SAN PACHO, EXPRESIÓN DE ALEGRÍA NEGRA

SAN PACHO, EXPRESIÓN DE ALEGRÍA NEGRA

Faltan cinco minutos para que sean las doce del día. Un intenso sol pega en los cuerpos de las personas reunidas y resbala por sobre los tejados de las casas. Movámonos que ya vienen los del barrio Tomás Pérez a entregar el bastón de mando , grita alguien. Con una mirada general hacia los lados, con un gesto de preocupación, se abre paso entre la multitud agolpada en el populoso barrio Kennedy de Quibdó, Omar Palacios Mosquera, presidente de la junta central de las fiestas patronales de San Francisco de Asís. El será testigo de la entrega.

01 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Miriam Parra Paloqueme, del Tomás Pérez, se acerca y deja en manos de Marcial Pino Santos, del barrio Kennedy, el bastón de madera, parecido al cayado de los pastores de la iglesia.

La entrega de este símbolo se convierte en la boleta de libre acceso para la celebración y el gozo de las fiestas dedicadas a San Francisco de Asís, declarado patrono de la ciudad desde su fundación hace más de 300 años.

Fueron los misioneros franciscanos, venidos desde España, quienes llamaron a la ciudad San Francisco y por lo tanto institucionalizaron la celebración de las fiestas en honor al santo.

Los habitantes del Kennedy serán los anfitriones de la rumba y tratarán de hacer una fiesta mejor que la que hicieron los del Tomás Pérez. Confían, además, en que no los supere ninguno de los otros diez barrios franciscanos de la capital chocoana, que también tendrán su turno para invitar.

Vestidos con ropa ligera como pantalones cortos, camisetas, gorras y pequeñas toallas para limpiar el sudor, producido por el sol y el calor de la multitud, niños, jóvenes y adultos paralizan durante 24 horas sus actividades habituales.

Todos quieren participar del bunde o rebulú , expresión popular con la que se denomina el desfile, donde todos participan con saltos, gritos y cantos rítmicos.

En San Pacho no hay tiempo para las discriminaciones. Tampoco para las lamentaciones. La identidad con la música y la idea de recorrer las calles de día y de noche, sin pensar en horarios, parece transformar el ambiente.

Las noches secas de verano o pasadas por la lluvia, se convierten en una formidable experiencia. Además, en el recorrido por los diferentes sectores de los barrios, los asistentes a la celebración demuestran su habilidad para cambiar el movimiento del cuerpo a la par con la música emanada por los equipos de sonido instalados en cada esquina.

Así mismo, las noches son propicias para que las numerosas familias chocoanas, con grandes listas de tíos, tías, primos, comadres, compadres y vecinos, se reúnan en las casas para ofrecer a cualquier visitante los sancochos de queso, de pollo o de pescado.

Turistas extranjeros y de otras regiones del país llegan en forma masiva y se agolpan en los andenes equipados con cámaras, para detener en imágenes los sensuales y alegres movimientos de los negros y negras que recorren las calles al ritmo impuesto por el toque de las chirimías.

Histórica celebración En las tres primeras décadas del siglo XX, bajo el liderazgo del padre claretiano Nicolás Medrano, se incluyeron en las fiestas elementos típicos de las manifestaciones culturales del pueblo chocoano como la banda de músicos, las chirimías, las vacalocas y además se conservó la idea de los disfraces.

Desde esa época los disfraces han sido utilizados como un medio de expresión crítica del pueblo. La manipulación y corrupción de políticos, la falta de servicios públicos, el maltrato al medio ambiente son los motivos favoritos de cada uno de los barrios franciscanos que participan de la fiesta.

Con muñecos y figuras hechas de madera cada año se lanzan las inquietudes populares. Aunque aún se conserva la costumbre de discutir y crear entre toda la gente del barrio la figura del disfraz, algunas personas han cuestionado la falta de creatividad. Las temáticas y materiales están agotadas inexplicablemente, en un medio donde existen demasiados recursos para la experimentación.

Un buen ejemplo de todo lo que se puede hacer, lo mostró el barrio la Yesquita, que en esta versión presentó el disfraz llamado Pidamos un Deseo . En él se puso en juego el ingenio de varios artesanos quienes se valieron del cuento de Aladino para mostrar las necesidades del mundo. Al abrirse la compuerta de la lámpara de Aladino, se forma una nube de humo, hecho con gases artificiales. Inmediatamente aparece el genio que está ubicado sobre una alfombra formada por cuatro globos inflados con helio y forrados con un plástico. El efecto de los globos permite que la alfombra se levante y deje ver los letreros con los deseos: fuera la violencia, la corrupción, cuidado con el sida, atención en necesidades básicas.

Con más seguidores que detractores, a los chocoanos les queda tiempo, hasta este 5 de octubre, para seguir gozando y demostrar que las festividad de San Pacho, es la expresión viva de la alegría negra.

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