SALIDA EN FALSO

Con las graves acusaciones que lanzó el ex director de la DEA en Colombia, Joseph Toft, contra altos funcionarios del Gobierno colombiano -con el Presidente de la República y su antecesor a la cabeza-, desperdició una preciosa oportunidad para hacer un balance frío y equilibrado sobre el estado en que se encuentra la lucha contra el narcotráfico. Prefirió enlodar el nombre de dirigentes y ofender la dignidad nacional al calificarnos con términos tan categóricos y generalizantes como una narcodemocracia, a salir con la cabeza en alto. De alguna manera lo ácido de sus palabras son prueba de que su gestión no fue la más afortunada. Además, el no haber aportado una sola prueba ni haberla ofrecido después de las delicadas implicaciones de sus palabras, restaron seriedad a sus sindicaciones. Por ser tan generales y por falta de una base de mayor consistencia legal, las acusaciones quedaron en el aire y distraen el necesario debate, real y concreto, en torno de la peligrosa infiltración de lo

01 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Hay que cuidar, no obstante lo dicho, de que esta salida en falso del señor Toft pueda servir para alborotar falsos nacionalismos. Y que éstos sean utilizados como pretexto para sacarle el cuerpo a una discusión inaplazable alrededor de la injerencia cada vez más evidente de los dineros mal habidos en la política colombiana. Es posible que varias de las cosas que dijo Toft suenen duras y puedan ser interpretadas por algunos como descomedidas con un país que ha entregado muchas vidas en esta lucha contra el narcotráfico. De entrada rechazamos, por ofensivos, los cargos que hizo contra el Presidente de la República y otras altas personalidades; pero negar que algunas de las afirmaciones de Toft tienen algún grado de validez, sobre todo aquellas en las que denuncia el control que tienen los narcotraficantes sobre ciertos personajes de la política, equivale a desconocer el poder que han acumulado en poco tiempo los carteles de la droga. La irresponsabilidad de quien habló como un policía antinarcóticos radica en que generalizó demasiado y mencionó uno o dos nombres sin aportar pruebas.

Todo esto hace absolutamente necesario reforzar la cooperación entre Colombia y E. U. para enfrentar el tráfico de drogas. Que además debe ir acompañada de decisiones que en lugar de fortalecer ese frente lo debilitan. Nos referimos al tratamiento arancelario que reciben algunos productos de exportación como las rosas, fuente importantísima de divisas que de alguna manera revierten en la lucha contra las mafias del narcotráfico.

Desconcierta y entristece que quien hace unas semanas reconoció que se le habían aguado los ojos en una despedida que le hicieron altos oficiales de la Policía con quienes trabajó hombro a hombro, salga por la puerta de atrás diciendo que toda esta lucha ha sido casi inútil. Olvidó a los miles de colombianos muertos en un campo de batalla en el que los norteamericanos tienen mucho de protagonistas por ser dueños del principal mercado para los narcóticos. No hay que olvidar que declaraciones como las que dio el señor Toft siembran el desconcierto y sirven más a quienes están huyendo de la Justicia que a cuantos con mucho valor han puesto la cara, a un altísimo precio, en esta sangrienta y desigual guerra que libra Colombia contra las poderosas mafias del narcotrafico.

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