SE DISPARÓ LA DELINCUENCIA COMÚN

SE DISPARÓ LA DELINCUENCIA COMÚN

Es una de las formas de violencia que más espacio ocupó este año: 112 actos criminales cada 24 horas. Cada día, en promedio, los ladrones se llevaron 13 vehículos en Bogotá, asaltaron seis residencias en Bucaramanga, cometieron ocho atracos en las calles de Medellín, veinte hurtos menores en Cali... Las cifras, del Centro de Investigaciones Criminológicas de la Policía (CIC), son aún más dramáticas: 7.5 de cada diez homicidios y cinco de cada diez secuestros fueron atribuidos a delincuentes comunes, 384 entidades bancarias fueron asaltadas, hubo 9.659 hurtos de vehículos y los piratas terrestres realizaron 355 atracos...

30 de diciembre 1991 , 12:00 a. m.

Una de las razones que explican esa expansión es que el Estado privilegió la lucha contra la guerrilla y el narcoterrrorismo. A eso se sumó una justicia que aplicó, según el penalista Antonio Cancino, la premisa de lo primero, primero . Hurtos, robos y homicidios comunes no se investigan o se investigan en segunda instancia. El delito grande tiene prioridad. La Procuraduría vigila esos procesos, pero no los de los delitos menores , dice.

La avalancha de delitos se produjo a pesar de la integración de nuevos grupos como la Unidad Antiextorsión y Secuestro (Unase), con cuatro comandos que trabajan en Cali, Bogotá, Medellín y el Cauca.

La modernización de los ladrones tuvo varias manifestaciones: robos como el de las cajillas de seguridad de la Caja Agraria en Bogotá revelaron el uso de técnicas de ingeniería, al diseñar y excavar túneles.

En los asaltos bancarios la planeación milimétrica de la acción fue tal que muchos se hicieron en menos de tres minutos, con lo que superaron el tiempo mínimo que la Policía establece para llegar al lugar de los hechos.

El debate sobre las causas sociales que alimentaron esa criminalidad tuvo varios ángulos. Los expertos de la Policía afirman que cerca del ochenta por ciento de los delitos se presentó en las capitales de departamento, ciudades intermedias y municipios grandes. Urbanización de la criminalidad? Eso es lo que sostienen.

Para Eduardo Pizarro la ecuación pobreza-delincuencia no tiene tanto asidero. Esas condiciones se presentan cuando el Estado no es capaz de regular el fenómeno delincuencial. La impunidad recrea un clima de criminalidad, el delincuente ingresa treinta veces a la cárcel. No hay resocialización. Los mecanismos con que el Estado maneja su relación con el delincuente común no lo disuaden de abandonar su actividad , comenta.

Y en el sistema penitenciario se avanzó muy poco. La última semana de septiembre la Procuraduría entregó su informe sobre la situación de las prisiones en Colombia, que resultó desalentador: el 65 por ciento de la población carcelaria no cumple ninguna actividad de carácter permanente. Ni trabajo, ni estudio.

La ocupación en algún oficio o actividad legal durante la detención, dice la sociología penitenciaria, es una de las piedras angulares para la recuperación del recluso.

Además, el diagnóstico de la Procuraduría reiteró un problema que parece de nunca acabar: el hacinamiento de los presos. En la Modelo, Bellavista, Rionegro, Florencia, Ibagué y otras 17 prisiones, el número de detenidos superaba con creces las posibilidades de la infraestructura para alojarlos.

En consecuencia, miles de presos durmieron hacinados en fríos corredores y peleaban a muerte por el espacio. Así no se hace la reinserción social.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.