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ENTRE BUENOS DESEOS Y DURAS REALIDADES

ENTRE BUENOS DESEOS Y DURAS REALIDADES

La política económica que comienza a bosquejar la Administración Samper es aún difusa. Se han anunciado tantos buenos propósitos en este primer mes y medio de gobierno que no es fácil distinguir todavía qué es lo esencial y qué lo adjetivo en ella. Han sido tan abigarradas las noticias de lo que se hará en los años venideros, que se siguen despertando expectativas inmensas entre la gente como si siguiéramos en campaña. Solamente cuando se explique en detalle por parte del Gobierno el proyecto de presupuesto para 1995, y cuando se conozca el marco completo del plan de desarrollo del cuatrienio, podremos apreciar con precisión la real contextura de la política económica en marcha. El plan de desarrollo, por ejemplo, lo hemos venido conociendo por entregas semanales del Conpes. Seguramente el documento final será, en esencia, la sumatoria de los programas sectoriales que se están difundiendo cada semana (la red de solidaridad social, el programa de reactivación agrícola, la reestructur

En efecto: el jefe de Planeación anunció que el eje financiero del plan de desarrollo sería el crédito externo, y que durante el cuatrienio se contratarían empréstitos por una suma del orden de los 7.000 millones de dólares, lo que de ser cierto echaría por la borda los buenos propósitos de quebrarle el espinazo a la revaluación. El señor Ministro de Hacienda se ha apresurado a aclarar que el financiamiento del plan de desarrollo no será a base de crédito externo. En síntesis, estamos conociendo el contenido del plan de desarrollo por entregas, como en las telenovelas, pero aún no sabemos cómo se va a financiar.

Algo parecido aconteció con los anuncios de los compromisos en la lucha antiinflacionaria del gobierno. Al comienzo hubo un silencio sepulcral sobre tan delicada materia. En el discurso de posesión del señor Presidente prácticamente no se mencionó el asunto. Esto creó malestar. La gente comenzó a preguntarse si era que la lucha contra la inflación no ocupaba lugar preeminente en la agenda económica del Gobierno. Afortunadamente se hizo claridad sobre el tema durante la asamblea de la Andi. El Presidente habló claro, y el Ministro de Hacienda aprovechó para amonestar a su colega de Desarrollo.

Como en telenovela Igual cosa ha sucedido con los anuncios sobre el pacto social de precios, salarios y productividad, inspirado en la experiencia mexicana. Al principio hubo comunicados contradictorios sobre la fecha en que se le convocaría. No estaba claro si sería en este año o en el siguiente. Finalmente se ha dicho que se le convocará a partir de octubre de 1994. Estos titubeos mostraron que el Gobierno quiere convocar un proceso de concertación para intentar romper las fuerzas inerciales de la inflación, pero que no tienen aún estudiados ni preparados los complejísimos detalles de tipo técnico que deben preceder un proceso tan delicado como este para que tenga éxito.

El próximo semestre será, en materia de concertación, como esos maravillosos circos de tres pistas que solían visitar el país hace algunos años. Tendremos funcionando simultáneamente el siguiente circo: en la pista número uno la concertación del Pacto Social , en la pista número dos la concertación del plan general de desarrollo, y en la pista número tres la concertación del consejo salarial que suele reunirse en diciembre. Ojalá los equilibristas y maromeros de esta complicada función corran con buena fortuna.

Y por último está el capítulo de la revaluación. El Gobierno anunció que una de sus primeras prioridades sería concertar con la Junta Directiva del Banco de la República un paquete de medidas tendientes a cambiar la grave tendencia revaluacionista que viene aquejando la tasa de cambio. Se tomaron efectivamente las medidas, pero la reacción de la tasa de cambio ha sido insignificante. Se dice que la leve mejoría registrada, más que a las medidas adoptadas, se debe a intervenciones masivas y costosísimas que está haciendo la tesorería en el mercado cambiario. Los agentes económicos han recibido con poca credibilidad los anuncios antirrevaluacionistas del Gobierno. Ello se debe, probablemente, a que no se conocen todavía los pormenores de su política fiscal, y a que el mismo Gobierno ha hecho anuncios contradictorios como la voluntad de contratar créditos externos para monetizarlos y financiar así el gasto público, lo que en vez de atenuar la revaluación va a atizarla aún más.

Toda política económica debe gozar de un margen razonable de espera antes de ser juzgada. La de la actual administración también debe beneficiarse de ese plazo prudencial antes de ser evaluada. Lo que sí podemos anticipar por el momento es que se vislumbra una diferencia grande entre los buenos deseos que la animan y las duras realidades que tendrá que afrontar. En ese contexto sería más prudente no despertar excesivamente expectativas.

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