BAJO LA LEY DEL PÉNDULO

BAJO LA LEY DEL PÉNDULO

Al contrario de lo que indica la etimología de la palabra, la corriente ideológica hoy en boga identificada como neoliberal no es nueva ni tampoco es liberal. No es nueva por cuanto sus orígenes se remontan al primer gran tratadista de las ciencias económicas, Adam Smith, quien publicó en Londres en 1776 su formidable obra Una indagación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Entonces aseveró Smith que los bienes no deben ser producidos, sino donde sus costos absolutos son los más bajos . Este principio conducía a la insustituible conveniencia de liberar el comercio. Más tarde esos conceptos quedarían plasmados con claridad cristalina, primero por David Ricardo en su trabajo Principios de economía política y tributación 1 publicado en 1817. Ricardo fue el primero en hablar de las ventajas comparativas de las distintas naciones en diversos productos, corroboradas más tarde por J. S. Mill en sus Principios de economía y posteriormente con mayor precisión en s

02 de octubre 1994 , 12:00 a. m.

Dos polos Regresando transitoriamente a la parte histórica de esta brevísima reseña, conviene recordar los excesivos privilegios concedidos por toda esta ideología imperante en la primera parte del siglo XIX, a dos de los elementos básicos de la producción, el capital y la tierra, con exclusión del tercero, el trabajo2. Tales privilegios estaban llamados a generar vigorosas críticas a la ideología imperante. El lector habrá anticipado en forma instantánea que estos flujos conceptuales partieron de la publicación del Capital de Karl Marx. De aquí en adelante se polarizaron nítidamente los conceptos relacionados con el papel que debe cumplir la función reguladora del Estado. En un extremo se colocaron aquellos que apoyan el funcionamiento irrestricto de las fuerzas del mercado, la apertura de las fronteras para garantizar la eficacia del comercio internacional y la libre operancia de la iniciativa privada para dirigir las nuevas inversiones hacia aquellos sectores donde la escasez de recursos de capital promete los más atractivos rendimientos. En el otro extremo se situaron quienes encuentran imperativa la intervención estatal para regular las variables macroeconómicas más significativas: inversión, producción, consumos y en fin, la distribución de todos los recursos escasos, haciendo caso omiso, por medio del planeamiento central, de las fuerzas del mercado y del mecanismo de precios.

Con el triunfo de la revolución bolchevique se llevó a la práctica en la Unión Soviética la ideología Marxista Leninista, bajo un sistema de gobierno bautizado como la Dictadura del Proletariado. Como consecuencia, a partir de la Primera Guerra Mundial la ideología política en la mayoría de las democracias del mundo libre demostró, en forma cíclica, un comportamiento pendular, ora inclinándose hacia el extremo socialista basado en el intervencionismo de Estado, ora aceptando la eficacia de los incentivos que ofrece el sistema capitalista y de libertades individuales.

Tampoco puede desconocerse que dentro de cada uno de los dos extremos llegaron a introducirse parte de los mecanismos integrantes de la ideología contraria. Un claro ejemplo de la intervención del Estado dentro de los regímenes capitalistas fue el que ofrecieron las formulaciones cepalinas durante los cuatro lustros siguientes a la Segunda Guerra Mundial. Bajo la protección estatal de los altos derechos aduaneros y las restricciones cualitativas y cuantitativas a las importaciones, se impulsó la formación de múltiples industrias, en gran parte ineficientes, en los países en proceso de desarrollo, particularmente en Latinoamérica.

Comportamiento pendular Ahora, desde los comienzos de la presente década, después de la desintegración de la Unión Soviética y al destaparse ante los ojos del mundo libre el evidente fracaso del socialismo, las preferencias ideológicas han conducido el movimiento pendular hacia el otro extremo. En lo que a nuestro hemisferio se refiere, el neoliberalismo , entendido dentro de su contexto histórico, ha cobrado una prevalencia sin precedentes, de tal manera que el modelo colombiano no constituye excepción alguna en nuestro continente. Estas naciones han abrazado con entusiasmo la apertura de sus fronteras con la reducción de sus tarifas aduaneras, la eliminación de las restricciones cualitativas y cuantitativas al comercio, la liberalización de sus regímenes cambiarios, la privatización de las empresas estatales y en fin, la exaltación de las virtudes del mecanismo de precios.

Este conjunto de nuevas condiciones ha fomentado el flujo de capitales hacia estas naciones; atraído además por las enormes diferencias en tasas de interés, prácticamente congeladas en el Norte y muy elevadas en estos países para compensar sus continuados niveles de inflación. El resultado neto de esta combinación de circunstancias puede sintetizarse así: a) Un crecimiento desorbitado en el endeudamiento privado externo de las naciones del Sur, b) Este endeudamiento ha financiado sobradamente, los crecientes déficit comerciales de estos países, resultantes de un aumento desmesurado de sus importaciones y de un debilitamiento cada día mayor de la capacidad competitiva de su producción interna, tanto con destino a los mercados foráneos, como para su consumo doméstico.

Por último, es útil recordar que el comportamiento inexorablemente pendular de las economías indica que todos los índices que mostraron ascenso habrán de descender por la misma vía por donde subieron. Así a Colombia, como a muchas otras naciones hermanas, le habrá de llegar el momento de pagar la cuenta por el inmoderado alud de consumos a debe incentivado por la acción conjunta de: a) La apertura; b) La revaluación de sus monedas, y c) El endeudamiento privado externo.

1.- La frase completa laissez faire, laisser passer; le monde va de soi meme. Vale decir dejar hacer dejar pasar; el mundo marcha por sí solo , se atribuye al francés Jacques C. M. Vicente de Gourmay (1712-59), quien según el relato del profesor J. A. Shumpeter en su obra Historia del análisis económico, era un hombre de negocios burgués que no publicó obra alguna, pero cuyas cartas, notas y traducciones de escritos ingleses sobre economía tuvieron una notable influencia sobre los pensadores de la época.

2.- Para citar un diciente ejemplo, interesa recordar la frase introductoria de David Ricardo al capítulo 1, sobre el valor de su obra (Principios de economía... Op. cit. pag. 5), que dice: El valor de un artículo, o la cantidad de cualquier otro artículo por el cual se intercambiará, depende de la cantidad de trabajo que es necesaria para su producción, y no de la mayor o menor compensación que se paga por ese trabajo .

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