DESFALLECIMIENTO DE UNA FE

DESFALLECIMIENTO DE UNA FE

No es fácil sintetizar el alcance ideológico y el papel histórico cumplido por la doctrina neoliberal en el mundo de la economía, especialmente durante las últimas décadas. Cualquier enfoque que se escoja, sin embargo, debe resaltar el papel esencial que en el pensamiento neoliberal juega la creencia en la competencia como el instrumento más adecuado para garantizar el uso eficiente de recursos escasos. Esa fe en las virtudes de la competencia lleva a su vez a eliminar las trabas y restricciones que limitan el funcionamiento de los mercados. De allí, el énfasis neoliberal en todo el tema de la desregulación. La ruptura de los monopolios estatales es otra consecuencia de la creencia en la competencia. Por eso el afán privatizador que distingue a sus adeptos.

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Las últimas dos décadas han presenciado una aplicación masiva y universal de esos dos postulados fundamentales de la filosofía neoliberal, la desregulación de los mercados y la privatización de la actividad económica, a partir de los esfuerzos iniciales de la señora Thatcher en el Reino Unido.

Hoy no existe país en que, en mayor o menor grado, las creencias neoliberales no hayan dejado su huella. Precisamente por eso, es ya posible hacer una evaluación de los resultados que se han obtenido en su aplicación práctica.

Como era de esperar, los efectos han sido más satisfactorios en aquellos casos en los cuales los mercados eran intrínsecamente competitivos, y su eficacia se encontraba reducida por regulaciones oficiales. Poca duda cabe de que en temas como el comercio internacional, la actividad financiera o las prácticas laborales, la competencia inducida por el neoliberalismo se ha traducido en mayor eficiencia y productividad.

Corrección de vacíos En otros campos, donde las características de los mercados no se presten tan fácilmente al cumplimiento de los requisitos de un número significativo de oferentes y demandantes, en condiciones de transparencia e igualdad, los resultados de la aplicación de las ideas neoliberales han dejado qué desear. Esto se ha visto claramente en el caso de ciertos monopolios naturales en el área de los servicios públicos, cuya privatización no se tradujo en mayores niveles de competencia sino en el cambio de un monopolio público por uno privado, a veces inclusive en desmedro de los consumidores.

No han sido afortunados los efectos de las políticas neoliberales en el campo social. La distribución del ingreso ha desmejorado en muchos países que aplicaron sistemáticamente tales políticas, y tampoco se logró que los pobres se beneficiaran automáticamente de la mayor productividad inducida por la desregulación y la privatización. Ello ha obligado a los gobiernos a diseñar políticas de gasto público orientadas a corregir estos vacíos.

Desde una perspectiva de más largo plazo, tampoco está claro que una economía regida estrictamente por principios neoliberales puede crear nuevas estrategias para insertarse más adecuadamente en la economía global. Los mercados privados son eficientes para maximizar las ventajas competitivas de que hoy goza un país, pero no para posicionarlo de manera más favorable en una época regida por el cambio tecnológico acelerado y la globalización de la economía. Allí se requiere una acción directa del Estado, para preparar los recursos humanos y la infraestructura básica a partir de los cuales se generan las nuevas ventajas, más dinámicas y lucrativas, del futuro.

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