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TORMENTA ENTRE BASTIDORES

TORMENTA ENTRE BASTIDORES

Los grandes clásicos vuelven a llenar la cartelera de la nueva temporada del célebre Bolshoi, cuyo brillante elenco se desgarra en luchas internas y ha sumido el futuro del Gran Teatro en la mayor incertidumbre de sus 219 años de historia. Las controversias en torno a si deben rodar cabezas en la cúpula directiva del Teatro y el reciente decreto presidencial con el que se instaura el régimen de contratos, no han impedido que el telón del Bolshoi se levante con extrema puntualidad para inaugurar con exquisitez la nueva estación operística y de ballet.

Prácticamente no desfilarán nuevas producciones en las primeras semanas del programa del Bolshoi, que comenzó el pasado día 22 de la mano de La Dama de piques, gran ópera dramática del legendario Pioter Tchaikovsky.

Los primeros bailarines rusos Nadezhda Grachova y Andrei Uvarov pusieron el broche inaugural el pasado día 23 a la nueva estación coreográfica con Giselle en una interpretación que no tuvo desperdicio y que fue aclamada por un público entusiasta llevado por el mundo mágico engendrado por el galo Adolphe Adan.

También se mantiene entre los clásicos de la cartelera 1994-95 la ópera El Orgullo del Zar, de Rimsky-Kórsakov, otra tragedia rusa en la que Iván el Terrible elige por esposa a una bella mujer, ya prometida, a la que la atractiva aspiración de ser zarina no le impide morir de mal de amores.

La ópera Il Trovatore aparecerá en escena dirigida por Herman E. Fischer, y contará con la poco habitual presencia en ese reparto del tenor Zurab Sotkilava en el papel de Enrico.

Los responsables artísticos del Bolshoi han prometido para finales de año dos nuevas producciones de ballet: Don Quijote, cuya coreografía será encabezada por Yuri Grigorovich, y Las Sílfides, producción originalmente creada por Oleg Vinográdov, del Teatro Marinsky de San Petersburgo (el Kirov de la época soviética), cuna de la Opera y el Ballet rusos.

Animarán además las veladas del ballet moscovita Chopiniana con la coreografía original de Mijaíl Fokin, del Ballet Ruso, y Fantasía sobre un Tema de Casanova, el único ballet nuevo en las dos últimas temporadas, puesto en escena por el ex primer bailarín del Bolshoi de Mijail Lavrovksy.

Con este cartel, queda una vez más de manifiesto la escasa predisposición del director artístico del Bolshoi, Yuri Gregorovich, a introducir innovaciones coreográficas en su programa, lo que le ha hecho ganarse la fama de dictador .

Un ejemplo de sus malas relaciones con numerosos artistas del Gran Teatro es el caso de la mundialmente famosa primera bailarina Maya Plisétskaya, quien se alejó del Bolshoi por no simpatizar con la política de Grigorovich.

Otra muestra del alboroto que reina estos días en los pasillos del teatro es el documento remitido por fax a la agencia oficial rusa Itar-Tass por Yuri Vladímirov, antes primer bailarín y ahora presidente del comité sindical del ballet del Bolshoi.

El escrito era una papeleta secreta en la que se desgranaban los votos de los integrantes del ballet acerca de la persona que debe dirigir los designios de la compañía.

De los 196 bailarines que participaron en la votación, 141 se pronunciaron a favor de mantener en la cúpula de la dirección artística al polémico Yuri Grigorovich, 33 votaron en contra y 22 se abstuvieron.

El Ballet -solistas, coreógrafos, y cuerpo de baile- lo forman 340 artistas, mientras que la Opera cuenta con 283 cantantes entre solistas y coro, y 250 músicos integran la Orquesta, del total de 2.100 personas que emplea el Teatro Bolshoi.

El próximo diciembre, Grigorovich celebrará el trigésimo aniversario de su reinado en el Bolshoi, fecha para la que, según su director general, Vladímir Kokonin, el teatro se engalanará de fiesta para celebrar la ocasión por todo lo alto .

Pero no solamente la cabeza de Grigoróvich está en juego, sino también la de Kokonin, ya que los integrantes del ballet enviaron recientemente al presidente ruso, Borís Yeltsin, un escrito en el que solicitaban la retirada del director general.

Yeltsin envió, a su vez, la carta sin abrirla a Kokonin, lo que provocó la irritación de los bailarines, -añadieron las fuentes- ya que demuestra, junto al decreto sobre el sistema de contratación, el firme espaldarazo dado por el mandatario ruso al máximo responsable del teatro.

Aunque Kokonin afirma que no busca el alejamiento de Grigorovich, sí ha reconocida la necesidad de una flexibilidad en el programa de espectáculos para que el Bolshoi sobreviva tras el recorte radical de los subsidios del Estado.

La apurada situación financiera en la que se encuentra el Gran Teatro amenaza con aumentar la fuga de talentos, como el caso de estrellas de la ópera como Yevgeny Nesterenko, Yelena Obraztsova y Zurab Sotkilava, quienes cobran miles de dólares por una sola actuación en Occidente y solo de forma ocasional, por amor y no por dinero, aparecen en casa.

Sin embargo, primeras bailarinas como la georgiana Nina Ananiasvili opinan que el nuevo sistema de contratos mejorará las condiciones laborales en el Bolshoi, donde se podrá trabajar en una atmósfera similar a la de los mejores teatros del mundo y planificar las actuaciones con seis meses de antelación .

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